Homilía para el 30 de marzo de 2008

Homilía para el Segundo Domingo de Pascua

(Hechos 2:42-47)

Expertos en la Biblia dicen que los Hechos de los Apóstoles da una descripción idealizada de la Antigua Iglesia. Señalan que la comunidad no se quedó unida teniendo “todo en común” mucho tiempo si jamás fuera completamente así. Sabemos de un conflicto de la Carta a los Gálatas que no menciona los Hechos aunque trata del mismo tema. San Pablo escribe que él se opuso a Pedro “delante de todos” cuando Pedro se detuvo de comer con los no judíos en Antioquia. No obstante, a pesar de estas lagunas atesoramos los Hechos de los Apóstoles como más de la historia. Nos bosqueja las metas y esperanzas de la comunidad cristiana hasta el día hoy. De hecho, la lectura hoy enumera cuatro características de la primera comunidad cristiana. Que notémonos cada una de estas cualidades y la comparemos con nuestra parroquia hoy. ¿Cómo comparemos nosotros al ideal cristiana?

Los primeros cristianos “eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles.” Los apóstoles relataron la doctrina de Jesús. Sin embargo, aplicaron esa doctrina a las condiciones nuevas mientras la Iglesia expandía más allá de los confines de Judea. Ahora los sucesores de los apóstoles – eso es, los obispos – siguen interpretando el evangelio para la sociedad actual. Parroquias que se dedican a las enseñazas de los obispos proveerán catequistas bien formadas y facilidades adecuadas para la doctrina básica. Destacarán pláticas especiales tanto como cursos para la educación religiosa de adultos. Y facilitarán suscripciones al periódico diocesano para cada una de sus familias. Sí, cuesta hacer todo esto, pero una parroquia no educada pone en peligro la fe apostólica.

Los hechos también pide la devoción a “la comunión fraterna.” “Tener todo en común” ejemplifica al extremo esta cualidad de la Antigua Iglesia. Sin embargo, este ideal fue entonces, como es ahora, imposible para vivir por un tiempo extendido. Todavía podemos hacer mucho juntos más allá de congregar para la misa dominical. Las comunidades eclesiales de base ofrecen un apoyo palpable a la fe personal. Las asociaciones como la Sociedad e San Vicente de Paulo y las Guadalupanas reúnen a los parroquianos para aliviar el sufrimiento de otros. El acceso cómodo a todas las facilidades parroquiales para personas incapacitadas y la representación significante de ambos hombres y mujeres en los ministerios también distinguen parroquias dedicadas a “la comunión fraterna.”

Tan importante que sea la justicia social a la misión de la Iglesia, se queda segundo al culto. Primeramente, la Iglesia existe para dar gloria a Dios en el nombre de Jesús. Los Hechos recalca esta prioridad por mencionar “la fracción del pan,” eso es, la Eucaristía. Las parroquias efectivas no esquivan en cuanto la liturgia. Promueven que todos – no sólo el coro -- canten en la misa. Cuando está considerada apropiada la Santa Comunión bajo las dos formas, proveen bastante pan eucarístico y vino consagrada para todos que recibirán la Comunión. Además, estas parroquias tienen un comité litúrgico para planear el ambiente de los diferentes tiempos litúrgicos.

Finalmente, la comunidad cristiana se dedica a las oraciones. Los niños deberían recitar oraciones como “la Oración del Penitente” de memoria. Aunque no es necesario para aprovecharse del Sacramento, les proveerá una meditación profunda del arrepentimiento cuando se maduren. Rezamos por nosotros, por uno y otro, y por un mundo mejor. Tal vez no exista mejor contexto para nuestras peticiones que la adoración ante el Santísimo. Comenzando y terminando las reuniones parroquiales con una oración ejemplifica la verdad articulada una vez por San Agustín: que todo hecho bueno comienza bajo la inspiración de Dios, sigue con Su ayuda salvadora, y a través de Él alcanza su término.

En el evangelio hoy Jesús dice a Tomás: “Dichosos los que creen sin haber(me) visto.” Cuando una comunidad parroquial muestra la adherencia a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión fraterna, a la atención a la eucaristía, y a las oraciones, la gente no tiene que ver a Jesús resucitado para creer. De hecho, tienen cuatro signos palpables que Jesús está vivo en Su iglesia.

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