El domingo, 23 de agosto de 2026

 XXI ORDINARIO

(Isaías 22:19-23; Romanos 11:33-36; Mateo 16:13-20)

El Evangelio de hoy debería ser familiar para la mayoría de los católicos. Lo vemos repetidamente como prueba de que el Señor eligió al papa como líder de la Iglesia. El establecimiento del papado es más complejo de lo que un solo pasaje del Evangelio puede expresar, pero Mateo 16:18 apunta en la dirección correcta.

En el Evangelio, Jesús le da a Simón más que un nuevo nombre. Le otorga un título trascendental. “Pedro” proviene de la palabra griega petros, que significa “roca”. Simón Pedro es la roca sobre la cual se puede edificar una iglesia sólida. Jesús dice al final del Sermón del Monte que el hombre sabio edifica su casa sobre roca (Mateo 7:24). Aquí demuestra su sabiduría.

Jesús ve a Simón como el fundamento de su iglesia por varias razones. Sobre todo, cita la intimidad de Simón con Dios, evidenciada por haber recibido la revelación de que Jesús es “el Mesías, el Hijo del Dios viviente”. Además, Simón ha demostrado varias cualidades necesarias para un líder. Habla con elocuencia; de hecho, sirve como portavoz de los discípulos. En el Evangelio de hoy, cuando Jesús pregunta: “¿Y ustedes? ¿Quién dicen que soy yo?”, es Simón quien responde. Además, Simón actuó con confianza al entrar en el agua, imitando al Señor (Mateo 14:28).

En los demás Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles, Simón demuestra otras cualidades de liderazgo. En Lucas, se muestra sensible al sufrimiento inminente de Jesús al decirle que está dispuesto a morir por él. (Sí, la afirmación es una muestra de orgullo; sin embargo, su intención es apoyar a Jesús. De hecho, Pedro finalmente dará su vida por Jesucristo). En el Evangelio de Juan, Pedro muestra un profundo amor por Jesús cuando el Señor resucitado se aparece a sus discípulos en la playa. Quizás más relevante aún, en los Hechos, Simón Pedro exhibe autoridad de diversas maneras. Predica con dinamismo, realiza innumerables curaciones y toma decisiones en nombre de la comunidad.

¿Cuáles son las responsabilidades del papa que requieren una estabilidad inquebrantable? Se podrían enumerar muchas, pero limitémonos a tres. En primer lugar, el papa debe promover la unidad. Desde sus inicios, la Iglesia ha sufrido la deserción de grupos. La Primera Carta de Juan describe una tal pérdida. Este año, el Papa León ha dialogado con los obispos de Alemania y con la Sociedad de San Pío X para evitar que se aparten de la autoridad eclesiástica. Además, los papas más recientes han mantenido un diálogo constante con ortodoxos y protestantes con la esperanza de la reconciliación.

El papa también debe velar por que la doctrina de la Iglesia no caiga en el error. En la Primera Carta a los Corintios, San Pablo tuvo que corregir a quienes en la comunidad negaban la resurrección de entre los muertos. Hoy en día, existen problemas similares que preocupan al Papa León. Se refieren particularmente a cuestiones morales, pero también a cuestiones dogmáticas. Por ejemplo, muchos creen erróneamente que la fecundación in vitro está justificada. Una cuestión dogmática que ha suscitado preocupación entre los papas recientes es cómo algunos teólogos afirman que los musulmanes, budistas e hindúes se salvan sin creer en Cristo.

La responsabilidad más importante del Papa, porque fue la prioridad de Jesús, es mantener a la Iglesia como una comunidad de caridad. No basta con que los católicos asistan a misa si se burlan de participar en campañas de recolección de alimentos. No les basta con pagar el diezmo a la parroquia si muestran desdén por las personas de otras razas.  Demostrando amor fraterno por los necesitados, el Papa León envió recientemente más de cien mil euros a Venezuela para ayudar a las víctimas del terremoto.

En cada elección de un nuevo papa, nos recordamos que el elegido no será el sucesor del papa fallecido, sino de Pedro. El papa moderno debe demostrar las cualidades del primero al reconocer a Jesús como “el Mesías, el Hijo viviente de Dios”. También debe estar dispuesto a sacrificarse por el rebaño de Jesús.

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