El domingo, 12 de noviembre de 2023

TRIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO ORDINARIO

(Sabiduría 6:12-16; I Tesalonicenses 4:13-18; Mateo 25:1-13)

El año litúrgico no corresponde perfectamente con el año calendario.  Ahora nos acercamos el fin del año litúrgico 2023.  En solo tres domingos en el primer domingo de Adviento comenzaremos el nuevo año eclesiástico.  Hay diferentes indicaciones que estamos cerca al fin.  La segunda lectura trata de la muerte mientras en la parábola del evangelio Jesús habla del fin de los tiempos. 

La parábola se toma de la segunda parte del último discurso de Jesús en el Evangelio de Mateo.  Jesús ha llegado a Jerusalén donde va a ser traicionado y crucificado.  Por ahora se retira al Monte de Olivos cercano donde se encuentra sentado, preparado para enseñar.  Sus discípulos se le acercan preguntando sobre el fin de los tiempos.  Jesús responde primero con una descripción de la desolación que experimentará el mundo.  Pero les avisa que no se sabe el día del fin.  Por esta razón, dice, los discípulos tienen que velar.  Entonces en la segunda parte del discurso explica con tres parábolas que quiere decir “velar”.

Velar es mucho más que mantener los ojos abiertos.  De hecho, todas las diez jóvenes de la parábola duermen.  Velar es más bien prepararse con obras buenas.  Es ayudar al otro para que cuando llegue el Señor, puedes mostrarle logros meritorios.  Las jóvenes previsoras han traído mucho aceite que representa caridad abundante.  En el Sermón del Monte, el primer discurso de Jesús en el Evangelio de Mateo, llamó a los mismos discípulos “la luz del mundo”.  Dijo que tenían que brillar “su luz delante los hombres para que vean sus buenas obras y glorifiquen a Dios Padre…” Las jóvenes previsoras se prueban como cumplidoras de este mandato por la provisión sustanciosa de aceite que llevan.

Por supuesto se incluyen en obras buenas los sacrificios pequeños que hacemos para complacer a nuestros seres queridos.  En una película una muchacha se estira para abrir la cerradura de puerta para su novio después que él la acomodó en su coche.  Es un gesto bonito. Sin embargo, más característico de obras buenas es el servicio a los necesitados.  Jesús mismo nos instruye cómo se ve este servicio en su declaración famosa al fin del discurso.  Dice que los elegidos por Dios dan de comer a los hambrientos y visitan a los enfermos. 

Hoy en día pocos dicen que es necesario acudir la iglesia.  En contraste, casi todos están de acuerdo de que es importante ayudar al prójimo.  No obstante, no son muchos que lo hacen, al menos en forma sistemática.  En tiempos pasados las organizaciones como la Legión de María y la Sociedad de San Vicente de Paul servían a muchos pobres y enfermos.  Los miembros de tales organizaciones desarrollaron una espiritualidad del servicio de modo que fueran más cumplidos en sus obras y más entregados al Señor.  En la parábola son cinco las jóvenes que han hecho buenas obras, un número que implica tal cooperación con efecto ancho.

Ahora la gente no participa en organizaciones de este tipo.  Más bien se agrupan según sus intereses personales por medio de sus teléfonos.  Con el Internet intercambian ideas más que experiencias personales.  El efecto es la soledad en ambos lados.  Relativamente pocos reciben la caridad cristiana mientras los cristianos quedan solos en la casa picando sus teléfonos.  Cristo espera más de sus discípulos.

El Señor está por venir pronto, espiritual si no físicamente.  Si queremos reconocerlo, tendremos que dejar los teléfonos un rato para estudiar las caras de los necesitados.  Se parecerá semejante a los hambrientos y los enfermos.

No hay comentarios.: