Mostrando las entradas con la etiqueta Mateo 28:1-10. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mateo 28:1-10. Mostrar todas las entradas

El domingo, 9 de abril de 2023

 Domingo de Pascua: la Resurrección del Señor (Misa del Día)

(Hechos 10:34ª.37-43; Colonenses 3:1-4; Mateo 28:1-10)

Hoy celebramos la culminación de nuestra fe, la resurrección de nuestro Señor Jesús.  Para entender mejor lo que significa tenemos que investigar primero el evangelio.  Vamos a enfocar en el relato de la resurrección en el Evangelio de San Mateo que fue proclamada anoche en la Vigilia.  La Iglesia permite que se vuelva a usar en la mañana.

La cuenta del primer evento de la resurrección en Mateo no difiere mucho de la de los otros evangelios.  El ángel de Dios proclama a las mujeres que Jesús ha resucitado y les manda a decir a sus discípulos la buena nueva.  Se ofrece la tumba vacía como prueba de la resurrección.

Se distingue el relato de Mateo por dos otros acontecimientos.  Primero, Mateo reporta un temblor tomando lugar mientras María Magdalena y la otra María llegan al sepulcro.  Segundo, Jesús aparece a las dos Marías básicamente repitiendo el mandato del ángel pero llamando a sus discípulos “mis hermanos”.

Deberíamos oír el orden del ángel a las mujeres como aplicando a todos nosotros.  Las mujeres no son apóstoles formados por Jesús para predicar el evangelio sino personas sencillas con un gran afecto para el Señor.  Nosotros también amamos a Jesús y son comisionados a contar a los demás de su resurrección.  Además de palabras podemos decirles a nuestros asociados que Jesús ha sido levantado de entre los muertos con acciones.  Llevando una flor o nueva ropa el domingo de la resurrección siempre ha simbolizado que nosotros tenemos un nuevo tipo de vida juntos con Jesús.  Simplemente invitar a toda la familia a almorzar juntos también puede servir como anuncio de la resurrección.

Recordamos que la tierra tembló también inmediatamente después de la muerte de Jesús en el evangelio de Mateo.  Ahora tiembla de nuevo como un redoble de tambores para anunciar su resurrección.  El temblor no produce la resurrección de Jesús sino la quita de la piedra revelando la tumba vacía.  Ambos temblores significan dos momentos de la verdad profunda en nuestras vidas. 

El primer momento sucede cuando nos demos cuenta de que vamos a morir.  No estamos hablando ahora del hecho prosaico de todos humanos morirán sino una experiencia cercana a la muerte.  Puede ser una diagnosis de cáncer o un accidente que reclamó la vida de nuestro acompañante.  De este momento en adelante vamos a vivir de manera diferente.  Probablemente vamos a tener mejor cuidado de nuestra salud.  Algunos se aprovechan de este momento para dedicarse a un interés por lo cual quieren ser recordados.  Puede ser la familia, una afición, o una causa social como la santidad de la vida.

El segundo momento significado pasa como en el evangelio cuando apreciamos dentro de nuestro ser que somos destinados a la vida eterna.  Desde el principio la Iglesia ha declarado la resurrección de entre los muertos como el destino de los cristianos aunque no siempe se realiza.  Pero como en el caso de la muerte por mucho tiempo parece más como una idea que una realidad.  Entonces llega un encuentro profundo con Jesús como tienen los dos Marías en nuestro evangelio.  Percibimos a Jesús tan cerca de nosotros como un hermano.  De hecho, por razón de la resurrección somos sus hermanos y hermanas como Jesús mismo declara de sus discípulos. 

Nuestra palabra pascua es derivada de la palabra hebrea pesaj.  Significa pasar de un salto. Para los judíos refiere al salto del ángel de la muerte sobre las casas de los israelitas en Egipto.  El pasar del ángel permitió su liberación de la esclavitud.  Para nosotros la pascua es algo similar pero a la vez distinta.  Refiere al pasar de Jesucristo de la muerte a la vida de la resurrección.  También, tiene que ver con nuestro pasar de la certeza de nuestra muerte a la seguridad de la vida eterna.  Esta vida es nuestra porque Jesús nos ha escogido como sus discípulos quienes ha transformado en sus hermanos y hermanas.  Es la causa de nuestra celebración hoy.  Jesús nos ha regalado la vida eterna como sus hermanas y hermanos.


El domingo, 16 de abril de 2017

LA PASCUA DEL SEÑOR

(Romanos 6:3-11; Mateo 28:1-10)

Pom, pom, pom, pom. Todos nosotros hemos oído el redoble de tambor.  Se usa a menudo en la anticipación de un momento de crisis.  En los concursos antes de anunciar el ganador se hace el redoble de tambor con gran efecto.  En el Evangelio según San Mateo el temblor sirve como redoble de tambor.  Fija la atención primero a la muerte de Jesús en la cruz, entonces a su resurrección.  Cuando las dos mujeres llegan al sepulcro, el temblor indica que algo tremendo está sucediendo.

El sepulcro que fue tapado con la piedra ya queda abierto.  No se ve nada adentro.  Es prueba de lo que el ángel va a proclamar.  Jesús, un solo hombre,  “’ha resucitado’”.  La proclamación es completamente única.  Es cierto que algunos como Elías estuvieron tomados al cielo por su fidelidad.  Pero ellos no murieron.  También es la verdad que Jesús mismo resucitó a varias personas de la muerte.   Pero ellos hubieron de morir de nuevo.  En el caso de la resurrección de Jesús, él estaba muerto pero ya vive para siempre.  Tenemos que preguntar: ¿de qué consiste la resurrección de la muerte?

El cuerpo de Jesús fue mutilado en la experiencia horrífica de la crucifixión.  Se puede imaginar el disgusto que crea la vista de un cuerpo azotado, clavado en una cruz, y dejado de sufrir por horas.  En una pintura famosa de la crucifixión el cuerpo de Jesús tiene un matiz verde por el drenaje de su sangre.  Pero después de su resurrección no hay ninguna mención de la mutilación más que las heridas en sus manos, pies, y costado.  De hecho parece que tiene un cuerpo tan robusto que sus discípulos tengan dificultad reconocerlo.  Se puede decir que su cuerpo ha sido transformado de cosa física a cosa eterna.  No sólo no va a morir de nuevo sino también no va a sufrir más.

Jesús cumplió la voluntad de Dios Padre tan nítidamente que ya experimente la gloria.  Esto es beneficio grandísimo para Jesús, por supuesto.  Pero también es buena noticia para nosotros.  Jesús ha prometido que aquellos que lleven su cruz detrás de él experimentarán su gloria.  Por eso, podemos estar seguros que nuestro destino es tener cuerpos transformados también.  En la gloria no van a sufrir ni el desgaste con edad ni la corrupción de enfermedad.  Más bien tendrán para siempre la fuerza de atletas y la belleza de modelos.  No importa que increíble suene este destino.  El poder de Dios es más grande que la imaginación del hombre.

La aparición de Jesús a las mujeres en el evangelio hoy no menciona cómo se mira su cuerpo, pero da alguna idea de sus modos.  Amenamente saluda a las dos que están espantadas por el temblor y la presencia del ángel.  Les dice Jesús: “’No tengan miedo’” para calmar sus corazones palpitantes.  Entonces les deja un mandato.  Ellas han de decir a sus “hermanos” que vayan a Galilea para verlo.  (Fijémonos por un momento en el significado de esta frase.  Indica que no sólo han sido perdonados por haber abandonado a Jesús en el huerto, sino también que han sido elevados a ser sus “hermanos” e hijos de Dios Padre.) 

La misión de las mujeres se dará a los discípulos-hermanos en Galilea.  Allá Jesús les dirá que vayan y enseñen a todos.  Nosotros hemos recibido tanto la misión como la enseñanza.  Pues nos contamos a nosotros como los hermanos y hermanas de Jesús.  Ya tenemos que anunciar por vidas llenas de servicio y resplendentes con gozo que Jesús ha resucitado.  No importa quién sea o qué haya hecho la persona que encontremos.  Jesús murió por todos.


Uno de los símbolos para la resurrección de Jesús que se ha visto en los años recientes es la mariposa.  Como la oruga se transforma en una mariposa por medio del capullo, el cuerpo de Jesús muerto en un sepulcro de transforma en un ser eternamente vivo.  Pero la mariposa morirá mientras Jesús vive para siempre.  Realmente no hay nada como la resurrección de Jesús.  Es un evento único aunque se repetirá para todos sus hermanos al final de los tiempos.  La resurrección se repetirá para sus hermanos al final de los tiempos.

El domingo, 24 de abril de 2011

LA PASCUA DEL SEÑOR

(Mateo 28:1-10)

Los estudiantes querían mucho a su profesor de teología. Pues, era puro oro ambos como persona y como instructor. Cuando murió, los jóvenes deseaban darle una despedida especial. Se organizaron en grupos para hacer una vigilia por una noche entera. No sólo quedaron con el cuerpo en la capilla sino también repitieron los 150 salmos a través de la noche. Así mostraron su afecto en tal manera que el profesor habría apreciado. En el evangelio encontramos a las mujeres que acompañaban a Jesús haciendo algo semejante.

Dice la narrativa que María Magdalena y la otra María salen al “transcurr(ir) el sábado, al amanecer del primer día de la semana”. Ordinariamente pensamos en esta hora como la madrugada pero tenemos que recordar que estamos en el ambiente judío del primer siglo. Entonces el día termina con el puesto del sol. A lo mejor, el “amanecer” del texto se refiere al planeta Venus, considerado como la estrella más luciente del cielo. Las mujeres no llevan olios para ungir el cuerpo de Jesús. Pues, se colocó una gigante piedra sobre la entrada. Los judíos aun consiguieron un destacamento de soldados para guardar el sepulcro. No, las mujeres van al lugar sólo para dar testimonio de su amor para el Señor.

Las mujeres son como mucha gente hoy en día que quieren visitar a sus familias en México. Pero, como si pusieran una piedra, los carteles de drogas han aterrorizado la frontera. En un caso entre miles una familia de Texas ha perdido a su papá que fue a México para cuidar sus tierras allá. Donde una vez había un rico intercambio de gente y de mercancía, ahora se caracteriza la frontera por secuestros, violencia, y muerte.

En el evangelio Dios no permite que la muerte reine sobre la vida. Sacude la tierra con un temblor que causa un reverso completo. Jesús, el muerto, vuelve a la vida mientras los guardias se congelan en su temor como si fueran muertos. La escena regala una vislumbre del fin de la historia. Al término del tiempo lo bueno habrá vencido la maldad. Aunque a veces tarda la justicia, no tenemos que dudar la victoria de Dios sobre sus enemigos. Aun en la frontera entre México y los Estados Unidos podemos contar con la derrota de los carteles.

Sin embargo, no debemos sentarnos como si fuéramos espectadores de la lucha. Tenemos que hacer nuestro papel por las fuerzas de la verdad. En ninguna forma deberíamos compartir en el mal. Mentir, robar, tomar drogas, y diez mil otros vicios simplemente no nos valen a nosotros. Además hemos de esforzarnos contra la maldad. Apoyar al débil, consolar al acongojado, y educar al ignorante constituyen nuestro modo de vivir tanto como comer tacos y celebrar cumpleaños. Con tales actos cumplimos el mandato del ángel a las mujeres para anunciar la resurrección del Señor.

Al llevar a cabo su misión las dos Marías encuentran a Jesús. Les asegura que su experiencia con el ángel no fue fantasía sino fenómeno tan real como tomar el café en la mañana. Como a las mujeres, Jesús se nos acerca a nosotros cuando cumplimos su palabra. Los ministros de la Iglesia dicen que es Dios, no ellos mismos, que derrite los corazones de parejas que les vienen con problemas. Asimismo la madre Teresa decía que cuando ayudamos a los pobres, estamos tratando a Jesús “en disfrace”.

Veinte cinco años después del tratado de paz, se encontró un soldado japonés en la jungla de una isla del Pacífico. Porque nadie le había informado que se había acabado la guerra, el soldado andaba preparándose para la batalla. Es así con la lucha contra el mal. Con la resurrección de la muerte Jesús lo ha vencido. Aunque sigue causando daño, no puede ganar. Jesús lo ha vencido.