El domingo, 14 de noviembre de 2021

EL TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO

(Daniel 12:1-3; Hebreos 18:11-14.18; Marcos 13:24-32)

No es inaudito que personas piden rezos por sus animales mascotas.  Se sienten tan preocupadas que su perro no come o que su gato no camina que busquen la ayuda sobrenatural.  Sin embargo, su petición crea dilema para el cura.  Un animal no tiene alma eterna como los humanos.  Parece que está destinado a la anihilación con la muerte.  Pero siempre se puede bendecir un animal como ayuda de la persona humana.  Además, se puede rezar que la persona se alivie de su angustia por la mascota enferma.

De los habitantes de la tierra solo los seres humanos tienen almas imperecederas.  El libro de Génesis enseña que los primeros humanos tenían acceso al árbol de la vida.  Sin embargo, por su intento de agarrar el estado de Dios, fueron condenados a la muerte.  Solo por el sacrificio de Jesús en la cruz, destacado en la segunda lectura hoy, recibieron el perdón de su pecado.  La entrega de Jesús logró también la gracia para que pudieran convertirse perfectos.

El evangelio informa del regreso de Jesús al final de los tiempos.  Vendrá para recoger a sus fieles en el reino de su Padre.  Dice que los dichosos incluirán todos tipos de gentes: los asiáticos del este, los africanos del sur, los indígenas del oeste, y los rusos del norte.  Tienen una característica en común todas estas personas: la justicia.  Según la primera lectura del profeta Daniel los maestros de la justicia se destacarán como estrellas en el cielo nocturno.

Queremos saber cuándo tenga lugar el regreso de Jesús.  Pero Jesús dice que solo el Padre sabe esto.  Por eso, tenemos que estar preparados siempre para ello. La preparación implica más que el mantenimiento.  Tenemos que hacer más que aparecer en la misa el domingo y no robar del prójimo.  La preparación consiste en siempre arrepentirnos de nuestras faltas para que continuamente nos crezcamos en la perfección.  Tenemos que ser como los grandes artistas siempre mejorando sus habilidades con la práctica continua.

La tentación de tratar a los animales como personas humanas no es nuevo.  Han sido encontradas momias de gatos, perros, cocodrilos, y otros animales en las pirámides del antiguo Egipto. Sabemos que el tratamiento de los animales como si fueran humanos sería ultraje.  Sin embargo, no sería bueno tampoco maltratar a los animales, sean mascotas de la casa, ganado de la granja, o aún fieros de la selva.  Como creaturas de Dios, les debemos el cuidado, aunque no es malo usarlos para la comida, para experimentos científicos, o, con la discreción, para el deporte.  Al final estaremos juzgados, en al menos pequeña parte, por nuestra justicia hacia ellos.

Los días cortos que la gente está experimentando ahora en el norte debería recordarnos del tiempo final.  La noche y el frío nos deberían advertirnos que la muerte es una realidad para todos.  También es real la victoria de Jesucristo sobre el pecado y la muerte.  Por esta razón se le describe en el evangelio como el sol naciente.  Porque se regresará para ser nuestro juez, queremos procurar ser perfectos como él.

PARA REFLEXIÓN: ¿Qué es la primera cosa que debo hacer para ser perfecto como Cristo?

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