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El domingo, 6 de julio de 2025

DECIMOCUARTO DOMINGO “DURANTE EL AÑO”

(Isaías 66:10-14; Gálatas 6:14-18; Lucas 10:1-19)

Este año hemos atestiguado la peculiaridad de cinco domingos de fiesta durante el mes de junio.  No hubo ningún domingo “en tiempo ordinario” o, como ahora se dice, “durante el año”, cuando habríamos escuchado lecturas de la Carta a los Gálatas.  Esta obra de San Pablo se destaca por su defensa de la justificación por la fe y también por el testimonio de Pablo de los acontecimientos en el camino a Damasco y en el concilio de los apóstoles en Jerusalén.  También, nos ha privado de escuchar la profesión extraordinaria de Pablo: “…ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (2,20).  Solo hoy oímos de esta epístola magnífica.

La lectura viene del final de la carta.  Pablo ha tomado la pluma en su propia mano.  Da un breve resumen de los temas principales de la carta.  Antes de que veamos estos temas, sería provechoso explicar su contexto. 

Galacia era una provincia de Roma.  Incluía las ciudades de Pisidia y Frigia donde predicaron Pablo y Bernabé como relata los Hechos de los Apóstoles.  Se ocasionó la carta por las acusaciones de que Pablo no predicaba la necesidad de ser circuncidado.  En ella Pablo defiende su posición que la circuncisión no solo es innecesaria, sino es contraproducente.  Haría a aquellos que se lo sometieran responsables de cumplir toda la Ley mosaica. 

Podemos nombrar tres temas encontrados en la lectura hoy y básicos en los escritos de Pablo.  Primero, Pablo indica la centralidad de la cruz en su teología.  Dice: “No permita Dios que yo me gloríe en algo que no sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo …”  Sigue contando que por esta cruz “… el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”.  Significa que él es muerto a las atracciones del mundo.  Nada del poder, plata, placer, o prestigio le interesa, ni un poquito.  Además, él no va a servir estas entidades por indicando que sean importantes en el final.

Entonces Pablo da la razón porqué rechaza el mundo.  La fe y el Bautismo lo han hecho “una nueva creatura”.  Juntos con todos los otros bautizados él fue renovado en la gracia del Espíritu Santo. El fruto de la nueva creación es diferente que el producto del mundo.  Para ellos (y para nosotros) el Espíritu Santo ha producido el amor, la alegría, y la paz.  Al ser “nueva creatura” no es simplemente una manera nueva de pensar sino vivir una nueva realidad.  Se puede pensar en una huérfana de la parte más primitiva del Amazónica siendo adoptada por las monjas de un monasterio.  Ya vive la “nueva creatura” para agradar a Dios con la promesa de estar en su presencia para la eternidad.

Finalmente, Pablo pide que “nadie me ponga más obstáculos”.  Está refiriendo a la Ley gobernando cosas externas del cuerpo como la circuncisión y la dieta.  Pablo se declara libre de todas estas obligaciones, aunque su libertad no es la licencia para hacer lo que quiera.  Más bien, la libertad cristiana es una paradoja. Es hacerse esclavo de Cristo.  Por esta razón Pablo añade: “… llevo en mi cuerpo la marca de los sufrimientos que he pasado por Cristo”.  Al ser esclavos de Cristo los cristianos pueden actuar según los deseos más profundos de sus corazones.  Eso es, amar lo bueno, aprender lo verdadero, y ver lo bello.

En resumen, podemos decir que Pablo ha experimentado el Reino de Dios.  Este reino es la misma realidad que Jesús en el evangelio hoy envía a sus discípulos a predicar en todas partes del mundo.


El domingo, 3 de julio de 2022

 DECIMOCUARTO DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO, 3 de julio de 2022

(Isaías 66:10-14; Gálatas 6:14-18; Lucas 10:1-19)

Una libertad muy querida en los EEUU es la libertad de religión.  En este país todos pueden practicar su propia religión sin interferencia.   Los americanos respetan la religión porque eleva a la persona más allá que los límites del individualismo.  Les da a sus adherentes al menos dos valores necesarios para la vida buena.  En primer lugar, los infunde un espíritu comunal de modo que cooperen con los demás.  En segundo lugar, les inculca un código moral para que traten a los demás con la justicia.

Con la pluralidad religiosa es tentador considerar nuestra fe cristiana católica igual con las demás religiones.  Es cierto que como todas religiones tenemos doctrinas y costumbres que nos forman a vivir en paz.  Pero la fe cristiana tiene un propósito más transcendente que judaísmo o budismo.  Existe para transformar a las personas en hijas e hijos de Dios dignas de la vida eterna.

En el evangelio hoy Jesús prepara a la Iglesia para divulgar la fe al mundo.  Comisiona a setenta y dos discípulos para predicar el reino de Dios.  Se puede considerar la comisión como solo preliminares para el gran envío de Pentecostés.  Sin embargo, se ven varias características esenciales de la misión en las instrucciones del Señor a sus discípulos.  Vale la pena reflexionar sobre los contenidos de su mensaje para ver cómo se aplican hoy en día.  Como los papas desde San Pablo VI nos han dicho, todos cristianos católicos somos “discípulos misioneros”.  Somos llamados a formarnos en la fe.  Entonces somos comisionados de llamar a los demás.  No tenemos que salir de nuestras comunidades.  Aún nuestros parientes y amistades no conocen el reino.

Primero, Jesús quiere que sus misioneros recen por el éxito de sus esfuerzos.  No solo es su número no suficiente para llevar a cabo la tarea sino también sus capacidades a menudo faltan el rigor.  Sin el Espíritu Santo dirigiendo la misión, sería tan vana como tumbar un bosque con solo un hacha.  Rezamos para ser justos en todo lo que hagamos para que todo el mundo vea nuestras vidas siempre reflexionando a Cristo.

La tarea nos reta cuando nuestra fe conflige con los valores contemporáneos.  Los jóvenes pueden rodear sus ojos cuando aseveramos que las relaciones íntimas son reservadas para el matrimonio.  Pero es no solo enseñanza de la larga tradición judea-cristiana sino precepto de la ley natural.  Muchas personas están protestando ahora el nuevo juicio que permite leyes prohibiendo aborto. Sin embargo, debemos proclamar el derecho fundamental de la vida.  Jesús dice a los setenta y dos que los envía como corderos entre lobos.  Aunque aquellos que nos oponen es estas cuestiones no son malos, sus ideas pueden desgarrar la fábrica de la sociedad.

Jesús no quiere que sus discípulos lleven “ni dinero, ni morral, ni sandalias” en la misión.  En otras palabras, no quiere que dependan en sus propios recursos, sino que confíen en Dios por su bienestar.  En un ambiente de plenitud, tenemos que mostrar que son las relaciones humanas, especialmente nuestra amistad con Dios, que lo más importan.  Vivimos para compartir con los demás en el amor, no para acumular y gastar riquezas.  Como ejemplar del misionero verdadero, San Pablo dice que ha sido crucificado al mundo.  Como Jesús él sacrificó toda comodidad para presentar a Cristo a los paganos. 

“Todas religiones son iguales.  Dan culto al mismo Dios”.  A veces escuchamos este refrán en defensa de una persona que no más practica la fe católica.  ¿Cómo deberíamos responder?  Siempre queremos dar gracias a Dios que la persona busca al Señor con los demás por la religión.  Podemos afirmar a la persona si vive el evangelio en su búsqueda.  Sin embargo, es solo lógico lamentar que él o ella se priva de la Eucaristía.  Con ella Jesús nos nutre para que llevemos a cabo su misión.  Nos provee los recursos para no acobardarnos ante los lobos.