EL IV DOMINGO DE ADVIENTO
(Miqueas 5:1-4; Hebreos 10:5-10; Lucas 1:39-45)
Nos parece raro. Casi no podemos creer que muchos se aprovechen del servicio. Sin embargo, allí está la casa, tres cuadras de la mía y a lo mejor algo semejante no lejos de la tuya, con el rotulo “lector de palmas”. Evidentemente el residente adentro tiene negocio vaticinando el futuro. En tiempos antiguos se les llamaba a los lectores de palmas o de hojas de te o de los órganos internos de animales “profetas”. Sin embargo, los profetas de Israel, como Miqueas en la primera lectura, no actuaban así.
En primer lugar, a los profetas de Israel no les interesaba principalmente el pronóstico del futuro. Más bien, por definición eran llamados por Dios para entregar Su mensaje a la gente. Las palabras de Dios llenaban sus consciencias como las aguas de diluvio llenan un río de modo que no pudieran no decírselas a Israel. Sólo porque Dios quería advertir a su pueblo de las consecuencias de sus acciones, sus mensajes predecían el porvenir. Y porque Dios amó a su pueblo, a los mensajes no les faltaba la nota del consuelo en la visión del futuro. De todos modos se distinguían los profetas verdaderos de los falsos tanto por sus predicciones realizadas como por sus bases en la Ley de Dios.
El profeta Miqueas vivía en un tiempo turbulento. Los asirios, como los soviéticos después de la Segunda Guerra Mundial, estaban amenazando a todos los pueblos en la región. Tomó poder del reino de Israel del norte en el año 721 a. C. y casi hizo lo mismo del reino del sur. Pero no era la brutalidad de los asirios que molestaba a Miqueas. El profeta entendía que ese empero – tan fuerte como fuera – fue sólo una herramienta en las manos de Dios para cumplir Su propósito. No, lo que le causó horror era la podredumbre en Israel. Los militares en este supuestamente pueblo santo empujaban a los pobres en la esclavitud por expropiar sus granjas. Entretanto los líderes del pueblo – incluso los otros profetas -- no hicieron caso al robo sino buscaron sobornos. Según Miqueas el dichoso Israel traicionó la herencia que había recibido de Dios y debió sufrir Su castigo administrado por los asirios.
Sin embargo, como con el caso de los otros profetas no hay sólo fuego y hielo en el libro de Miqueas. Vemos en la lectura hoy el brote de la esperanza. Un jefe nacerá en Belén para guiar al pueblo en la justicia de Dios. No sólo tendrá nombre reconocido por todos sino también él mismo será la paz del mundo. Nosotros vemos el cumplimiento de esta profecía en Jesús. Lo exaltamos como la perla que vale todo que se tiene. Los musulmanes también lo alaban como profeta. Aún los judíos lo consideran símbolo de esperanza en tiempos de tinieblas.
Pero no es que todo el mundo encuentre en Jesús la paz. Siguen las guerras en Irak, en Afganistán, y en otras partes del globo. En este país muchos andan aprovechándose de uno y otro sea por el placer, por la plata, o por el prestigio. Se puede llamar a Jesús el “príncipe de la paz”, pero no nos traerá la paz si no lo dejamos dominar nuestras vidas. En el pasaje más citado del profeta Miqueas, Dios dicta lo que Él desea del humano: “tan sólo que practiques la justicia, que seas amigo de la bondad, y te portes humildemente con tu Dios” (6,8). Sólo Jesús vivió estos requisitos hasta la cima de la copa. Nosotros podemos acercarnos a este nivel por abrazarlo en la oración y hacerlo nuestro camino de la vida.
Ya viene la celebración del nacimiento de Jesús. Concientes de ello o no, lo festejan casi el mundo entero, al menos por un día libre. Sin embargo, si él significará más para nosotros que el motivo para cambio de regalos, querremos prepararnos por hacer algo más que adornar el árbol navideño o aún colocar el nacimiento bajo de ello. Querremos ver en él nuestro regalo preferido. Eso es, querremos apropiarnos de él como nuestro camino de la vida. O, mejor decir, querremos dejarle tomar poder de nosotros siéndonos la paz.
Predicador dominico actualmente sirviendo como rector del Santuario Nacional San Martín de Porres en Cataño, Puerto Rico. Se ofrecen estas homilías para ayudar tanto a los predicadores como a los fieles en las bancas entender y apreciar las lecturas bíblicas de la misa dominical. Son obras del Padre Carmelo y no reflejan necesariamente las interpretaciones de cualquier otro miembro de la Iglesia católica o la Orden de Predicadores (los dominicos).
El domingo, 13 de diciembre de 2009,
III DOMINGO DE ADVIENTO
(Sofonías 3,14-18; Filipenses 4:4-7; Lucas 3:10-18)
Todos nosotros recordamos a John Kennedy. Tengamos ochenta años o tengamos veinte, alguna cosa del treinta quinto presidente queda en nuestro cerebro. El autor de un libro sobre su famoso discurso inaugural dice que Kennedy fue el primer presidente visual y el último presidente retórico. Eso es Kennedy fue tan fotográfico como Ronald Reagan y tan articulado como Franklin Roosevelt. En una manera es cómo la figura de san Juan Bautista en el evangelio según san Lucas.
En el evangelio según san Lucas, Juan es el vínculo entre el Antiguo Testamento y el tiempo del reino de Dios. Como Isaías o Amós, Juan anda predicando la necesidad de arrepentirse para que no se enfrente con la ira de Dios. En el pasaje evangélico hoy Juan habla de un mesías con bieldo en mano. En su modo de pensar, el enviado de Dios lo usará para poner a fuego a los no reformados como se queman los productos de desecho. Su exigencia siempre es evitar el castigo aunque te cuesta una túnica si tienes dos o la oportunidad de aprovecharse de su puesto si eres publicano o soldado.
A la misma vez Juan conoce a Jesús. Lucas lo retrata saltando en el seno de su madre Isabel cuando María llevando a Jesús en lo suyo viene a saludarla. Más adelante en el evangelio los discípulos de Juan lo informan de las curaciones de Jesús y cómo ha resucitado a los muertos. Pero Jesús no lleva bieldo ni unos fósforos para castigar a los malvados. Más bien, les invita al comedor donde habla de un Dios todo misericordioso sobre pan y vino. Ya Juan queda con duda. Por eso, envía a sus emisarios a Jesús con la pregunta: ‘“¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?’”
Como Juan es vínculo entre los dos testamentos, el mundo actual aparece entre el principio del reino con Jesús y su plenitud al final de los tiempos. Quedan el pecado en todas partes: bebés abortados, niños mal educados, trabajadores explotados, armas super-suministradas. A la vez hay señales del Espíritu de Cristo. Se ven parroquias enviando misiones médicas a los países en desarrollo, una campaña para proveer computadoras a muchachos pobres, y un millón de otros esfuerzos caritativos. O posiblemente no estamos en ningún entremedio. Posiblemente todo que pasa es solamente la lucha eterna entre aquellos con genes simpáticos y el resto del mundo. Como Juan en el evangelio, tenemos que preguntarnos, ¿es Jesús el Mesías que corregirá los males del mundo o no hay ningún remedio?
Si respondemos la pregunta con sí, Jesús es el Mesías, seguiremos su ejemplo. Como él dio la vista a los ciegos, educaremos a los ignorantes abriendo sus ojos a la verdad. Como él liberó a los endemoniados, visitaremos a los encarcelados trayéndoles la paz de la mente. Como él predicó a los pobres, nos detendremos para levantar la esperanza de los afligidos. No cabe duda, seguir a Jesús es un reto tremendo. Sin embargo, por aceptarlo vamos a adelantar el crecimiento del reino de Dios.
No cabe duda en la mente de la hermana Ghiorghis Berhane que Jesús es el Mesías. Ella es misionera del África acompañando a los pobres de Guatemala. Educa a los niños mal educados hablándoles del Dios misericordioso. Con gente tan simpática como la hermana Ghioghis la lucha eterna parece vencible. Can gente como ella, se ve el crecimiento del reino de Dios.
(Sofonías 3,14-18; Filipenses 4:4-7; Lucas 3:10-18)
Todos nosotros recordamos a John Kennedy. Tengamos ochenta años o tengamos veinte, alguna cosa del treinta quinto presidente queda en nuestro cerebro. El autor de un libro sobre su famoso discurso inaugural dice que Kennedy fue el primer presidente visual y el último presidente retórico. Eso es Kennedy fue tan fotográfico como Ronald Reagan y tan articulado como Franklin Roosevelt. En una manera es cómo la figura de san Juan Bautista en el evangelio según san Lucas.
En el evangelio según san Lucas, Juan es el vínculo entre el Antiguo Testamento y el tiempo del reino de Dios. Como Isaías o Amós, Juan anda predicando la necesidad de arrepentirse para que no se enfrente con la ira de Dios. En el pasaje evangélico hoy Juan habla de un mesías con bieldo en mano. En su modo de pensar, el enviado de Dios lo usará para poner a fuego a los no reformados como se queman los productos de desecho. Su exigencia siempre es evitar el castigo aunque te cuesta una túnica si tienes dos o la oportunidad de aprovecharse de su puesto si eres publicano o soldado.
A la misma vez Juan conoce a Jesús. Lucas lo retrata saltando en el seno de su madre Isabel cuando María llevando a Jesús en lo suyo viene a saludarla. Más adelante en el evangelio los discípulos de Juan lo informan de las curaciones de Jesús y cómo ha resucitado a los muertos. Pero Jesús no lleva bieldo ni unos fósforos para castigar a los malvados. Más bien, les invita al comedor donde habla de un Dios todo misericordioso sobre pan y vino. Ya Juan queda con duda. Por eso, envía a sus emisarios a Jesús con la pregunta: ‘“¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?’”
Como Juan es vínculo entre los dos testamentos, el mundo actual aparece entre el principio del reino con Jesús y su plenitud al final de los tiempos. Quedan el pecado en todas partes: bebés abortados, niños mal educados, trabajadores explotados, armas super-suministradas. A la vez hay señales del Espíritu de Cristo. Se ven parroquias enviando misiones médicas a los países en desarrollo, una campaña para proveer computadoras a muchachos pobres, y un millón de otros esfuerzos caritativos. O posiblemente no estamos en ningún entremedio. Posiblemente todo que pasa es solamente la lucha eterna entre aquellos con genes simpáticos y el resto del mundo. Como Juan en el evangelio, tenemos que preguntarnos, ¿es Jesús el Mesías que corregirá los males del mundo o no hay ningún remedio?
Si respondemos la pregunta con sí, Jesús es el Mesías, seguiremos su ejemplo. Como él dio la vista a los ciegos, educaremos a los ignorantes abriendo sus ojos a la verdad. Como él liberó a los endemoniados, visitaremos a los encarcelados trayéndoles la paz de la mente. Como él predicó a los pobres, nos detendremos para levantar la esperanza de los afligidos. No cabe duda, seguir a Jesús es un reto tremendo. Sin embargo, por aceptarlo vamos a adelantar el crecimiento del reino de Dios.
No cabe duda en la mente de la hermana Ghiorghis Berhane que Jesús es el Mesías. Ella es misionera del África acompañando a los pobres de Guatemala. Educa a los niños mal educados hablándoles del Dios misericordioso. Con gente tan simpática como la hermana Ghioghis la lucha eterna parece vencible. Can gente como ella, se ve el crecimiento del reino de Dios.
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El domingo, 6 de diciembre de 2009
Marción fue hombre que vivió durante el segundo siglo d. C. Estuvo muy rico y evidentemente aún más fuerte de opinión. Una idea suya que llamó la atención es el concepto del Dios del Antiguo Testamento como vengativo y sangriento. Marción pensó que hay una gran distinción entre ese Dios y el Dios revelado por Jesús – siempre misericordioso y amoroso. Por eso, según Marción, el Antiguo Testamento no vale. Por la promulgación de estas ideas el obispo de Roma excomulgó a Marción. Sin embargo, porque él tenía a muchos partidarios, su herejía casi sobrepasó la fe verdadera.
Aún el día hoy muchos descartan el Antiguo Testamento como de poco valor. Leen la Biblia con horror donde dice que Dios ordenó a Saúl a exterminar a todos los amalecitas, incluyendo a los niños, o que Dios mató a un hombre por haber tocado el Arca de la Alianza. Si no juzgan a Dios revelado en sus páginas como enojado y cruel, lo mejor que pueden decir de Él es que era obsesionado con la justicia.
Pero en realidad el Dios del Antiguo Testamento es el mismo Padre de Jesús. Su característica dominante siempre es el amor para Su pueblo. De veras, Su amor es casi exagerado en el Antiguo Testamento de modo que se hable de Sus celos para los israelitas. Eso es que Dios no quiere que el pueblo sea contaminado con las ideas y prácticas que lo desviaban del camino a la vida verdadera. Cuando Israel siguió las costumbres de sus vecinos durante el período de los reyes maltratando a los pobres y dando culto a los ídolos estériles, Dios lo castigó. Lo mandó al exilio para purificarse de sus pecados. Pero hablando por los profetas, Dios prometió que no todos fueran a morir en el destierro; más bien, se salvaría un resto que vivirá en gozo.
Hoy en la primera lectura el profeta Baruc prevé el regreso del resto de sus pruebas. Jerusalén queda como Nuevo Orleans después del huracán o como Nueva York después del once de septiembre. Es como los diez por ciento de los trabajadores de este país que han perdido sus trabajos o como los millones de personas que han recibido una diagnosis de cáncer. No obstante, el profeta dice ya no es tiempo de luto sino de esperanza; no de sentarse con lágrimas sino de ponerse de pie con ojos en el horizonte. “¿Por que?” queremos preguntar si hay llagas purulentas en todos lados. La respuesta es porque el Dios que a su pueblo ama está para actuar.
En el evangelio hoy leemos de la llamada de Juan en el desierto. Israel queda bajo el puño romano de hierro. Hay líderes judíos pero no valen más que ropa desgastada en una tormenta de nieve. La gente lucha para mantener la existencia aprovechándose de uno y otro. Ya Dios está para actuar de nuevo, pero esta vez no sólo para socorrer a Su pueblo una vez más sino para salvar al mundo entero definitivamente. Juan será el pregonero del salvador. Irá delante del Señor para despertar al pueblo. Su mensaje es claro: ya es tiempo para ponerse de pie y buscar al Salvador en el horizonte. Se intenta para nosotros también. Tenemos que dejar los lamentos para prepararnos para la venida del Señor. Queremos pararnos como el joven sacerdote que recibió, poco después de su ordenación, la diagnosis que iba a morir dentro de un año. En vez de retirarse, aceptó el ministerio de visitar a los enfermos en el poco tiempo que le quedaba. Les dio el consuelo que él mismo requería.
El hombre necesitaba carro nuevo. Quería algo económico pero confiable. Leyó artículos mostrando las positivas y negativas de las diferentes marcas. Visitó varias agencias comparando precios. Entonces hizo su decisión. Estaba para actuar. Así vemos a Dios en las lecturas hoy, listo para actuar en favor de Su pueblo. También en el mundo hoy Dios está para actuar. Dios está para actuar en favor de nosotros.
Aún el día hoy muchos descartan el Antiguo Testamento como de poco valor. Leen la Biblia con horror donde dice que Dios ordenó a Saúl a exterminar a todos los amalecitas, incluyendo a los niños, o que Dios mató a un hombre por haber tocado el Arca de la Alianza. Si no juzgan a Dios revelado en sus páginas como enojado y cruel, lo mejor que pueden decir de Él es que era obsesionado con la justicia.
Pero en realidad el Dios del Antiguo Testamento es el mismo Padre de Jesús. Su característica dominante siempre es el amor para Su pueblo. De veras, Su amor es casi exagerado en el Antiguo Testamento de modo que se hable de Sus celos para los israelitas. Eso es que Dios no quiere que el pueblo sea contaminado con las ideas y prácticas que lo desviaban del camino a la vida verdadera. Cuando Israel siguió las costumbres de sus vecinos durante el período de los reyes maltratando a los pobres y dando culto a los ídolos estériles, Dios lo castigó. Lo mandó al exilio para purificarse de sus pecados. Pero hablando por los profetas, Dios prometió que no todos fueran a morir en el destierro; más bien, se salvaría un resto que vivirá en gozo.
Hoy en la primera lectura el profeta Baruc prevé el regreso del resto de sus pruebas. Jerusalén queda como Nuevo Orleans después del huracán o como Nueva York después del once de septiembre. Es como los diez por ciento de los trabajadores de este país que han perdido sus trabajos o como los millones de personas que han recibido una diagnosis de cáncer. No obstante, el profeta dice ya no es tiempo de luto sino de esperanza; no de sentarse con lágrimas sino de ponerse de pie con ojos en el horizonte. “¿Por que?” queremos preguntar si hay llagas purulentas en todos lados. La respuesta es porque el Dios que a su pueblo ama está para actuar.
En el evangelio hoy leemos de la llamada de Juan en el desierto. Israel queda bajo el puño romano de hierro. Hay líderes judíos pero no valen más que ropa desgastada en una tormenta de nieve. La gente lucha para mantener la existencia aprovechándose de uno y otro. Ya Dios está para actuar de nuevo, pero esta vez no sólo para socorrer a Su pueblo una vez más sino para salvar al mundo entero definitivamente. Juan será el pregonero del salvador. Irá delante del Señor para despertar al pueblo. Su mensaje es claro: ya es tiempo para ponerse de pie y buscar al Salvador en el horizonte. Se intenta para nosotros también. Tenemos que dejar los lamentos para prepararnos para la venida del Señor. Queremos pararnos como el joven sacerdote que recibió, poco después de su ordenación, la diagnosis que iba a morir dentro de un año. En vez de retirarse, aceptó el ministerio de visitar a los enfermos en el poco tiempo que le quedaba. Les dio el consuelo que él mismo requería.
El hombre necesitaba carro nuevo. Quería algo económico pero confiable. Leyó artículos mostrando las positivas y negativas de las diferentes marcas. Visitó varias agencias comparando precios. Entonces hizo su decisión. Estaba para actuar. Así vemos a Dios en las lecturas hoy, listo para actuar en favor de Su pueblo. También en el mundo hoy Dios está para actuar. Dios está para actuar en favor de nosotros.
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Marción
Homilía para el domingo, 29 de noviembre de 2009
EL I DOMINGO DE ADVIENTO
(Jeremías 33:14-16; I Tesalonicenses 3:12-4:2; Lucas 21:25-28.34-36)
La vieja viuda quería morir. Vivía en un asilo bien ordenado. Comía bien y estaba cómoda. Pero no tenía la gana a seguir la rutina. Cuando la visitaba un sacerdote, ella le preguntó si estaría bien orar por la muerte. Dijo que esperaba a reunirse con su esposo que había fallecido hacía algunos años. En una manera la viuda es como nosotros al principio de Adviento.
Desde que se pone el Adviento antes de la Navidad, todo el mundo piensa que el propósito del tiempo es prepararse para la celebración de la venida del niño Jesús. Sin embargo, durante el Adviento deberíamos estar pensando también en el fin de los tiempos cuando Jesús vendrá de nuevo para juzgar al mundo. Por esta razón se coloca el Adviento al fin del año. Particularmente al principio de Adviento deberíamos hacer caso a esta segunda venida de Jesús.
“No seas tan serio, Padre” dirán algunos, “el mundo durará por millones años más.” Lo puede ser, pero ¿va a estar habitado por todo este futuro? Es posible que haya cambios catastróficos en el clima que extinguirán la gran mayoría de animales incluyendo a todos seres humanos. Ha tenido lugar en el pasado. Por esta razón los dinosaurios no existen ahora. Aún más probable es un fin precipitado por nosotros humanos. El número de países con armas nucleares siguen creciendo. Hacía diez años la India y Pakistán se hicieron poderes nucleares. Recientemente Corea Norte se ha integrado en el club nuclear. Ahora Irán está desarrollando la capacidad de ser miembro. Entretanto los Estados Unidos, el líder del grupo, en vez de disminuir su poder nuclear quiere construir armas más fuertes.
Sea o no la humanidad termine por un desastre de naturaleza y sea o no acabe por el capricho de las naciones, todos tendremos que dar cuenta al Señor por nuestras vidas. A lo mejor la mayoría de nosotros vamos a morir de causas regulares – el cáncer, un ataque al corazón, la influenza. Entonces el juicio será más pronto. El Adviento propone que nos preparemos para ese momento cuando ocurra. El evangelio hoy nos amonesta: “Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente...” Es el último ítem que puede naufragar a muchos aquí. No somos homicidas pero sí estamos inclinados a pensar siempre más en nuestro propio bien que en la justicia para los demás, más en los partidos de fútbol que en la oración al Señor.
El Adviento nos prepara para la venida del Señor como los novios ensayan para sus bodas. Sin embargo, el Adviento no es ensayo sino parte de la liturgia de la Iglesia en la cual siempre encontramos al Señor. Es así porque Jesucristo no ha dejado a su pueblo solo. Más bien, por su muerte y resurrección está con nosotros por cada paso que caminemos, por cada aliento que respiremos. Por eso, los recuerdos de su retorno para juzgarnos durante el Adviento nos sirven como su mano en nuestra espalda. Eso es, nos presentan a él en la plenitud de su poder. Jesús está presente en cada momento litúrgico para apoyarnos a través de la vida. Jesús está presente para apoyarnos.
(Jeremías 33:14-16; I Tesalonicenses 3:12-4:2; Lucas 21:25-28.34-36)
La vieja viuda quería morir. Vivía en un asilo bien ordenado. Comía bien y estaba cómoda. Pero no tenía la gana a seguir la rutina. Cuando la visitaba un sacerdote, ella le preguntó si estaría bien orar por la muerte. Dijo que esperaba a reunirse con su esposo que había fallecido hacía algunos años. En una manera la viuda es como nosotros al principio de Adviento.
Desde que se pone el Adviento antes de la Navidad, todo el mundo piensa que el propósito del tiempo es prepararse para la celebración de la venida del niño Jesús. Sin embargo, durante el Adviento deberíamos estar pensando también en el fin de los tiempos cuando Jesús vendrá de nuevo para juzgar al mundo. Por esta razón se coloca el Adviento al fin del año. Particularmente al principio de Adviento deberíamos hacer caso a esta segunda venida de Jesús.
“No seas tan serio, Padre” dirán algunos, “el mundo durará por millones años más.” Lo puede ser, pero ¿va a estar habitado por todo este futuro? Es posible que haya cambios catastróficos en el clima que extinguirán la gran mayoría de animales incluyendo a todos seres humanos. Ha tenido lugar en el pasado. Por esta razón los dinosaurios no existen ahora. Aún más probable es un fin precipitado por nosotros humanos. El número de países con armas nucleares siguen creciendo. Hacía diez años la India y Pakistán se hicieron poderes nucleares. Recientemente Corea Norte se ha integrado en el club nuclear. Ahora Irán está desarrollando la capacidad de ser miembro. Entretanto los Estados Unidos, el líder del grupo, en vez de disminuir su poder nuclear quiere construir armas más fuertes.
Sea o no la humanidad termine por un desastre de naturaleza y sea o no acabe por el capricho de las naciones, todos tendremos que dar cuenta al Señor por nuestras vidas. A lo mejor la mayoría de nosotros vamos a morir de causas regulares – el cáncer, un ataque al corazón, la influenza. Entonces el juicio será más pronto. El Adviento propone que nos preparemos para ese momento cuando ocurra. El evangelio hoy nos amonesta: “Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente...” Es el último ítem que puede naufragar a muchos aquí. No somos homicidas pero sí estamos inclinados a pensar siempre más en nuestro propio bien que en la justicia para los demás, más en los partidos de fútbol que en la oración al Señor.
El Adviento nos prepara para la venida del Señor como los novios ensayan para sus bodas. Sin embargo, el Adviento no es ensayo sino parte de la liturgia de la Iglesia en la cual siempre encontramos al Señor. Es así porque Jesucristo no ha dejado a su pueblo solo. Más bien, por su muerte y resurrección está con nosotros por cada paso que caminemos, por cada aliento que respiremos. Por eso, los recuerdos de su retorno para juzgarnos durante el Adviento nos sirven como su mano en nuestra espalda. Eso es, nos presentan a él en la plenitud de su poder. Jesús está presente en cada momento litúrgico para apoyarnos a través de la vida. Jesús está presente para apoyarnos.
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Lucas 21:25-28.34-36
Homilía para el domingo, 22 de noviembre de 2009
La Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo
(Daniel 7:13-14; Apocalipsis 1:5-8; Juan 18:33-37)
Dios a juicio es un libro por el autor inglés C.S. Lewis. Tiene que ver con un reverso en tiempos modernos. En lugar de prepararse para el juicio por Dios como antes, el humano actual prefiere juzgar a Dios. En el evangelio Pilato aparentemente está juzgando a Dios aunque no tiene ninguna pista de esta realidad.
“’¿Eres tú el rey do los judíos?’” Pilato pregunta a Jesús. Él quiere saber si Jesús comprende una amenaza al dominio romano. Si Jesús es rey con ejército, Pilato tendría que decidir si o no va a desafiar el imperio. Pero si Jesús es sólo un rey metafórico como Elvis o Pele, Pilato puede disfrutarse del encuentro con una persona interesante. Nosotros también tenemos una pregunta para Jesús: ¿Por qué tardas tanto para venir en la gloria?
Jesús igualmente quiere probar a nosotros. Hoy lo celebramos como rey. Pero ¿le permitimos a dirigir nuestras vidas? O ¿es declararle rey solamente un pretexto para festejarnos al fin del año? Que no seamos como Pilato. Cuando Jesús le pregunta a Pilato si posiblemente él llama a Jesús como rey por su propia cuenta, Pilato descarta la idea como si fuera un pañuelo usado. Dice que no es judío. Desgraciadamente, tampoco es de la verdad. Pues, si lo fuera, él reconocería a Jesús como rey.
Jesús aclara la situación para ayudar a Pilato entender. Él es rey pero no en el sentido que el mundo pueda ver. Eso es, no lleva corona de oro, ni marcha con un ejército, ni reina sobre tierras. Más bien, él reina interiormente donde su Espíritu ilumina las mentes y su gracia mueve los corazones. Aceptando a Jesús como rey, sabemos que él va a capacitarnos para que superemos los retos de la vida. Nos da la perspicacia para aceptar la vejez no como la erosión de fuerzas sino como la sede de la sabiduría. Nos regala la voluntad para seguir extendiendo la mano a los deprimidos y enojados aunque no nos responden. En verdad, Jesús no tiene que venir en persona. Pues, está actuando dentro de nosotros todo el tiempo.
Como sus súbditos, Jesús nos pide que cuidemos a uno y otro, particularmente a los pobres. En los Estados Unidos los obispos han establecido la Campaña Católica para el Desarrollo Humano para este fin. Es un proyecto distinto. No provee comida o ropa directamente a los indigentes como lo hacen miles de organizaciones de caridad. Más bien, da a los grupos de pobres los medios para capacitarse. Padres sin la educación formal están entrenados a negociar mejores escuelas para sus hijos. Trabajadores agrícolas están adiestrados a pedir condiciones de trabajo decentes. Como a veces damos dinero a un alcohólico lo cual lo usa para cerveza, la Campaña ha patrocinado unos grupos no completamente confiables. Pero el abuso es pequeño en comparación con lo bueno que se hace. De todos modos, sea por la Campaña Católica para el Desarrollo Humano o por otro modo, estamos obligados a cuidar a los pobres. Si aceptamos a Jesús como rey, estamos obligados a cuidar.
(Daniel 7:13-14; Apocalipsis 1:5-8; Juan 18:33-37)
Dios a juicio es un libro por el autor inglés C.S. Lewis. Tiene que ver con un reverso en tiempos modernos. En lugar de prepararse para el juicio por Dios como antes, el humano actual prefiere juzgar a Dios. En el evangelio Pilato aparentemente está juzgando a Dios aunque no tiene ninguna pista de esta realidad.
“’¿Eres tú el rey do los judíos?’” Pilato pregunta a Jesús. Él quiere saber si Jesús comprende una amenaza al dominio romano. Si Jesús es rey con ejército, Pilato tendría que decidir si o no va a desafiar el imperio. Pero si Jesús es sólo un rey metafórico como Elvis o Pele, Pilato puede disfrutarse del encuentro con una persona interesante. Nosotros también tenemos una pregunta para Jesús: ¿Por qué tardas tanto para venir en la gloria?
Jesús igualmente quiere probar a nosotros. Hoy lo celebramos como rey. Pero ¿le permitimos a dirigir nuestras vidas? O ¿es declararle rey solamente un pretexto para festejarnos al fin del año? Que no seamos como Pilato. Cuando Jesús le pregunta a Pilato si posiblemente él llama a Jesús como rey por su propia cuenta, Pilato descarta la idea como si fuera un pañuelo usado. Dice que no es judío. Desgraciadamente, tampoco es de la verdad. Pues, si lo fuera, él reconocería a Jesús como rey.
Jesús aclara la situación para ayudar a Pilato entender. Él es rey pero no en el sentido que el mundo pueda ver. Eso es, no lleva corona de oro, ni marcha con un ejército, ni reina sobre tierras. Más bien, él reina interiormente donde su Espíritu ilumina las mentes y su gracia mueve los corazones. Aceptando a Jesús como rey, sabemos que él va a capacitarnos para que superemos los retos de la vida. Nos da la perspicacia para aceptar la vejez no como la erosión de fuerzas sino como la sede de la sabiduría. Nos regala la voluntad para seguir extendiendo la mano a los deprimidos y enojados aunque no nos responden. En verdad, Jesús no tiene que venir en persona. Pues, está actuando dentro de nosotros todo el tiempo.
Como sus súbditos, Jesús nos pide que cuidemos a uno y otro, particularmente a los pobres. En los Estados Unidos los obispos han establecido la Campaña Católica para el Desarrollo Humano para este fin. Es un proyecto distinto. No provee comida o ropa directamente a los indigentes como lo hacen miles de organizaciones de caridad. Más bien, da a los grupos de pobres los medios para capacitarse. Padres sin la educación formal están entrenados a negociar mejores escuelas para sus hijos. Trabajadores agrícolas están adiestrados a pedir condiciones de trabajo decentes. Como a veces damos dinero a un alcohólico lo cual lo usa para cerveza, la Campaña ha patrocinado unos grupos no completamente confiables. Pero el abuso es pequeño en comparación con lo bueno que se hace. De todos modos, sea por la Campaña Católica para el Desarrollo Humano o por otro modo, estamos obligados a cuidar a los pobres. Si aceptamos a Jesús como rey, estamos obligados a cuidar.
Homilía para el domingo, 15 de noviembre de 2009
EL XXXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
(Daniel 12:1-3; Hebreos 10:11-14.18; Marcos 13:24-32)
Hace poco un periodista hizo esta observación. Hoy día algunos jóvenes andan buscando encuentros sexuales por mensajes de texto. Con su teléfono celular en mano ellos se comunican con varias personas al mismo tiempo buscando la mejor oferta para una noche. El periodista admite que no todos jóvenes se aprovechan de los mensajes de texto así. No obstante, según él, los tiempos contemporáneos facilitan el comportamiento no responsable. Una vez, dice, había costumbres sociales dirigiendo a los jóvenes en las relaciones con el sexo opuesto. Enumera el conocimiento dentro de contextos institucionales – la escuela, el lugar de trabajo, la iglesia – y el noviazgo con sus reglas de comportamiento como necesarios para guiar a los muchachos de la gratificación inmediata de deseos al compromiso del largo plazo. Seguramente la falta de refrenamiento en relaciones ha causado el naufragio de familias y la ruina de niños.
El análisis del periodista resalta la admonición de Jesús en el evangelio hoy que seamos atentos a las señales del tiempo. Como estaremos informados de la venida del Hijo del Hombre con cataclismos en los cielos, deberíamos examinar los acontecimientos cotidianos para su significado a la vida nuestra. Por ejemplo, celebramos la Navidad por el mes de diciembre hasta el 26 del mes con una gran muestra de consumismo. La última semana del mes ya es dada a las vacaciones y el regreso de los regalos a las tiendas. Hay muy poca atención al mensaje de los profetas durante el Adviento para la necesidad de un Mesías. Tampoco hay suficiente aprecio para la presencia del Salvador entre nosotros con su mensaje del amor de Dios.
Por supuesto el anuncio de Jesús en el evangelio hoy tiene que ver con el recoger de sus elegidos en el fin del tiempo. Aunque no sabemos cuando pasará, somos sabios si lo tomamos en serio. No debemos pensar que pertenezcamos entre los elegidos porque somos católicos o somos bautizados. Como dijo San Agustín, “Muchos que Dios tiene, la Iglesia no tiene. Y muchos que tiene la Iglesia, Dios no tiene”. Ni deberíamos pensar que los elegidos incluyan a todos en el mundo porque Dios es misericordioso. La relación entre la misericordia y la justicia de Dios es un misterio que podemos contemplar pero no podemos profundizar. Jesús anuncia la venida del Hijo de Hombre para advertirnos que pongamos las pilas de servicio al evangelio. De esta manera no sólo nosotros sino muchos más seremos contados entre los elegidos.
Una señal de nuestros tiempos es el reemplazamiento del nacimiento con el árbol como el signo de la Navidad. El árbol navideño era un símbolo para la vida eterna que Cristo nos ganó. Pero ahora sirve más como el lugar preferido para poner los regalos de consumismo. En contraste, las figuras de Jesús, María, José, los pastores, los animales y los ángeles nos recuerdan que la simple presencia de Jesús trae el gozo. Nos sugiere la necesidad de la familia para proteger a los niños y el propósito de la vida como la alabanza de Dios. Por supuesto, podemos tener un nacimiento en la casa sin darle pensamiento. Sin embargo, a lo mejor no vamos a tirarlo el 26 de diciembre. No, estará allí el año próximo para recordarnos de nuevo del amor de Dios.
(Daniel 12:1-3; Hebreos 10:11-14.18; Marcos 13:24-32)
Hace poco un periodista hizo esta observación. Hoy día algunos jóvenes andan buscando encuentros sexuales por mensajes de texto. Con su teléfono celular en mano ellos se comunican con varias personas al mismo tiempo buscando la mejor oferta para una noche. El periodista admite que no todos jóvenes se aprovechan de los mensajes de texto así. No obstante, según él, los tiempos contemporáneos facilitan el comportamiento no responsable. Una vez, dice, había costumbres sociales dirigiendo a los jóvenes en las relaciones con el sexo opuesto. Enumera el conocimiento dentro de contextos institucionales – la escuela, el lugar de trabajo, la iglesia – y el noviazgo con sus reglas de comportamiento como necesarios para guiar a los muchachos de la gratificación inmediata de deseos al compromiso del largo plazo. Seguramente la falta de refrenamiento en relaciones ha causado el naufragio de familias y la ruina de niños.
El análisis del periodista resalta la admonición de Jesús en el evangelio hoy que seamos atentos a las señales del tiempo. Como estaremos informados de la venida del Hijo del Hombre con cataclismos en los cielos, deberíamos examinar los acontecimientos cotidianos para su significado a la vida nuestra. Por ejemplo, celebramos la Navidad por el mes de diciembre hasta el 26 del mes con una gran muestra de consumismo. La última semana del mes ya es dada a las vacaciones y el regreso de los regalos a las tiendas. Hay muy poca atención al mensaje de los profetas durante el Adviento para la necesidad de un Mesías. Tampoco hay suficiente aprecio para la presencia del Salvador entre nosotros con su mensaje del amor de Dios.
Por supuesto el anuncio de Jesús en el evangelio hoy tiene que ver con el recoger de sus elegidos en el fin del tiempo. Aunque no sabemos cuando pasará, somos sabios si lo tomamos en serio. No debemos pensar que pertenezcamos entre los elegidos porque somos católicos o somos bautizados. Como dijo San Agustín, “Muchos que Dios tiene, la Iglesia no tiene. Y muchos que tiene la Iglesia, Dios no tiene”. Ni deberíamos pensar que los elegidos incluyan a todos en el mundo porque Dios es misericordioso. La relación entre la misericordia y la justicia de Dios es un misterio que podemos contemplar pero no podemos profundizar. Jesús anuncia la venida del Hijo de Hombre para advertirnos que pongamos las pilas de servicio al evangelio. De esta manera no sólo nosotros sino muchos más seremos contados entre los elegidos.
Una señal de nuestros tiempos es el reemplazamiento del nacimiento con el árbol como el signo de la Navidad. El árbol navideño era un símbolo para la vida eterna que Cristo nos ganó. Pero ahora sirve más como el lugar preferido para poner los regalos de consumismo. En contraste, las figuras de Jesús, María, José, los pastores, los animales y los ángeles nos recuerdan que la simple presencia de Jesús trae el gozo. Nos sugiere la necesidad de la familia para proteger a los niños y el propósito de la vida como la alabanza de Dios. Por supuesto, podemos tener un nacimiento en la casa sin darle pensamiento. Sin embargo, a lo mejor no vamos a tirarlo el 26 de diciembre. No, estará allí el año próximo para recordarnos de nuevo del amor de Dios.
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Homilía para el domingo, 8 de Noviembre de 2009
EL XXXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
(I Reyes 17:10-16; Hebreos 9:24-28; Marcos 12:38-44)
La viuda pobre tenía a muchos hijos y muchos más nietos. Ella rezaba por todos constantemente – un hecho que explica, en parte, el hecho que sus matrimonios quedaban intactos. A menudo la viuda cuidaba a una o dos nietas en la rectoría donde ella cocinaba por una comunidad de religiosos. Mientras ella daba apoyo a sus hijas y nueras, enseñaba a los chicos la bondad. También la viuda dirigía las actividades de las guadalupanas de la parroquia. Además de venerar a la Virgen este grupo recaudaba fundos por varias causas caritativas. Sobre todo la viuda se distinguía por la bondad que demostraba a los religiosos donde trabajaba. Les compraba comestibles con su propio dinero porque no quería pedir reembolso de los recursos de la parroquia. Esta mujer nos recuerda de la viuda que Jesús señala como generosísima en el evangelio hoy.
El pasaje no dice mucho de la viuda. Simplemente que ella echa dos moneditas – según Jesús, todo lo que tiene para vivir – en la alcancía del templo. Sin embargo, las pocas palabras revelan a una persona de inmensa dignidad. Estamos acostumbrados a pensar en la dignidad humana como algo una vez dada para siempre como la fecha de nuestro nacimiento. Sin embargo, la verdad es otra. Sí, se basa la dignidad humana en la creación con la capacidad de reflexionar y actuar libremente. Hacemos hincapié en estas facultades cuando hablamos del humano como creado en la imagen de Dios. Pero se puede aumentar la dignidad. No lo hacemos por llevar ropajes elegantes u ocupar puestos de honor en el estilo de los escribas del evangelio hoy. Más bien, crece la dignidad cuando usamos nuestras facultades para realizar lo bueno. La viuda hace exactamente esto en dos maneras.
En primer lugar ella reconoce necesidades aparte de las suyas. No se sabe si los donativos a la alcancía ayuden directamente a los pobres o sean para el mantenimiento del templo glorificando a Dios. De todos modos la viuda no se refrena a apoyar al otro. Si es cierto que nosotros no nos paramos más altos que cuando nos agachamos para ayudar al otro, esta pobre viuda mide dos metros de altura.
Pero la viuda no regala sólo una porción de sus recursos sino todo lo que tiene para vivir. Es un donativo extraordinario porque puede resultar en la pérdida de su propia vida. Expresa su confianza completa en la Providencia de Dios. Este acto aumenta la dignidad humana porque demuestra la convicción acertada que tan grandes como seamos, últimamente dependemos en la bondad de Dios para la vida. En esta manera la viuda anticipa a Jesús que se entrega a sí mismo a la muerte en obediencia de Dios Padre.
Nosotros deberíamos preguntarnos si estamos dispuestos a confiar en Dios también. O ¿es que no queremos ni pensar en dejar la comodidad de nuestras casas? Muchos no quieren hablar de la fe con otros parroquianos, mucho menos con los ancianos en un asilo o los prisioneros en la cárcel. Pero Jesús sugiere que tomemos a la viuda como modelo para el seguimiento de él mismo. Hay más modos para cumplir este reto que hojas en un árbol, pero tal vez uno sobresalga en este momento.
Nuestro país (EEUU) está terminando un gran debate sobre la reforma de los pagos para el cuidado médico. Algunas propuestas ofrecen mejoramiento significante para el sistema. Sin embargo, las propuestas más probables a ser aprobadas financiarán el aborto. Ya es el momento para levantar la voz. Una ley que facilite el aborto matará el espíritu si o no salve el cuerpo. Para defender la dignidad de la vida desarrollando en el vientre nos opondremos a estas propuestas. Para aumentar nuestra propia dignidad diremos a nuestros congresistas, “Por favor, no” a cualquier propuesta que favorezca el aborto.
(I Reyes 17:10-16; Hebreos 9:24-28; Marcos 12:38-44)
La viuda pobre tenía a muchos hijos y muchos más nietos. Ella rezaba por todos constantemente – un hecho que explica, en parte, el hecho que sus matrimonios quedaban intactos. A menudo la viuda cuidaba a una o dos nietas en la rectoría donde ella cocinaba por una comunidad de religiosos. Mientras ella daba apoyo a sus hijas y nueras, enseñaba a los chicos la bondad. También la viuda dirigía las actividades de las guadalupanas de la parroquia. Además de venerar a la Virgen este grupo recaudaba fundos por varias causas caritativas. Sobre todo la viuda se distinguía por la bondad que demostraba a los religiosos donde trabajaba. Les compraba comestibles con su propio dinero porque no quería pedir reembolso de los recursos de la parroquia. Esta mujer nos recuerda de la viuda que Jesús señala como generosísima en el evangelio hoy.
El pasaje no dice mucho de la viuda. Simplemente que ella echa dos moneditas – según Jesús, todo lo que tiene para vivir – en la alcancía del templo. Sin embargo, las pocas palabras revelan a una persona de inmensa dignidad. Estamos acostumbrados a pensar en la dignidad humana como algo una vez dada para siempre como la fecha de nuestro nacimiento. Sin embargo, la verdad es otra. Sí, se basa la dignidad humana en la creación con la capacidad de reflexionar y actuar libremente. Hacemos hincapié en estas facultades cuando hablamos del humano como creado en la imagen de Dios. Pero se puede aumentar la dignidad. No lo hacemos por llevar ropajes elegantes u ocupar puestos de honor en el estilo de los escribas del evangelio hoy. Más bien, crece la dignidad cuando usamos nuestras facultades para realizar lo bueno. La viuda hace exactamente esto en dos maneras.
En primer lugar ella reconoce necesidades aparte de las suyas. No se sabe si los donativos a la alcancía ayuden directamente a los pobres o sean para el mantenimiento del templo glorificando a Dios. De todos modos la viuda no se refrena a apoyar al otro. Si es cierto que nosotros no nos paramos más altos que cuando nos agachamos para ayudar al otro, esta pobre viuda mide dos metros de altura.
Pero la viuda no regala sólo una porción de sus recursos sino todo lo que tiene para vivir. Es un donativo extraordinario porque puede resultar en la pérdida de su propia vida. Expresa su confianza completa en la Providencia de Dios. Este acto aumenta la dignidad humana porque demuestra la convicción acertada que tan grandes como seamos, últimamente dependemos en la bondad de Dios para la vida. En esta manera la viuda anticipa a Jesús que se entrega a sí mismo a la muerte en obediencia de Dios Padre.
Nosotros deberíamos preguntarnos si estamos dispuestos a confiar en Dios también. O ¿es que no queremos ni pensar en dejar la comodidad de nuestras casas? Muchos no quieren hablar de la fe con otros parroquianos, mucho menos con los ancianos en un asilo o los prisioneros en la cárcel. Pero Jesús sugiere que tomemos a la viuda como modelo para el seguimiento de él mismo. Hay más modos para cumplir este reto que hojas en un árbol, pero tal vez uno sobresalga en este momento.
Nuestro país (EEUU) está terminando un gran debate sobre la reforma de los pagos para el cuidado médico. Algunas propuestas ofrecen mejoramiento significante para el sistema. Sin embargo, las propuestas más probables a ser aprobadas financiarán el aborto. Ya es el momento para levantar la voz. Una ley que facilite el aborto matará el espíritu si o no salve el cuerpo. Para defender la dignidad de la vida desarrollando en el vientre nos opondremos a estas propuestas. Para aumentar nuestra propia dignidad diremos a nuestros congresistas, “Por favor, no” a cualquier propuesta que favorezca el aborto.
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