El domingo5 de marzo de 2023

 

EL SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

(Génesis 12:1-4; II Timoteo 1:8-10; Mateo 17:1-9)

La palabra hebrea Shemá nombra uno de los pasajes más conocidos en el Antiguo Testamento.  Se encuentra en Deuteronomio, el libro en que Moisés comparte sus consejos finales para el pueblo Israel.  La palabra misma significa “escucha”.  Israel siempre tiene que escuchar bien lo que diga el Señor.  En la primera lectura se le encuentra a Abram haciendo exactamente eso.

Cuando habla con Abram, Dios está poniendo en acción su plan para redimir al mundo.  Desde que Adán y Eva comieron la fruta prohibida ha habido una decadencia en la bondad humana. Uno de sus hijos asesinó al otro.  Después de algunas generaciones la situación deterioró tanto que Dios decidió comenzar de nuevo.  Mandó un diluvio para destruir la tierra salvo al justo Noé, su familia, y una pareja de cada tipo de animal.  Pero esto no resolvió el problema.  Pronto después de la segunda creación los hombres de Babel trataron de ganar fama al construir una torre que retaría a Dios en el cielo.  Ahora con Abram Dios intenta una estrategia nueva.  Formará un pueblo santo de la estirpe de Abram que enseñará al mundo sus modos. 

Abram tiene que escuchar a Dios con cuidado.  El proyecto le costará mucho.  A los setenta y cinco años, Abram tiene que dejar su patria para trasplantarse en una tierra foránea.  Sin embargo, como hombre de fe, Abram no demora llevar a cabo los órdenes que se le ha dado.

En el evangelio Dios les manda a Pedro, Santiago, y a Juan que escuchen a Jesús, su hijo. Jesús está para inaugurar el cumplimiento del plan de Dios.  Por su entrega a las manos de los judíos, su pasión, y su resurrección de entre los muertos Jesús quitará del mundo el pecado primordial.  Él mismo será la cabeza del pueblo redimido de Dios.  Sus discípulos tienen que ser asegurados ahora que su pascua no resultará en su derrota.  Más bien, ella manifestará su victoria sobre la muerte y regenerará a ellos como hermanos y hermanas suyas.

El otro día un artículo en el periódico indicó la preferencia humana de oír lo que quiera más que escuchar bien. El autor, que se identifica como “pagano forever” (eso es, “pagano para siempre”), critica la Biblia por su extrema violencia y sexo.  Pero se refiere solo al Antiguo Testamento: las historias de la prueba de Abrahán, el cautiverio de Jonás dentro de la ballena, y las muchas mujeres que tuvo David.  No menciona nada de aquel que todo el compendio de la maldad está apuntando.  Jesucristo es la persona más destacada en la Biblia.  Es el maestro supremo de la justicia y el redentor de todo pecado humano. Él nos enseña cómo superar los vicios mediante la oración y el sacrificio del yo.  Al enviarnos su Espíritu, nos fortalece el corazón y nos ilumina la mente para superar cada mal que nos enfrente.

Sí es difícil escuchar a Jesús con tantas voces contándonos que hacer.  Mucha gente quiere contarnos de que consiste la vida buena.  Y muchas publicidades nos traten de atraer con cosas sin las cuales supuestamente no podemos vivir.  Pero sabemos en nuestro interior que hay solo una voz que vale nuestra atención completa.  Dios nos habla en la Biblia, particularmente por Cristo en los evangelios.  Solo a él deberíamos presta atención completa.

PARA LA REFLEXIÓN: ¿Acerca de qué áreas de tu vida tienes dificultad escuchar a Dios?  ¿Cómo vas a resolver esta dificultad?


El domingo, 26 de febrero de 2023

 EL PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

(Génesis 2:7-9.3:1-7; Romanos 5:12-19; Mateo 4:1-11)

Miren a la gente en la misa contigo.  La mayoría de ellos probablemente tienen canas, al menos a las raíces de su pelo.  En grandes números ambos jóvenes y adultos han abandonado asistir la misa.  No pocos de estos consideran a aquellos que acuden a la iglesia supersticiosos.  Y si los que asisten la misa expresan dudas sobre el aborto, matrimonio gay, o reparaciones por la esclavitud, ellos les consideren como chauvinistas y racistas. 

A pesar del sospecho del mundo, sabemos que ser cristiano católico practicante no nos perjudica.  Al contrario, es nuestra salvación y la salvación del mundo de las ideologías perversas como el comunismo o el hedonismo.  Pero ¿somos cristianos dignos del nombre?  Eso es, ¿somos hijos e hijas verdaderas de Dios?   Podemos probarnos así junto con Jesús en el evangelio hoy.  No dudemos que el demonio nos tienta todos los días como tienta a Jesús aquí.

El diablo nunca nos ofrece pecado como algo destructivo.  Más bien, siempre nos presenta algo malo bajo una semejanza buena.  En la primera lectura la serpiente le ofrece a la mujer el fruto prohibido enfatizando que al comerlo se haría sabia.  Jesús tiene gran hambre cuando el demonio se le atreve a cambiar las piedras en pan.   De la misma manera nos atrae a satisfacer nuestros anhelos desmesurados para comida, bebida y el placer sexual.  Jesús rechaza la oferta del demonio porque da mayor importancia a atender la palabra de Dios Padre que al comer.  Siguiendo a él, nosotros debemos recordar la necesidad de la moderación en cuestiones del apetito.

El diablo no solo tienta nuestras necesidades físicas sino también nuestras ansiedades más profundas. Toda persona humana quiere asegurarse de que Dios está presente para salvarla cuando se siente desesperada.  En situaciones que nos exigen extremo sacrificio personal nosotros cristianos esperamos que Él nos protege.  Una mujer recuerda cómo sentía vacía y perdida cuando recibió noticias que sus dos hermanos tuvieron un accidente vehicular.  El choque mató a uno e hirió gravemente al otro.  Ella no tuvo paz interior hasta que recibiera el consuelo que Dios permite estos trastornos para producir algo mejor.   En la segunda tentación el demonio tienta a Jesús a matarse para asegurar a sí mismo del amor de Dios Padre.  Pero Jesús sabe que el amor del Padre es infinito de modo que siempre le cuide.

Finalmente, el demonio tienta a Jesús con el poder.  Dice que le concederá la soberanía sobre el mundo a cambio de un acto sencillo de adoración.  Pero Jesús sabe que el poder buscado por sí mismo solo corrompe.  No demora nada en ahuyentar al demonio de su presencia.  Nosotros no somos tan perspicaces.  El poder nos atrae mucho.  Queremos forzar el tributo, el respeto, aún el amor de otras personas.  Por eso, la violencia doméstica sigue rasgando familia tras familia.  Debemos resolvernos que cualquier poder que tengamos será usado para el mejoramiento de los demás, jamás para perjudicarlos.

En el desierto de Arizona alrededor de la ciudad de Yuma, el ejército americano tiene un polígono de pruebas.  El calor y aridez hacen las condiciones brutales, al menos durante el verano.  Las tropas que soportan el entrenamiento se prueban listos para el combate. La Cuaresma nos provee un tipo de polígono de pruebas.  Nos prepara a resistir las tentaciones del diablo.  De igual importancia nos capacita a contribuir a la salvación del mundo.  En estos cuarenta días de auto entrega a Dios, nos probamos como sus verdaderas hijas e hijos.

PARA LA REFLEXIÓN: ¿Qué te tienta lo más?  ¿Cómo te ayuda Dios superar la tentación?

El domingo, 19 de febrero de 2023

 EL SÉPTIMO DOMINGO ORDINARIO

(Levíticas 19:1-2.17-18; I Corintios 3:16-23; Mateo 6:38-48)

Estamos para comenzar un viaje de cuarenta días.  No es marcha individual, ni familiar, ni siquiera de la comunidad local.  Este viaje incluirá a todos miembros de la Iglesia a través del mundo.  Es el retiro anual de cuaresma que nos conducirá a nuestro salvador en Jerusalén hace dos mil años.  Como un gesto de solidaridad de caminante se nos ha dicho que no comamos la carne los viernes durante los cuarenta días.  También, deberíamos apoyar a uno a otro en nuestros actos individuales de autoabnegación.  Algunos estarán renunciando chocolates para la cuaresma.  Otros, tal vez más rigurosos, dejarán su porción diaria de café.

Hacemos el retiro cuaresmal con toda la Iglesia porque Dios nos ha llamado para formar su pueblo reconstituido.  Seremos asemejando a los israelitas en la primera lectura.  Ellos viajan por el desierto cuarenta años para que Dios pueda formarlos como su pueblo especial.  Tienen que aprender cómo ser santos como él; eso es, justos y veraces, prudentes y, sobre todo, misericordiosos. El motivo de esta formación es más que la edificación de individuos.  Más bien Dios quiere usarlos, y ahora nosotros, para instruir al mundo sus modos. 

Es cargo bastante difícil para cumplir, particularmente cuando se considera la tendencia humana de pecar.  Necesitamos la ayuda de Dios sin la cual estaríamos tan perdidos como caminantes en una tormenta desértica.  La ayuda nos vendrá precisamente como resultado del viaje cuaresmal.  Como Pablo dice en la segunda lectura, nos forma Dios como el “templo del Espíritu Santo”.

Este título implica tareas tanto dentro como fuera de la comunidad.  Primero, afuera, se deja específicamente a los laicos para transformar el mundo según el evangelio.  Lo hacen por vivir sus vidas en modos demostrativos del Espíritu Santo.  Una maestra de Kindergarten acude a sus niños preparada y entusiasmada acerca de su trabajo.  Un dueño de quiosco de café da al desamparado el desayuno.  Estos actos pequeños siembran semillas del Reino.  Aunque no es obligatorio, muchos laicos tienen ministerios dentro de la iglesia.  Enseñar el catecismo, que han hecho por siglos, tanto como leer la Palabra de Dios y distribuir la Santa Comunión en la misa se cuentan como ministerios.

Cristo nos pone en el viaje cuaresmal hoy con la parte del Sermón del Monte que lo más anticipa nuestro destino.  En el Reino de Dios no vamos a experimentar enemistades.  Más bien todos trataremos a uno a otro con el amor.  Como discípulos de Jesús hemos de practicar este amor universal en nuestras vidas diarias.  La cuaresma nos sirve como entrenamiento.  Primero, debemos condicionarnos para no reaccionar defensivamente cuando otras personas nos maltratan.  Esto no es cuestión de permitir a un matón golpearnos sino de no preocuparnos de cómo aparecemos a otras personas.  En lugar de volver insulto por insulto y golpe por golpe, dejamos a la otra persona maravillando cómo el Espíritu Santo nos ha rendido pacíficos y bondadosos en medio de amenazas e insultos. 

En cuanto al amor del enemigo recordémonos del Mahatma Gandhi, el líder indiano del siglo pasado.  En el cine contando de su vida un hindú acude a él diciendo que va al infierno.  Preguntado por qué, el hombre dice que después de que los musulmanes mataron a su hijo, él mató a un niño musulmán.  Gandhi le dijo que podría salvarse del infierno por adoptar a un huérfano musulmán y criarlo como fuera su propio hijo, pero como un musulmán.  Gandhi nunca se bautizó.  Sin embargo, en su autobiografía escribió que tuvo mucho afecto para Jesús después de leer el Sermón en el Monte.

Parece que muchos católicos piensan que es suficiente acudir a la iglesia el Miércoles de Ceniza para cumplir su obligación de cuaresma.  Pero las cenizas sirven solo como los tenis para el viaje cuaresmal.  En la ruta vamos a enfrentar varios tipos de retos.  Con nuestros ojos fijados en Cristo crucificado no vamos a desfallecer ante ellos.  Más bien, terminaremos más conformados a él.  Seremos hechos, tan raro como suene, santos.  Seremos santos para mostrar al mundo la maravilla de Dios.

PARA REFLEXIÓN: ¿Qué sacrificio voy a hacer durante la Cuaresma?

El domingo, February 12, 2023

 SIXTH SUNDAY IN ORDINARY TIME, February 12, 2023

(Sirach 15:16-21; I Corinthians 2,6-10; Matthew 5:17-37)

En el evangelio hoy Mateo presenta a Jesús como el legislador divino.  Para los judíos este punto de vista es peor que un ultraje.  Es blasfemia.  Solo hay un Dios, y su ley es eterna.  Sin embargo, Mateo no retira de su posición.  Cita a Jesús diciendo que, si se traspasa una coma de su ley, será pequeño en el Reino.  Vale la pena tomar a pecho este evangelio paraque tengamos lugar cerca de él en el Reino. 

Aunque es legislador, Jesús no intenta a recomponer la ley.  Será una "ley nueva" no por muchas añadiduras sino por el Espíritu Santo que acompañará a aquellos que la practiquen.  Su propósito es llevar la ley a plenitud por eliminar las posibilidades de cumplirla a medias.  No más se permitirán mentiras piadosas.  Según Jesús, vamos a decir la verdad o vamos a decir completamente nada.  Presenta seis intensificaciones de la ley que distinguirán a los verdaderos herederos del Reino de aquellos cuya sola preocupación es ser vistos como “buenos”.

En primer lugar, según Jesús no es suficiente que no asesinemos a nadie.  Para ser un hijo o hija de Dios tenemos que evitar toda forma de insulto y maldición contra otros miembros de la comunidad.  Porque somos hermanos y hermanas en el Señor cada uno merece nuestro respeto.  Entonces, ¿somos permitidos a difamar a personas fuera de la comunidad de fe?  Por supuesto no, porque todavía somos “luz del mundo” llamados a atraer a otras personas a Cristo.  Muchas veces queremos hacer chistes que menospreciar a atrás personas para ganar la admiración de los demás.   Jesús nos diría que es infinitivamente más provechoso ganar el favor de Dios.

Tampoco es suficiente que no cometamos adulterio.  Para ser hijo de Dios tenemos que superar el deseo del corazón para otras mujeres o, para las damas, otros hombres.  Esta intensificación de la ley menciona a personas casadas desde que el matrimonio es alianza que se hace ante Dios.  Sin embargo, se aplica en forma reducida a los no casados.  Según un dicho, “una mujer es vieja cuando lo mira; un hombre es viejo cuando deja de mirar”. Jesús está indicando que tales dichos no son la sabiduría que nos conduce a la vida eterna.  Más bien son tontería que nos lleva a la muerte eterna.

No basta tampoco buscar un motivo adecuado en los ojos del mundo para divorcio.  Para los hijos de Dios no hay salida de la sagrada alianza del matrimonio hasta la muerte.  Más adelante en el evangelio Jesús dará la justificación de este cambio que era tan chocante en su día como es ahora.  Dirá que la intención de Dios es clara en Genesis que dice que la mujer y el hombre no más son dos sino una sola persona.  La supuesta excepción que da, la unión ilegítima, es decir que el matrimonio nunca existió.  Tenemos esta situación en cuenta cuando hablamos de la anulación.

Finalmente, Jesús dice que no es suficiente que no juremos falsamente.  Nosotros discípulos no deberíamos hacer ningún juramento.  Jesús quiere que evitemos toda forma de manipular a Dios.  Diría “¿quién son ustedes para llamar a Dios que atestigüe al valor de sus palabras?” Desafortunadamente, los cristianos siguiendo san Pablo en la Carta a los Romanos (1,9) siempre han tomado juramentos.  Entonces, ¿qué deberíamos hacer?  Tal vez podemos refrenar de tomar juramentos sin culpar a otras personas que siguen la costumbre antigua.

Es cosa retadora ser cristiano.  Muchos que han emprendido el camino lo han dejado.  Jesús nos reta ser perfectos como Dios Padre.  El llamado a la perfección no debe ser motivo de diluir la fuerza de sus mandatos como aplicando solo a los más robustos religiosos o por decir que no es sano el perseguimiento de la perfección.  Debemos aprovecharnos del recurso que Jesús mismo ofrece en este Sermón en el Monte.  Rezamos en primer lugar que el Espíritu Santo nos ayude en la lucha.  También rezamos que Dios sea misericordioso cuando nos encuentre fallando.

PARA REFLEXIÓN: ¿He hecho excusas para desviar del camino a la perfección que Jesús traza en este evangelio?

El domingo, 5 de febrero de 2023

 QUINTO DOMINGO ORDINARIO

(Isaías 58:7-10; I Corintios 2:1-5; Matthew 5:13-16)

Un grupo de jóvenes solían ir a la cárcel cada domingo.  No eran criminales sino universitarios.  Visitaban a los encarcelados para ofrecerles el apoyo.  Cuando los vio viniendo, uno de los guardias siempre hizo un comentario sarcástico.  Dijo a sus compañeros: “Aquí están los bienhechores ingenuos” de nuevo.  Los jóvenes no le hicieron caso a su detractor.  Sabían que estaban allí cumpliendo el plan de Jesús en el Sermón en el Monte.  El domingo pasado escuchamos las bienaventuranzas trazado al comienzo del discurso contando de los fines de la vida.  Hoy oímos lo que sigue, una descripción con imágenes poderosas de lo que los cristianos hay de ser.

Primero, Jesús llama a sus discípulos “la sal de la tierra”.  La sal no es nada si no es útil.  Aun hoy en día usamos cloruro de sodio en varias maneras.  Entre otras, lo ponemos en comidas para acrecentar su sabor.   Además, en climas fríos se usa para derretir el hielo en los caminos.  En tiempos pasados la sal era aún más ventajosa.  Los antiguos la usaban para preservar sus productos perecederos, para sanar sus heridas, aun para sellar sus compactos.  Por ocupar el término en su Sermón, Jesús está indicando que sus discípulos deben ser serviciales a otras personas.  Además de demostrar el amor, él sabe que ayudando a los demás, van a atraer a los muchos a la comunidad de fe.

La sal puede tener cien usos, pero el uso principal de la luz es diez veces más valioso que cualquier uso de la sal.  La luz facilita la vista y, por eso, al menos metafóricamente el entendimiento y la sabiduría.  Siendo la luz del mundo, los discípulos mostrarán cómo Jesucristo nos lleva a una vida más cumplidora.  Es vivir de tal manera que todo el mundo quiera imitar nuestros modos, incluso, como indica Jesús, dando alabanza a Dios Padre. 

Una vez una mujer telefoneó el obispado de su diócesis.  Pidió hablar con un sacerdote. Conectada a uno, le dijo que quería hacerse católica.  Cuando se le preguntó por qué, ella contó de una católica que trabajaba con ella.  Dijo que la compañera era persona tan buena que quería ser como ella.  Ciertamente la compañera sirvió como una luz en nuestro mundo que a veces parece lleno de tinieblas. 

San Pablo en la segunda lectura hoy indica lo que nos impide ser sal y luz.  Dice que llegó a Corinto sintiendo débil y temblando de miedo.  Asimismo, nosotros sentimos temeroso cuando pensamos en ayudar a otras personas, al menos a los no conocidas.  Tememos que vayamos a terminar engañados o, al menos, privados de nuestra rutina que nos provee un `poco de tranquilidad.  Si Pablo describe nuestro dilema, también prescribe su remedio.  Tenemos que poner nuestra confianza no en nuestras habilidades sino en el poder de Jesucristo.  Rezando a él, no vamos a fallar.  Al contrario, vamos a traer a otros a él mientras asegurar nuestro destino.

Existe una organización que literalmente se identifica con la apelación de Jesús en este evangelio.  Llamada "Luz de Amor", la organización ayuda a los ciegos.  Los miembros transportan a los que han perdido vista a cumplir sus tareas.  También enseñan a los ciegos cómo vivir felizmente con su discapacidad.  No sorprende que la organización recibe el apoyo de una comunidad cristiana.  Debe aspirar todo cristiano ser una "luz de amor".

El domingo, 29 de enero de 2023

 CUARTO DOMINGO ORDINARIO

(Sofonías 2,3.3,12-13; I Corintios 1,26-31; Mateo 5, 1-12ª)

Poca gente quiere ser santos.  La mayoría piensan en la santidad como aburrida.  Dicen que preferirían ser alegres y aventureros como si no hubiera santos muy alegres y bastantes aventureros.  Una cosa segura es que Jesús ha enseñado que no se puede entrar en el Reino de Dios sin ser santo.  Ha llamado a todo el mundo a la santidad.  Por eso, un famoso autor católico una vez dijo: “La única tragedia en la vida es no llegar a ser santo”. 

Las bienaventuranzas del evangelio hoy sirven como una descripción de la santidad.  Se ponen en el principio de Sermón en el Monte para indicar la meta de la moralidad cristiana.  Los santos son “pobres de espíritu”.  “Lloran” por sus pecados y los pecados de otros.  Son también “sufridos”, humildes, o mansos, depende de la traducción de nuestra Biblia.  Estas primeras tres bienaventuranzas muestran que la santidad se arraiga en la humildad.  En contra del nuestro modo de pensar, la pobreza de espíritu no es faltar la autoestima.  Más bien, es reconocer a nosotros mismos como hijos e hijas de Dios, el Padre, siempre confidentes en su protección.  Una vez un misionero visitó a una aldea en las montañas de Honduras.  Porque era el día después de Navidad, les preguntó a los niños de los campesinos acerca de sus presentes navideños.  Cada uno respondió que su presente fue un regalo para el niño Jesús, no de lo que recibió de Santa Claus.  Contaron cómo iban a rezar más a Jesús o a atender con más empeño a sus tareas caseras.  Esto es la verdadera "pobreza de espíritu".

San Agustín reconoció la importancia primordial de la humildad cuando escribió: “Si me preguntaran cuales son los caminos de Dios, les diría que el primero es la humildad, el segundo es la humildad, y el tercero es la humildad”.  En otras palabras, si no cultivamos la humildad, somos perdidos.  San Pablo se pondría de acuerdo. En la segunda lectura él exalta la humildad como la estrategia de Dios para salvar al mundo.  Dice que Dios no escogió a los ricos y cultos sino a los débiles para mostrar el poder de la cruz de Cristo. 

Además de ganar la vida eterna con la humildad, podemos dar otros motivos para humillarnos.  Lo más significativo es que estamos imitando a Jesús.  Como Pablo escribe a los Filipenses el Hijo de Dios se despojó de la divinidad para asumir la condición humana.  También la humildad fomenta la cooperación entre personas.  En un discurso famoso de un drama de Shakespeare, el rey Enrique V de Inglaterra ganó el apoyo de sus tropas por hablarles con la humildad.  Eran muy inferiores del enemigo en número, pero por haberles llamado sus “hermanos”, ellos prevalieron.  Finalmente, queremos ser humildes porque es muy posible que la otra persona es más cumplida que nosotros.  Todos hemos tenido la experiencia de juzgar mal la capacidad de otra persona posiblemente causándonos vergüenza y a la otra persona insulto. 

Una de las pasiones más formidables nos hace resistir ser humildes.  Por el orgullo nos encanta pensar en nosotros mismos como más bonitas, inteligentes, o fuertes que los demás.  Es el trabajo del diablo que nos consideramos a nosotros como entre los mejores sin necesidad del apoyo de otra persona.  Si el diablo es exitoso en esta empresa, quedaríamos aislados, engañados e inclinados a hacer algo atroz.

Entonces ¿cómo podemos evitar el orgullo y llegar a la santidad?  Primero, como dice San Pablo en la misma Carta a los Filipenses, consideremos a los demás como superiores a nosotros mismos.  De hecho, en un aspecto u otra, son.  Segundo, seamos dispuestos a perdonar las faltas de otras personas.  Más allá en el elenco de bienaventuranzas, Jesús resalta la misericordia.  Esta disposición nos permite asumir los sentimientos de los demás de modo que sea más probable que los perdonemos.  Finalmente, la humildad, tan desafiante en este mundo penetrado con Facebook and Instagram, requiere la oración.  Tenemos que rezar todos los días: “Hazme humilde como tú, Señor”.

El domingo, 22 de enero de 2023

 TERCER DOMINGO ORDINARIO

(Isaías 8:23-9:3; I Corintios 1:10-13.17; Mateo 4:12-17)

Puede ser Galilea la región de donde vino Jesús, pero no era considerado la tierra santa.  Al contrario, en tiempos bíblicos Galilea estaba bajo de una nube de sospecho.  Isaías en la primera lectura hoy y Mateo en el evangelio cuentan por qué.  Dicen que Galilea es el "distrito de los paganos".  Los no judíos habitaron la tierra con la invasión de Asiria sete siglos antes de Cristo.  Trajeron sus ídolos y sus costumbres ofensivas a los judíos. Por esta razón, Isaías la llama “tierra de sombras”.

Isaías ve a Dios rescatando a los israelitas en la tierra de la opresión foránea.  Describe su acción como “una gran luz” resplandeciendo sobre el pueblo.  Mateo cuenta que Jesús cumple esta profecía cuando viene a Cafarnaúm.  Desde allí Jesús predicará el Reino de Dios con palabras y hechos poderosos.

Cada vez más nuestro tiempo se ve como una “tierra de sombras”.  Ciertamente, tenemos carros, celulares, y otros aparatos que hacen la vida cómoda.  Pero también estamos viendo el deshecho de la familia con divorcios y nacimientos fuera de matrimonio.  Muchos hoy en día prefieren tener mascotas a criar niños.  Acompañando el destrozo de la familia, la gente está perdiendo la fe.  Sí casi todos celebran la navidad en una forma u otra, pero relativamente pocos asisten en la misa dominical.  Una señal de lo que ha de venir es que los jóvenes a menudo responden “nada” a los sondeos preguntando su religión.

Jesús penetra las sombras de Galilea por su predicación iluminadora.  Exhorta a la gente a arrepentirse para experimentar la maravilla del reino de Dios.  Para Jesús el arrepentimiento consiste en más que sentir remordimiento para nuestros pecados.  Más bien, significa dejando atrás las cosas que nos alejan de Dios y girando a Él con oración y obras buenas.  Más a caso, el arrepentimiento nos despega de las cosas que llenan nuestras mentes con vicios para que nos dediquemos a la bondad. 

Un fraile franciscano predica del arrepentimiento en su vida.  Como joven, le gustaba mucho vestirse de ropa fina.  Dice que siempre estaba comprando camisas y pantalones nuevos para mantenerse de moda.  Ahora se le ha pasado este trozo de vanidad.  Está contento con llevando el hábito con un par de pantalones cortos debajo. 

Cada uno de nosotros tiene que examinar su propia vida para la cosa que le inhibe acercarse a Dios y dejarla atrás.  Para muchos son las películas que son cada vez más obscenas.  Para otras es la compañía mala que guardan.  Si nuestros compañeros usan palabrotas, en corto tiempo vamos a usarlas y, peor, pensar en tales términos.  Puede ser los múltiples espejos que tenemos en la casa alimentando nuestra vanidad.  O puede ser nuestro afán para el fútbol, hockey o la lucha profesional que destacan la brutalidad.  Por supuesto, hay muchas más tentaciones, pero la tarea es descubrir y dejar aquella que es guardándonos de Dios.

Pablo ve varias sombras en la comunidad de Corinto.  En la lectura hoy Son aborda el faccionalismo.  Más adelante, trata la inmoralidad, la recepción de la Eucaristía indignamente, y la negación de la resurrección de entre los muertos.  Para cada problema Pablo ve la resolución en Jesucristo.  Es él en quien son bautizados todos de modo que sean uno.  Es él con quien están unidos de modo que la fornicación se haga una infidelidad a él.  Es él quien les dio de comer su propio cuerpo a sus discípulos la noche antes de su muerte de modo que cuando vienen borrachos a recibir la Eucaristía, están rechazando a Cristo.  Es él quien resucitó de entre los muertos de modo que si no creemos en nuestra resurrección, estemos negando su resurrección. El mismo Cristo puede también disipar nuestras sombras.  Primero, tenemos que dejarle entrar nuestras vidas. Entonces, tenemos que abrazarlo con todo nuestro ser.


PARA LA REFLEXIÓN: ¿Qué cosa impide la entrada de Jesucristo en mi vida?