El domingo, 6 de agosto de 2017

LA FIESTA DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

(Daniel 7:9-10.13-14; II Pedro 1:16-19; Mateo 17:1-9)

En uno de los más famosos discursos en la historia norteamericana el reverendo doctor Martin Luther King contó de subir una montaña.  Hablaba figurativamente pero su mensaje fue tan claro como si tuviera fotos del panorama.  Fue de la esperanza entre el sufrimiento -- la luz después de una noche larga de miseria.  Dijo que desde la cumbre vio un futuro glorioso para el negro en los Estados Unidos.  Vaticinó que los negros no iban a mantenerse como ciudadanos de la segunda clase por más tiempo.  Porque habían decidido a unirse en la lucha, dijo que iban a ser reconocidos como personas de igual valor como cualquier otro.  En el evangelio tres discípulos trepan una montaña con Jesús para recibir una revelación aún más esperanzadora que la del reverendo King.

Jesús acaba de decir a sus discípulos como él tendría que sufrir la muerte para cumplir su misión como el mesías.  Pero el mensaje confundió al grupo; pues tenían en cuenta la historia gloriosa del rey David cuando mencionó “mesías”.  En su parecer como David había derrotado a los pueblos alrededor Israel hace mil años, los discípulos imaginaban que Jesús expulsaría a los romanos de la patria.  Pero ¿cómo puede conquistar a los extranjeros si iba a ser entregado y ejecutado? 

Ya con su rostro transfigurado los discípulos se dan cuenta que Jesús no es como cualquier otro hombre sino es del cielo.  La aparición de Moisés y Elías hablando con él les trae la confianza que Jesús cumplirá las promesas de la Ley y los Profetas como todo el mundo esperaba del mesías.  Aún más impresionante la voz de Dios Padre confirma todo lo que Jesús ha dicho.  Es decir, experimentará tanto la gloria de la resurrección como la humillación de la muerte.

Nosotros también tenemos que reconocer a Jesús como el “Hijo muy amado” y que “escucharlo” bien.  Mientras otros buscan su salvación en dinero o placeres, nosotros la vemos en seguir a Jesús.  Él nos conducirá por lugares donde no estamos siempre cómodos como los hospitales y las prisiones para cuidar a gentes a menudo olvidadas.  Él nos moverá a tener la paciencia con personas con dificultades y extender la mano a aquellos con debilidades.  ¿Suena difícil?  Realmente no es porque tendremos a Jesús como compañero.  Fijándonos en él,  vislumbraremos un poco del cielo.  Fijándonos en él,  vislumbraremos un poco del cielo.


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