XVI DOMINGO ORDINARIO
(Sabiduría 12:13.16-19; Romanos 8:26-27; Mateo 13:24-30)
Hace un año una tormenta hizo crecer las aguas del río Guadalupe en el medio de Texas casi quince metros en cuarentaicinco minutos. La inundación se cobró la vida de 119 personas, entre ellas veinticinco niñas asistiendo en un campamento de verano a la orilla del río. Ahora entre demandas y acusaciones de descuido, sin dudas los parientes de las víctimas preguntan: “¿Por qué Dios permite tales desastres?” La primera lectura y el evangelio de la misa hoy intentan dar respuestas a esta interrogante, que a menudo se llama “el problema del mal”.
La primera lectura del Libro de la Sabiduría afirma la justicia de Dios. Dice que es justo porque tiene el poder. Puede recompensar o castigar a los hombres según sus hechos. El pasaje nos asegura que el malo no va a vencer al final. La justicia de Dios va a derrotarlo mientras recompensa al inocente al final de las cosas.
Sin embargo, el Libro de la Sabiduría no explica por qué Dios permite que el malo arruine las vidas de algunos hasta quitar la vida de niños. Iván Karamazov es personaje de una famosa novela rusa que es consumido por el problema del mal. Él dice memorablemente que mientras Dios no responde adecuadamente a por qué permite el mal a los inocentes, le devolverá su entrada al cielo. Es decir, como Dios permite que los niños sufran, no quiere tener nada que ver con Él, ni siquiera tomar un asiento en el cielo que su Bautismo le promete. Para algunos al decir que los inocentes están destinados al cielo y los malvados al infierno no justifica el dolor, a veces horrífico, en la vida actual.
En el evangelio Jesús utiliza una parábola para explicar el problema del mal. Dice que, al igual que no se puede cortar la cizaña de un campo sin dañar el trigo, tampoco se puede eliminar todo el mal sin perjudicar a algunas buenas personas. Pero al tiempo de la cosecha la diferencia entre la cizaña y el trigo se hará clara. Entonces se puede cortar y encender la cizaña primero para que solo el trigo sea recogido en el granjero.
Una vez más, solo al final será la justicia con los inocentes apremiados y los malvados castigado.
La fe tiene otra respuesta al problema del malo. Enfoca en la historia de Jesucristo. Después de hacer muchos actos de servicio, se entregó a sí mismo a las autoridades. Aunque era completamente inocente, sufrió el suplicio de la crucifixión. Murió como el peor de criminales, pero dentro de poco Dios lo resucitó de entre los muertos y lo colocó a su derecha para siempre. Ahora nos ofrece su trayectoria como respuesta definitiva a nuestra inquietud sobre el malo. Nos dice todo estará bien. Tenemos no solo una promesa sino también la historia de Jesús como comprobación.
Deberíamos admitir que no existe respuesta completamente satisfactoria al problema del mal. El malo es un misterio más allá que alcanza la mente humana. Sin embargo, queda la esperanza del gran ajuste al final de los tiempos cuando Jesús vendrá para juzgar a todos. Por su resurrección de entre los muertos Jesús nos dio una vislumbre del resultado para los inocentes.
Entretanto podemos hacer obras de misericordia. Estas obras servirán no solo para aliviar un poco la miseria de los dolientes sino también atestiguan a Jesús. Por tomar tiempo para consolar a los afligidos y ayudar a los débiles imitamos a nuestro Señor Jesucristo. Además, estaremos mostrando nuestra convicción de que él vendrá para corregir todas las injusticias de la historia.