XXIII DOMINGO
ORDINARIO
(Ezequiel 33:7-9; Romanos
13:8-10; Mateo 18:15-20)
El evangelio de hoy proviene del
cuarto de los cinco grandes discursos que comprenden el cuerpo del Evangelio de
San Mateo. En cierto modo, este discurso es lo más difícil de apreciar; pues
contiene una visión de la Iglesia diferente de la realidad contemporánea. Vemos
la Iglesia hoy en día como una institución bien estructurada con más de unos
mil millones de miembros. Sin embargo, en el evangelio de Mate, la Iglesia se
considera como una comunidad pequeña de iguales.
La lectura muestra a Jesús preocupado
por la dignidad de todos los miembros de la Iglesia. Cuenta el caso de un
miembro que ha pecado. Describe cómo el testigo
del delito debe ir donde el pecador “a solas”. Cuando lo encuentre, debe amonestarle
por haber hecho el mal. Va “a solas” para preservar la dignidad del sospechoso.
Es posible que el testigo haya juzgado el hecho erróneamente. También, ir “a
solas” evitará la situación de que los seres queridos del sospechoso piensen
mal de él sin conocer todos los hechos del caso.
Una vez, un detective se
dirigió a la casa de un sospechoso para realizar un arresto. En lugar de
entrar, le pidió al sospechoso que saliera. Más tarde explicó el motivo de no
entrar en la casa del sospechoso: quería respetar la dignidad del hombre. No quería
que los hijos del hombre pensaran que era malo o que había cometido un delito
antes de ser juzgado y condenado.
La dignidad humana ha sido el
cimiento de la Doctrina Social de la Iglesia. Se la define como “el valor
intrínseco de cada persona que proviene de haber sido creada a imagen de Dios”.
Según la nueva encíclica del Papa León,
han surgido malentendidos acerca de la dignidad humana. Algunos piensan que la
persona tiene dignidad solo cuando puede pensar bien, vivir de forma
independiente y no sufre mucho. Otras opinan que la dignidad es algo que la
persona gane por sus propios esfuerzos. Estas
nociones de dignidad tienen una cierta verdad, pero no abarcan lo
imprescindible del concepto. La anciana en el centro de vida asistida no ha
perdido la dignidad, tampoco el no nacido en el seno de su madre y el criminal
en la cárcel.
Este fin de semana debemos
reflexionar sobre la dignidad de los trabajadores, ya que mañana se celebra el
Día del Trabajo en Estados Unidos y Canadá. El Día del Trabajo no debería ser
simplemente el último día festivo del verano, sino una oportunidad para pensar
en qué es el trabajo y cómo realzar la dignidad del trabajador.
La Iglesia enseña que el
trabajo, en su origen, no es un castigo, sino un don. A través del trabajo, la
persona participa con Dios en la creación. El trabajo también brinda a los
trabajadores la oportunidad de desarrollar sus talentos para convertirse en mejores
personas. Asimismo, proporciona sustento a sus familias y oportunidades para
servir a la comunidad. Finalmente, el trabajo permite a los trabajadores
contribuir a un mundo más justo. Esto se aplica a todo trabajo justo. Tanto los
limpiadores domésticos como los cirujanos cardíacos mejoran sus vidas y
contribuyen al bien común cuando desempeñan bien su trabajo.
La encíclica del papa señala
los desafíos que la Inteligencia Artificial plantea a la dignidad de los
trabajadores. Entre otras cosas, eliminará muchos empleos. Pondrá en mayor
peligro a los mineros que extraen los minerales que alimentan la maquinaria de
IA. Y podría volver obsoleto el pensamiento humano en favor de los cálculos de
las máquinas.
¿Cómo nos guía el Papa para
afrontar estos desafíos? Nos recuerda que todos tenemos la responsabilidad de
superarlos por contribuir a la construcción de una civilización del amor. Menciona
la necesidad de fomentar el diálogo entre las naciones para que los beneficios del
IA sean recíprocos y el daño no afecte desproporcionadamente a las naciones
pobres. Finalmente, nos exhorta a recurrir a Jesucristo mediante la oración y
la imitación. Es que Jesús se hizo obrero y hombre, se identificó con los
marginados y ayudó a todos. Sin duda, su sabiduría nos guiará más allá de la
calamidad con IA y hacia un mundo donde reine el amor.
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