EL XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
(Daniel 12:1-3; Hebreos 10:11-14.18; Marcos 13:24-32)
Hace poco un periodista hizo esta observación. Hoy día algunos jóvenes andan buscando encuentros sexuales por mensajes de texto. Con su teléfono celular en mano ellos se comunican con varias personas al mismo tiempo buscando la mejor oferta para una noche. El periodista admite que no todos jóvenes se aprovechan de los mensajes de texto así. No obstante, según él, los tiempos contemporáneos facilitan el comportamiento no responsable. Una vez, dice, había costumbres sociales dirigiendo a los jóvenes en las relaciones con el sexo opuesto. Enumera el conocimiento dentro de contextos institucionales – la escuela, el lugar de trabajo, la iglesia – y el noviazgo con sus reglas de comportamiento como necesarios para guiar a los muchachos de la gratificación inmediata de deseos al compromiso del largo plazo. Seguramente la falta de refrenamiento en relaciones ha causado el naufragio de familias y la ruina de niños.
El análisis del periodista resalta la admonición de Jesús en el evangelio hoy que seamos atentos a las señales del tiempo. Como estaremos informados de la venida del Hijo del Hombre con cataclismos en los cielos, deberíamos examinar los acontecimientos cotidianos para su significado a la vida nuestra. Por ejemplo, celebramos la Navidad por el mes de diciembre hasta el 26 del mes con una gran muestra de consumismo. La última semana del mes ya es dada a las vacaciones y el regreso de los regalos a las tiendas. Hay muy poca atención al mensaje de los profetas durante el Adviento para la necesidad de un Mesías. Tampoco hay suficiente aprecio para la presencia del Salvador entre nosotros con su mensaje del amor de Dios.
Por supuesto el anuncio de Jesús en el evangelio hoy tiene que ver con el recoger de sus elegidos en el fin del tiempo. Aunque no sabemos cuando pasará, somos sabios si lo tomamos en serio. No debemos pensar que pertenezcamos entre los elegidos porque somos católicos o somos bautizados. Como dijo San Agustín, “Muchos que Dios tiene, la Iglesia no tiene. Y muchos que tiene la Iglesia, Dios no tiene”. Ni deberíamos pensar que los elegidos incluyan a todos en el mundo porque Dios es misericordioso. La relación entre la misericordia y la justicia de Dios es un misterio que podemos contemplar pero no podemos profundizar. Jesús anuncia la venida del Hijo de Hombre para advertirnos que pongamos las pilas de servicio al evangelio. De esta manera no sólo nosotros sino muchos más seremos contados entre los elegidos.
Una señal de nuestros tiempos es el reemplazamiento del nacimiento con el árbol como el signo de la Navidad. El árbol navideño era un símbolo para la vida eterna que Cristo nos ganó. Pero ahora sirve más como el lugar preferido para poner los regalos de consumismo. En contraste, las figuras de Jesús, María, José, los pastores, los animales y los ángeles nos recuerdan que la simple presencia de Jesús trae el gozo. Nos sugiere la necesidad de la familia para proteger a los niños y el propósito de la vida como la alabanza de Dios. Por supuesto, podemos tener un nacimiento en la casa sin darle pensamiento. Sin embargo, a lo mejor no vamos a tirarlo el 26 de diciembre. No, estará allí el año próximo para recordarnos de nuevo del amor de Dios.
Predicador dominico actualmente sirviendo como rector del Santuario Nacional San Martín de Porres en Cataño, Puerto Rico. Se ofrecen estas homilías para ayudar tanto a los predicadores como a los fieles en las bancas entender y apreciar las lecturas bíblicas de la misa dominical. Son obras del Padre Carmelo y no reflejan necesariamente las interpretaciones de cualquier otro miembro de la Iglesia católica o la Orden de Predicadores (los dominicos).
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Homilía para el domingo, 25 de enero de 2009
Homilía para el III Domingo Ordinario
(Jonás 3:1-5.10; I Corintios 7:29-31; Marcos 1:14-20)
Dice San Pablo en la segunda lectura, “La vida es corta.” Sin embargo, sabemos que el americano medio vive 78 años o 28, 416 días o 681,995 horas o 40,919,688 minutos. No nos parece corta la vida, al menos aquí ahora. Posiblemente Pablo tenga otro contexto en cuenta como Grecia en el primer siglo. Pero aún entonces muchos vivían vidas largas. Dice el Salmo 90, “El tiempo de nuestros años es de setenta, y de ochenta si somos robustos.” A lo mejor Pablo está pensando en otro concepto de tiempo -- lo mismo que Jesús predica en el evangelio. “Se ha cumplido el tiempo,” dice el Señor, “el Reino de Dios ya está cerca.”
La vida es corta porque ya no esperamos para conocer a Dios. Él ha entrado el tiempo para que cada persona tenga una relación personal con él. No importa que Jesús caminara la tierra hace dos mil años. Ha resucitado de la muerte para acompañarnos ahora. En alguna manera es semejante al descubrimiento del escribir hace 6,000 años. Como los antiguos dieron cuenta que podían conocer los pensamientos de personas de tiempos anteriores con sus escritos, nosotros reconocemos la presencia de Jesús por su Espíritu que nos ha enviado.
Cuando Pablo dice, “…conviene que los casados vivan como si no lo estuvieran; los que sufren, como si no sufrieran; los que están alegres, como si no se alegraran;…” está pensando que Jesús está para regresar al mundo en carne y hueso. No haría sentido, entonces, preocuparse por el matrimonio si mañana Jesús vendrá para llevar a uno al cielo. Pero ¡todavía esperamos la venida definitiva del Señor! Sin embargo, las palabras de Pablo tienen significado cuando las ponemos en el marco de su presencia espiritual. Los matrimonios y, de veras, todo cristiano no deberían obsesionarse con el sexo desde que tenemos a Jesús como compañero. Él no está aquí para juzgarnos sino para rescatarnos de la intranquilidad y la incapacidad de crear relaciones satisfactorias a las cuales la obsesión con sexo nos conduciría.
Las palabras de Pablo sobre el consumismo también dan en el blanco en nuestras vidas contemporáneas. Dice, “…los que compran” deberían vivir “como si no compraran…” Sí, tenemos que ir al mercado para vivir, pero muchos en nuestra sociedad parecen vivir para ir al mercado. No compran lo que necesiten, sino necesitan a comprar. Un psicólogo opina que la preocupación con cosas nos vuelve en egoístas, siempre pensando en nosotros mismos y apenas nada en Dios y en otras personas. Viviendo como si no compráramos, usaríamos nuestros recursos para fortalecer nuestras relaciones, primero con Jesús, y entonces con otras personas siempre incluyendo a los pobres.
Cuando cambiamos nuestras vidas en estas maneras, los vicios del mundo nos pierden la fuerza. De veras, veremos este mundo pasándose. En lugar de preocuparnos por el sexo y el consumismo, volveremos la atención a la compasión y al cuidado. Por ejemplo, una bella mujer llamada Angélica terminó su maestría en la administración de empresas y tenía un empleo bueno. Sin embargo, no se sentía cumplida. Por eso, dejó el trabajo para abrir un centro por jóvenes embarazadas en crisis. Pidió la ayuda de las parroquias en su ciudad y estableció buenas relaciones con las secundarias. Angélica vive su relación con Jesús al máximo. Probablemente no maneja un BMW ni lleva las nuevas modas de Abercrombie y Fitch. Pero ella conoce el amor de Jesús mientras rescata vidas.
(Jonás 3:1-5.10; I Corintios 7:29-31; Marcos 1:14-20)
Dice San Pablo en la segunda lectura, “La vida es corta.” Sin embargo, sabemos que el americano medio vive 78 años o 28, 416 días o 681,995 horas o 40,919,688 minutos. No nos parece corta la vida, al menos aquí ahora. Posiblemente Pablo tenga otro contexto en cuenta como Grecia en el primer siglo. Pero aún entonces muchos vivían vidas largas. Dice el Salmo 90, “El tiempo de nuestros años es de setenta, y de ochenta si somos robustos.” A lo mejor Pablo está pensando en otro concepto de tiempo -- lo mismo que Jesús predica en el evangelio. “Se ha cumplido el tiempo,” dice el Señor, “el Reino de Dios ya está cerca.”
La vida es corta porque ya no esperamos para conocer a Dios. Él ha entrado el tiempo para que cada persona tenga una relación personal con él. No importa que Jesús caminara la tierra hace dos mil años. Ha resucitado de la muerte para acompañarnos ahora. En alguna manera es semejante al descubrimiento del escribir hace 6,000 años. Como los antiguos dieron cuenta que podían conocer los pensamientos de personas de tiempos anteriores con sus escritos, nosotros reconocemos la presencia de Jesús por su Espíritu que nos ha enviado.
Cuando Pablo dice, “…conviene que los casados vivan como si no lo estuvieran; los que sufren, como si no sufrieran; los que están alegres, como si no se alegraran;…” está pensando que Jesús está para regresar al mundo en carne y hueso. No haría sentido, entonces, preocuparse por el matrimonio si mañana Jesús vendrá para llevar a uno al cielo. Pero ¡todavía esperamos la venida definitiva del Señor! Sin embargo, las palabras de Pablo tienen significado cuando las ponemos en el marco de su presencia espiritual. Los matrimonios y, de veras, todo cristiano no deberían obsesionarse con el sexo desde que tenemos a Jesús como compañero. Él no está aquí para juzgarnos sino para rescatarnos de la intranquilidad y la incapacidad de crear relaciones satisfactorias a las cuales la obsesión con sexo nos conduciría.
Las palabras de Pablo sobre el consumismo también dan en el blanco en nuestras vidas contemporáneas. Dice, “…los que compran” deberían vivir “como si no compraran…” Sí, tenemos que ir al mercado para vivir, pero muchos en nuestra sociedad parecen vivir para ir al mercado. No compran lo que necesiten, sino necesitan a comprar. Un psicólogo opina que la preocupación con cosas nos vuelve en egoístas, siempre pensando en nosotros mismos y apenas nada en Dios y en otras personas. Viviendo como si no compráramos, usaríamos nuestros recursos para fortalecer nuestras relaciones, primero con Jesús, y entonces con otras personas siempre incluyendo a los pobres.
Cuando cambiamos nuestras vidas en estas maneras, los vicios del mundo nos pierden la fuerza. De veras, veremos este mundo pasándose. En lugar de preocuparnos por el sexo y el consumismo, volveremos la atención a la compasión y al cuidado. Por ejemplo, una bella mujer llamada Angélica terminó su maestría en la administración de empresas y tenía un empleo bueno. Sin embargo, no se sentía cumplida. Por eso, dejó el trabajo para abrir un centro por jóvenes embarazadas en crisis. Pidió la ayuda de las parroquias en su ciudad y estableció buenas relaciones con las secundarias. Angélica vive su relación con Jesús al máximo. Probablemente no maneja un BMW ni lleva las nuevas modas de Abercrombie y Fitch. Pero ella conoce el amor de Jesús mientras rescata vidas.
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