El domingo, 7 de marzo de 2021

 TERCER DOMINGO DE CUARESMA

(Éxodo 20: 1-17; I Corintios 1: 22-25; Juan 2: 13-25)

¿Qué es la ley para un judío? Un erudito judío lo llama "un yugo que se convierte en árbol de vida". Es un maestro exigente del que nunca podríamos sacar una “A”.  No obstante, este maestro nos enseña no solo cómo pensar sino también cómo vivir. Jesús, siendo un judío devoto, amó la Ley y la vivió en cada momento de su vida.

En el evangelio de hoy, Jesús actúa según el primer principio de la Ley. Encuentra a los vendedores y cambistas del templo convirtiendo sus negocios en dioses. Siendo Hijo de Dios con derechos especiales en la casa de Dios, echa fuera a los infieles. El acto revienta la estructura social judía. "¿Con qué autoridad actúa como policía del Templo?" la gente se preguntaría. Los sacerdotes lo ven como pura insolencia. "¿Quién es él para determinar el bien y el mal en el templo?" ellos se enfurecerían. Como no pueden tolerar su audacia, conspirarán para ejecutarlo.

¿Cómo debemos pensar en el celo de Jesús? Sin concesiones con los mercaderes del templo, encontraría igualmente intolerable nuestro aferramiento al poder, el placer, la fama o la fortuna. Nos pide que dejemos de lado esas actividades y le prestemos atención. Nos promete Jesús que encontraremos a Dios, nuestro Padre también, al seguir su camino. Es decir, debemos vivir con letra y coma los Diez Mandamientos que forman el corazón de la ley. Además, debemos amar a los demás tanto como a nosotros mismos.


El domingo, 28 de febrero de 2021

 EL SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

(Génesis 22:1-2.9-13.15-18; Romanos 8:31-34; Marcos 9:2-10)

La mujer estaba comentando en el Padrenuestro.  Dijo que era dispuesta aceptar todo lo que es la voluntad de Dios.  Pero – añadió – “que Dios no permita que algo malo pase a mis hijos”. Sin duda, Abraham tiene la misma actitud en la primera lectura.  La última cosa que quiere es que algo malo suceda a su hijo querido Isaac.

Los judíos llaman este pasaje de Genesis “la atadura de Isaac”.  Dicen que la historia es la más poderosa del libro. ¡Dios realmente pide a Abraham que mate a su propio hijo!  El texto cuenta también que la petición es una prueba.  Pero no especifica el propósito de tan prueba mórbida. Parece exagerada, realmente inconcebible de Dios. De todos modos, Abraham pasa la prueba. Muestra que es dispuesto a sacrificar aun a su propio hijo si Dios lo pide.

Nosotros cristianos tenemos otro modo para entender esta historia.  No es tanto una prueba de Abraham sino una parábola expresando el amor de Dios.  Tanto como pide a Abraham ofrecer a Isaac como sacrificio, Dios ha ofrecido a Su propio hijo al mundo.  Sin embargo, donde Dios es bueno y no permite que Abraham mate a su hijo, el mundo es cruel. Matará a Jesús por interferir en el orden establecido de la religión.  El evangelio nos da una vislumbre del ofrecimiento de Dios al mundo.

Jesús ha subido la montaña con tres discípulos.  Allí se transfigura de modo que los tres vean su divinidad.  Un comentador dice que no es tanto una transfiguración como una muestra de transparencia.  Los tres compañeros ven por la primera vez al fondo de Jesús y perciben su divinidad.  La ropa de Jesús poniéndose “esplendorosamente blanca” atestigua este hecho.  Se hace como el vestido del Anciano sentándose en su trono en el libro del profeta Daniel (Daniel 7,9).

Los discípulos necesitarán esta visión de la gloria durante la ordalía que viene.  Verán a Jesús capturado, juzgado, y ejecutado como un insurgente.  Ahora han sido asegurados para el futuro que no es un héroe falso sino el Hijo verdadero de Dios.  Nosotros necesitamos esta visión por otra razón.

Vivimos en tiempos cada vez más anticristianos.  Muchos si no tienen el miedo al menos no quieren reconocer públicamente su fe en Dios.  No vamos a ser buscados por ir a misa el domingo.  Pero vivir nuestra fe los otros seis días de la semana puede causarnos problemas.  Recientemente Twitter “congeló” la cuenta de un servicio informativo católico. La “ofensa” evidentemente era que reportó para sus lectores la noticia que el presidente Biden nombró a un hombre biológico que se identifica como una mujer transgénera a un alto oficio en el Departamento de Salud.  Dijo Twitter que la publicación del asunto constituyó “conducta odiosa”.  Probablemente por el clamor que creó, no duró mucho la congelación.  Todavía nos preguntamos por qué razón juzga la publicación del reporte como “odiosa”.  ¿No es noticia alarmante cuando un oficial alto piensa que pueda cambiar su género?  Ciertamente este oficial, como todos, merece el respeto como persona humana.  Pero debería preocuparnos cuando una persona que desafía la naturaleza de su propio cuerpo ocupa un puesto donde puede influenciar a muchos otros para hacer lo mismo.

En el pasaje Dios tiene un mensaje tanto para nosotros como para los discípulos.  Dice que Jesús “es mi Hijo amado; escúchenlo”.  Jesús nos manda que proclamemos de las azoteas lo que nos dice en privado.  Primero su mensaje es siempre el amor de Dios para todos.  Como dice san Pablo en la segunda lectura, Dios “está “dispuesto a darnos todo, junto con su Hijo”.  Segundo, tenemos que responder a este amor por no satisfacer nuestros antojos sino por darnos a los demás en el amor.

Desde el principio el reto para los cristianos ha sido cómo estar en el mundo sin ser del mundo.  Podemos expresar de otro modo este reto: ¿cómo podemos amar al mundo sin ser corruptos por el mundo?  Como saben los niños más astutos en las clases de la religión, la respuesta usualmente es “Jesús”.  Tenemos que reflexionar sobre los modos de Jesús para que pudiéramos practicarlos todos los días.

El domingo, 21 de febrero de 2021

 EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

(Génesis 9:8-15; I Pedro 3:18-22; Marcos 1:12-15)

Dicen que la Escuela de Ranger de Ejército es la prueba más dura para los líderes de soldados.  Se comprende de sesenta-uno días de entrenamiento para desarrollar las habilidades en batallas de fuego directo.  No solo el participante tiene que actuar difíciles maniobras, sino también tiene que funcionar con menos de cinco horas de dormida.  En la lectura evangélica hoy se ve Jesús sometiéndose a una prueba parecida a la Escuela de Ranger de Ejército.

Dice la lectura que Jesús está tentado por Satanás durante cuarenta días.  El Evangelio según San Marcos no explica las tentaciones.  Sin embargo, se puede decir que, teniendo una naturaleza humana, Jesús es tentado como todos los seres humanos.  Se le propone que considere sus propios deseos como prioritarios, más importantes que las necesidades de los demás.  Hoy día vemos este tipo de tentación en los reclamos de algunas gentes de ser vacunadas antes de los demás.  Más generalmente, se ve en la voluntad de tener casi todo según nuestro propio modo. 

La temporada de Cuaresma nos ofrece cuarenta días para ser probados junto con Jesús.  Deberíamos entenderla como un entrenamiento para vivir en un modo nuevo.  Jesús va a instruirnos cómo frenar nuestros propios deseos para servir a los demás.  Nos ayudará dejar los hábitos que nos debilitan.  Algunos están tan consumidos de tomar alcohol que los cocteles de la noche ocupen su atención todo el día.  Este tipo de persona debería considerar dejar de tomar alcohol durante los cuarenta días.  Otros son tan concentrados en su trabajo que terminar las tareas antes de acostarse asuma una prioridad suprema.  Sería provechoso para este tipo de persona que ponga más confianza en Dios por tomar el descanso necesario por su salud.

La segunda lectura provee otra clave para entender el significado de Cuaresma.  La Carta de Pedro compara las aguas del Bautismo con las del diluvio.  Como las aguas del diluvio entregaron a Noé y su familia del mundo penetrado con pecado, así las aguas del Bautismo nos han entregado a nosotros.  Durante la Cuaresma nos preparamos a renovar las promesas bautismales el domingo de Pascua.  Junto con los catecúmenos vamos a dedicarnos de nuevo a Cristo.  Podemos considerar las promesas como las aguas que no solo nos lavan del pecado sino también nos iluminan el camino cristiano.  Es como si las aguas se llevaran toda la contaminación del aire de modo que por la primera vez podamos ver adelante. 

Aunque no informa sobre las tentaciones desérticos, el evangelio cuenta de su resultado.  Dice que Jesús va para predicar la buena nueva.  “…el Reino de Dios ya está cerca – proclama Jesús – Arrepiéntanse y crean…”  Vale reempaquetar este mensaje para el mundo hoy y proclamarlo de nuevo.  Aunque hay iglesias en cada sector del pueblo, la gente no más vive adhiriendo la fe.  La mayoría de las personas piensa que es aceptable cohabitar antes de casarse.  Entretanto muchos niños viven sin ambos la madre y el padre en el hogar.  Nuestra sociedad necesita ahora más que nunca el mensaje de la voluntad de Dios para ella.

¿Cómo vamos a entregar el mensaje?  Muy pocos tienen la oportunidad de proclamarlo del púlpito.  Pero todos pueden predicarlo por dar buen ejemplo.  Podemos aprovechar de este tiempo de Cuaresma.  Si no podemos visitar a los enfermos, podemos apoyar las caridades que lo hacen.  En lugar de siempre comentar de las faltas de los demás, podemos señalar sus virtudes.  Los viernes podemos no solo abstener de carne sino preparar comidas sencillas como arroz y frijoles.  Si nos preguntan por qué, podemos responder que por el sacrificio queremos demostrar nuestro amor a Cristo.  También podemos cerrar la tele para leer el evangelio y pedir la ayuda de Dios por otras personas.

¿Recordamos el cine "Rocky"?  Cuando el protagonista comenzó el entrenamiento para el campeonato de boxeo, tenía mucha dificultad.  Hacer ejercicio en la madrugada era tan desafiador como nadar en aguas heladas.  Pero por el fin del tiempo se ha puesto como hombre viviendo en una manera completamente nueva.  Es así si nos aprovechamos de la Cuaresma como período de iluminación.  Por la Pascua seremos más bondadosos, más tranquilos, y más enamorado del Señor.

El domingo, 14 de febrero de 2021

 EL SEXTO DOMINGO ORDINARIO

(Levítico 13:1-2.44-46; I Corintios 10:31-11:1: Marcos 1:40-45)

Anticipamos problemas con la imposición de cenizas este miércoles.  A lo mejor algunos reaccionarán con el modo en que la hacemos.  Por el Covid, nosotros ministros hemos sido instruidos que no hagamos una cruz con cenizas en la frente.  En lugar del modo convencional, los obispos quieren que salpiquemos las cenizas sobre la cabeza.  Dirán los descontentos que no quieren ser privados de una costumbre antigua.  Reclamarán que les gusta demostrar su fe a todos por una cruz.

Sin embargo, los cristianos han demostrado su fe desde la antigüedad en otra manera.  Hay documentos históricos exhortando que los fieles practiquen su fe con actos de caridad.  Los verdaderos seguidores de Jesús escuchan y ayudan a los necesitados como si fueran él.  La santa Madre Teresa lo tenía correcto cuando dijo que los pobres son “Jesús en disfrace”. 

Las cenizas, formadas en una cruz en nuestra frente o salpicadas en nuestro pelo, indican otra cosa.  Dicen al mundo que somos pecadores.  Recordamos que uno de los dichos acompañando la imposición de cenizas es: “Arrepiéntete y crea en el evangelio”.  Hemos de arrepentirnos de nuestros pecados todos los días y particularmente durante los días de Cuaresma.  Las cenizas son como la letra escarlata “A” que una mujer lleva en su vestido en una famosa novela norteamericana.  Tiene lugar en una colonia puritana de Nueva Inglaterra hace 350 años.  Porque cometió adulterio, la mujer es obligada a reconocer su pecado a todos.  A lo mejor nuestros pecados no son tan graves como el adulterio, pero ofenden a Dios y socavan la misión de la iglesia a evangelizar.  Es sólo justo que los reconozcamos y compensemos.

Sin embargo, tratando tanto como podamos, se ha probado imposible compensar a Dios por nuestros pecados.  De hecho, seguimos deseando cosas perniciosas, sean vanidades que engríen el alma, placeres que miman el cuerpo, u odios que envenenan el espíritu. Solo Jesucristo, obediente a Dios desde el principio, puede hacer lo requerido para la salvación.  Por eso, tenemos que recurrir a él como el leproso en el evangelio. 

El leproso no exige nada a Jesús.  Le dice: “’Sí tú quieres, puedes curarme’”.  Él sabe que está en una situación lamentable y solo Jesús puede salvarlo.  Según la primera lectura, tiene que anunciar a donde vaya, “¡Soy impuro!” Así deberíamos reconocer nuestra condición.  Esto es el propósito de acudir al templo este miércoles.  Por recibir las cenizas, decimos al mundo: “¡Soy impuro!”

Podemos contar con Jesús para purificarnos.  Es Dios que vino al mundo para apoyarnos en nuestro apuro. Dice a nosotros tanto como al leproso: “’Sí, quiero: ¡Sana!’” Porque es Dios, justamente sus palabras logran lo que significan.  A nosotros hoy en día nos dice estas palabras por el Sacramento de Reconciliación. 

Deberíamos sentir el alivio inmediatamente.  Nuestros pecados no más van a arruinarnos.  Sin embargo, a Jesús le costará mucho.  Sufrirá el suplicio de la cruz por nuestros pecados.  Vemos un ensayo de este sufrimiento en este pasaje.  Dice que el leproso curado “comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, …”  Antes era el leproso que no podía entrar a ningún pueblo abiertamente.  Ahora es Jesús cuyo movimiento es restringido.  Como con nuestros pecados, Jesús toma la carga del leproso en sus propios hombros.

El miércoles comienza la temporada de Cuaresma.  Emprenderemos un peregrinaje no solos ni solamente con los fieles dentro de la iglesia.  Más bien marchamos con Jesús mismo.  Está para apoyarnos en nuestro empeño de mostrar nuestro amor a Dios Padre.  Esto hacemos en tres modos. Nos privamos de algunos bienes para mostrar que somos arrepentidos de nuestros pecados.  Ayudamos a los pobres que son los amigos especiales de Dios.  Y le contamos de nuestro afecto en la oración.  

El domingo, 7 de febrero de 2021

 EL QUINTO DOMINGO ORDINARIO

(Job 7:1-4.6-7; I Corintios 9:16-19.22-23; Mark 1:29-39)

Un día en la vida de Iván Denísovich es novela escrita por el autor ruso Alejando Solzhenitsin.  Sigue las actividades de un prisionero en un gulag, el campamento prisión ruso en Siberia.  Describe las penas de vivir en tal lugar como la dificultad de poner ladrillos con motero congelándose. Incluye algunas alegrías pequeñas como cuando encuentra el héroe un pedazo de metal que podría fabricar en una herramienta. Encontramos en el evangelio del domingo pasado y hoy algo semejante.  El evangelista Marcos describe un día en el ministerio de Jesús.

La historia comenzó con Jesús entrando la sinagoga en Cafarnaúm.  Allí echó un espíritu inmundo de un hombre inmundo.  Parece que el espíritu era la ignorancia que el maestro Jesús podía dominar.  Nos sentíamos agradecidos de tener la fe en tal gran maestro como Jesús.  Sus enseñanzas nos traen la esperanza.

Hoy lo apreciamos por su simpatía con la gente.  Cura primero a la suegra de Simón. Entonces no falta a ayudar a muchos otros afligidos.  Se puede decir que sus curaciones extienden su predicación en el nivel práctico.  Siempre su mensaje proclama el amor de Dios para el pueblo.  Ahora muestra este amor por aliviar las cargas que llevan los hombres y mujeres.

Curiosamente cuando otros tratan de identificar quien es Jesús, no lo permite.  Cuando el espíritu inmundo lo llama “el santo de Dios”, el responde: “’Cállate…’”  Más allá en el evangelio Pedro lo nombrará "el mesías".  Jesús responderá por decir a los doce que no deben decir esto a nadie.  Solo cuando muere en la cruz, puede ser revelado su identidad completa.  Al verlo sufrir sin maldecir a nadie, el centurión romano dice: “’De veras, este hombre era Hijo de Dios’”.

Se llama el esfuerzo del evangelio para encubrir la identidad de Jesús el “secreto mesiánico”.  Parece que se guarda el secreto para que no malentiendan a Jesús los hombres.  Si supieran que es Hijo de Dios, lo tratarían a coronarlo rey.  Aún peor, formarían un ejército para echar a los romanos de Israel.  Pero el Hijo de Dios no vino para ser adulado como un rey temporal ni llegó para derrotar ejércitos foráneos.  No, su misión, la voluntad de Dios su Padre, es vencer el pecado.  Cuando lo ven sufriendo en la cruz, muriendo y resucitado de entre los muertos, pueden comprender su misión. 

Hoy en día muchos que no conocen la historia de Jesús tendrían otro propósito si tuvieran al hijo de Dios en su medio.  Lo echarían la culpa por permitir Covid y todas las demás maldades que afligen al pueblo.  Por eso, muchos se burlan de cristianos por creer en un Dios que no les salva de guerras, pandemias, y otras catástrofes. 

¿Cómo podríamos responder a estas críticas?  En primer lugar, tenemos que afirmar la bondad de Dios.  Él nos da la vida, la familia, y muchos otros beneficios que a menudo se toman por dadas.  Segundo, tenemos que darnos cuenta del precario en que nos encontramos por el don del libre albedrío.  Los hombres pueden tramar muchos líos solos.  Sin embargo, no están solos sino existen fuerzas espirituales oscuras que multiplican la maldad en el mundo.  Nos hace falta la ayuda de Jesús si vamos a hacer frente a estos espíritus malos.  Finalmente, sabemos que el mal no va a vencer.  En el fin de cuentas Dios, que ya ha conquistado el mal por la obra de Jesús, volverá todas las cosas bien.

En el intermedio es de nosotros para creer en Jesús y seguir su voluntad.  Pablo dice en la segunda lectura hoy: “’¡Ay de mí si no anuncio el evangelio!’”  Queremos da eco a Pablo diciendo, “¡Ay de nosotros si no vivimos el evangelio!”

El domingo 31 de enero de 2021

 EL CUARTO DOMINGO ORDINARIO,

(Deuteronomio 18:15-20; I Corintios 7:32-35; Marcos 1:21-28)

El otro día hubo en el diario la reseña de un libro de ciencia.  El reseñador elogió al autor.  Dijo que es excepcional.  No solo puede el autor explicar conceptos complicados como materia oscura.  También con su premio nobel es autoridad probado.  Este autor parece semejante a Jesús en el evangelio hoy.

Es sábado, el día dedicado al Señor.  Los judíos acuden a la sinagoga para aprender de Dios y darle alabanza.  Jesús entra el lugar.  No se dice si él es un maestro regular o viene como huésped.  De todos modos, comienza a enseñar.  Como si él tuviera doctorado de Salamanca, sus palabras llaman la atención de todos. 

Entonces el grito de un demonio interrumpe la instrucción de Jesús. Nosotros escuchamos siempre en los evangelios referencias a los demonios.  A muchos, les parecen como caducados hoy en día.  Pero no es que los demonios en los evangelios pierdan significado.  Ahora tenemos una vislumbre en el significado de al menos un tipo de demonio.  Este demonio representa la falta de educación.  El demonio que el maestro Jesús ordena fuera del hombre es la ignorancia, la tontería, y la superstición. 

Antes de dejar al hombre, el demonio revela quien es Jesús.  No es maestro ordinario sino “el santo de Dios”.  Para apreciar lo que quiere decir esta frase, deberíamos recurrir a la primera lectura.  Según Deuteronomio Dios ha prometido a Israel a un profeta que hablará de parte de él.  Tendrá las propias palabras de Dios en su boca.  El “santo de Dios”, eso es Jesús, es el profeta prometido a Moisés muchos siglos anteriormente.

Las palabras de Jesús queman en los corazones de la gente.  Resuenan con la verdad dura que llama la atención de nosotros también.  ¿No es cierto lo que dice en la montaña: “’Quien mira a una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio con ella en su corazón’”?  Asimismo, Jesús habla con claridad.  No necesita hacer largas explicaciones citando múltiples pasajes de las Escrituras.  De hecho, en distintas ocasiones, las palabras de Jesús corren en contra del Antiguo Testamento.   Dice, por ejemplo: “’No hay nada fuera del hombre que al entrar en él pueda contaminarlo; sino que lo que sale de adentro del hombre es lo que contamina al hombre’”.  Como la gente en la sinagoga de Cafarnaúm, tenemos que decir: “’ Este hombre tiene autoridad para mandar…’”

Hoy día se puede decir la misma cosa de la Iglesia.  La Iglesia enseña con la autoridad porque aplica lo que dijo Jesús al tiempo actual.  Como con Jesús, en muchos casos, las enseñanzas de la Iglesia van en contra del corriente del mundo.  Así son sus enseñanzas sobre el aborto y los anticonceptivos.  El Papa Francisco ha sido contundente también con la doctrina social.  Dice en el título de su carta encíclica más reciente, “Todos hermanos y hermanas”, “Fratelli Tutti”. Dentro de la carta el papa explica lo que Jesús nos tendría hacer.  Jesús nos obligaría hacernos amigos de los inmigrantes. Querría que extendamos la mano para ayudarles hallar una vida libre de acoso.  El papa no quiere crear el desorden.  Insiste que existen medios en nuestro alcance para aliviar el sufrimiento de muchos inmigrantes.

La migración humana presenta a los países ricos un reto. No importan los muros que construyen ni los aparatos que utilizan para frenarla.  La inmigración continuará.  En lugar de resistirla con grandes costos a la vida tanto físico como espiritual, tenemos que acomodarla.  El papa Francisco nos enseña que los inmigrantes son nuestros hermanos y hermanas.  De alguna manera, tenemos que acomodarlos en nuestro medio.

El domingo, 24 de enero de 2021

 EL TERCER DOMINGO ORDINARIO(Jonás 3:1-5.10; I Corintios 7:29-31; Marcos 1:14-20)

Un día hacia al fin de este año voltearemos a nuestro vecino en la misa para sacudir su mano.  Tomaremos la Sangre de Cristo de la copa.  Y veremos las sonrisas en las caras de los niños en la iglesia.  El virus Corona-19 será arrestado. Podremos regocijarnos en el Señor.  En el evangelio escuchamos del arresto de Juan que lanza otra cadena de buenas noticias.

Se trata Juan en este evangelio de Marcos como el último profeta de Israel.  Como Isaías y Amós Juan ha predicado la justicia a los grandes y pequeños.  Aun ha enfrentado al rey Herodes con la verdad inconveniente.  Su arresto significa el fin de la época antigua.  Jesús dice la verdad: “’Se ha cumplido el tiempo’”.

La nueva época introduce el Reino de Dios.  Es decir que el amor de Dios Padre ya no quedará como memoria.  No será solo la historia de la victoria sobre el faraón o las hazañas de David.  Más bien será tan palpable como el calor del hogar cuando las temperaturas bajan a cero.  Dios va a acariciar a todos los hombres y mujeres porque somos creados en Su imagen.  Como decía una canción popular: “Tiene a ti y a mí, hermano, en sus manos…tiene el mundo entero en sus manos”.  Podemos descansar seguros ahora porque ha venido Dios.

Pero antes de que descansemos tenemos que cumplir el mandato de Jesús: “’Arrepiéntanse y crean en el evangelio’”.  En otras palabras, tenemos que dejar el egoísmo y codicia para cuidar a los demás.  Tenemos que proteger la dignidad de cada persona, particularmente a los más vulnerables.  Una religiosa cuenta de su padre que era médico ginecólogo.  Un día la hija preguntó a su padre si jamás ha actuado un aborto.  Respondió: “Sí”.  “¿Cuántos?” ella preguntó de nuevo.  “Al menos una docena cuando estaba en mi residencia – dijo él – entonces algo me pasó que me hizo cesar.  Después de hacer un aborto un día, fui a contar a la hermana de la paciente que se acabó la cirugía.  Antes de que pude irme, ella me preguntó si ello estaba vivo.  Supe que si respondí “no’, habría sido una mentira, y si respondí ‘sí’, acabé de matar a alguien.  Fue el último aborto que hice”.

Eventualmente el médico se hizo católico y discernió el llamado para tratar a sus pacientes según las enseñanzas de la Iglesia.  Fue a entrenar en una ciudad lejos de su lugar de origen.  El cambio significó una reducción drástica de ingresos, pero pareció la voluntad de Dios.  Era como los hermanos pescadores en el evangelio.  Simón y Andrés y Santiago y Juan reciben un llamado de Jesús que implican grandes sacrificios.  Simón y Andrés dejan sus redes, eso es su sustento.  Santiago y Juan dejan a su propio padre en el barco. 

Jesús les dice a los pescadores que serán “’pescadores de hombres’”.  Va a enseñarles como llamar a otros al reino de Dios.  No cesa llamando con los apóstoles sino nos llama a nosotros hoy día.  ¿Puede ser que nosotros somos llamados a contar a los demás del amor de Dios?  ¿Por qué no?  Al mundo le hace falta oír que el amor de Dios alcance a cada persona humana.  El alcance incluye a los fetos abortados y también a sus madres.  De alguna manera tenemos que transmitir a las mujeres que han procurado abortos que todavía Dios las ama.  Tenemos que informarles que, si reconocen el aborto como error, Dios les perdonará de modo que tengan la paz.

El aborto divide los partidos políticos y cada vez más las religiones.  No va a irse pronto.  Como discípulos de Jesús, tenemos que defender la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.  Pero no queremos enajenar a nadie.  Más bien queremos ser pescadores de los demás por extenderles la reconciliación.  Sí es difícil, pero tenemos a Jesús como maestro.