El domingo, 4 de junio de 2023

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

(Éxodo 34:4-6.8-9; II Corintios 13:11-13; Juan 3:16-18)

La mayoría de los predicadores temen la Solemnidad de la Santísima Trinidad.  No saben cómo explicar un misterio tan profundo que muchos dicen que no hace sentido.  Sin embargo, la doctrina de la Trinidad es la base de la fe cristiana.  De alguna manera tenemos que decir algo que hace razonable nuestra creencia que Dios es ambos uno y, a la vez, tres.  En el proceso esperamos que la explicación aumente nuestra fe.

Vamos a comenzar con la segunda lectura.  A lo mejor fue escogido este pasaje para la misa de hoy porque refiere a la Trinidad.  Como la conclusión de su carta a los corintios, San Pablo bendice a sus lectores en el nombre de Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo.  Pero otra parte del pasaje también llama la atención. 

Pablo dice, “Salúdense los unos a los otros con el saludo de la paz”.  Lo que quiere decir, y cómo lo han traducido la mayoría de las Biblias, es “beso santo”. El beso puede ser señal de la paz entre personas, pero es aún más expresión de amor.  Por esta razón la gente extrañaba este acto simbólico durante las restricciones de Covid.  De hecho, en muchas partes el día hoy la gente todavía no comparte este gesto de fraternidad antes de la Comunión.  Tal como el aprendizaje de distancia no reemplaza el aula y tal como las videollamadas no sustituyen la presencia de seres queridos en la Navidad, no se puede equivaler el blandir de mano con un beso casto. 

El beso indica una relación de amistad entre personas.  No besamos a extranjeros sino a conocidos queridos. También expresa ambos la alegría de ver al otro y la voluntad para perdonar cualquiera ofensa que ha cometido.   Recordamos cómo el padre lo “besó efusamente” cuando su hijo pródigo regresó a casa.  Con un beso uno alienta sobre el otro indicando el deseo de compartir su vida con él o ella.  Por supuesto, el beso en la misa puede ser abusado o malentendido.  Sin embargo, desde los primeros siglos del cristianismo se ha usado para expresar el amor y la unidad.

“Dios es el amor” – dice la Primera Carta de Juan.  No se podría ser el amor si Dios fuera solo.  El amor verdadero siempre tiene un objeto aparte del yo.  Amor a si mismo es realmente una parodia porque divide la persona en dos.  Es realmente solo el orgullo o, mejor, el egoísmo. Cuando Jesús nos instruye que amemos al otro como a nosotros mismo, solo quiere decir que atendamos a las necesidades de los demás como atendemos nosotras propias. 

El amor, que es Dios, ha existido por toda la eternidad. Dios Padre y Dios Hijo siempre han amado a uno a otro con el Espíritu Santo sirviendo como un tipo de beso entre ambos.  Por la enormidad de este amor, se deseaba que fuera compartido con otros.  Así Dios creó el universo para ser destinarios de su amor.  Reservó su afecto más elevado para los seres humanos, quienes creó en su imagen.  Ellos, eso es nosotros, no solo recebimos su amor sino también hemos de imitarlo. 

El evangelio nos indica lo extenso del amor de Dios para nosotros.  Dice que es tanto que dio a su Hijo único para que compartamos en su vida divina.  Dios no recibe nada para sí mismo en esta muestra enorme de amor.  Pero como cualquier Padre quiere que todos sus hijos compartan lo que tiene.  Si queremos agradarlo, que hagamos lo mismo.  Eso es que amemos no solo a nuestros familiares y amistades, sino a todos.

Existe una palabra hebrea para el amor de Dios que todos los estudiantes de la Biblia aprenden.  Aparece en la lista de adjetivos que se presenta en la primera lectura.  Hesed es amor fiel, generoso, e inmerecido.  En este Solemnidad de la Santísima Trinidad queremos declarar que el Padre es hesed, que el Hijo es hesed, y que el Espíritu Santo también es hesed.

El domingo, 28 de mayo de 2023

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

(Hechos 2:1-11; I Corintios 12:3-7.12-13; Juan 20:19-23)

Hoy, el domingo de Pentecostés, celebramos al Espíritu Santo, es cierto.  Pero también celebramos la Iglesia.  En algunas parroquias hace cuarenta o cincuenta años traían un gran pastel en la misa.  Los niños cantaron “Feliz cumpleaños” porque hoy es el día en que la Iglesia nació.  Aunque tal práctica pueda resaltar la conexión entre Pentecostés y la Iglesia, también trivializa ambos. De alguna manera tenemos que relacionar Pentecostés a la Iglesia tomando en serio las dos cosas.

Nos ayuda entender que Pentecostés no es solo una fiesta cristiana.  Más bien, tiene sus orígenes en las fundaciones del judaísmo.  Al quincuagésimo día después de la Pascua y éxodo del Egipto, los israelitas recibieron la Ley de Dios.  Junto con la Alianza, la Ley significó que eran el “Pueblo de Dios”.  Con la entrega del Espíritu Santo, nosotros cristianos nos hemos identificado también como el “Pueblo de Dios” o, a veces, el “Nuevo Pueblo de Dios”.

Somos el “Nuevo Pueblo” no solo porque somos el más reciente.  Más bien somos hombres y mujeres recreados por el Bautismo.  Recordamos lo que Jesús dice a Nicodemo en el Evangelio de Juan: “’El que no nazca de nuevo no puede ver el Reino de Dios’”.  Entonces Jesús sigue explicar cómo “nacer de nuevo” es nacer “de agua y de Espíritu”.  Por supuesto, está refiriéndose al Bautismo.

El evangelio hoy muestra a Jesús soplando sobre los apóstoles mientras dice: “…A los que perdonen los pecados, les quedarán perdonados”.  Nosotros cristianos somos renovados también porque no estamos atados por nuestros pecados.  Somos como el criminal cuya sentencia es perdonado.  Puede comenzar la vida de nuevo sin pagar las deudas merecidas por su crimen anterior.

Jesús dejó al Nuevo Pueblo de Dios con una misión.  Sus miembros, comenzando con los apóstoles, tienen que ir a todas partes encendiendo al mundo con el amor.  Las llamas que pasan de uno a otro en la primera lectura hoy representan los corazones ardiendo.  No se detienen con el grupo en el salón sino sigue diseminándose a través de Jerusalén y de allí a través del mundo hasta el día hoy.  Los discípulos de Jesús ambos en Jerusalén y nosotros hoy en día cumplimos esta tarea por anunciar la buena nueva del amor de Dios.  Por supuesto, este anuncio no se hace solo con palabras sino también con obras. 

Desde el tiempo de San Pablo la Iglesia se ha identificado a sí misma también como “Cuerpo de Cristo”.  Este es un título extraño. ¿En qué sentido es la iglesia como un cuerpo?  La Iglesia queda en la tierra como la presencia física y orgánica de Cristo.  El Espíritu de Cristo, eso es, el Espíritu Santo, anima este cuerpo para cumplir su misión de anunciar el amor de Dios.  Los creyentes en Cristo son los miembros de este cuerpo, cada uno según su propia capacidad.  Todos tienen su papel necesario como en el caso de un cuerpo humano para que la Iglesia siga irradiando el amor.  Seamos arzobispos cardenales o seamos los que fritan el pescado para las cenas los viernes de cuaresma, apoyamos a la Iglesia proclamar el Reino.

El Espíritu harmoniza todos los esfuerzos de los miembros.  Por eso parece que la propuesta del papa Francisco para institucionalizar la sinodalidad con el laicado viene del Espíritu.  Siempre los obispos han escuchado las opiniones de los laicos.  Tienen hermanas, primos, y cocineras en sus casas.  Pero la escucha de modo casual no es ni clara ni apremiante.  El Espíritu funciona por las estructuras que se construyen para ser veraces y efectivas. 

Se ha dicho que a veces hay que admitir cambios para que las cosas queden como siempre.  Parece así con la Iglesia ahora.  La sinodalidad puede ser necesaria para que la Iglesia siga diseminando el amor abnegado de Dios. 

El domingo, 21 de mayo de 2023

 LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

(Hechos 1:1-11; Efesios 1:17-23; Mateo 28:16-20)

Hoy celebramos una de las fiestas más grandes del año litúrgico.  La Solemnidad de la Ascensión cumple la segunda parte del triunfo de Jesucristo sobre la muerte.  Como profesamos en el Credo: “…resucitó al tercer día…y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre…” Con la presencia de Jesús, el Padre enviará al Espíritu Santo a sus seguidores para cumplir la victoria. 

Por un momento nuestra postura hacia la Ascensión es la de los apóstoles en la primera lectura.  Quedamos en asombro pensando en la gloria de Dios en el cielo.  Sin embargo, como los ángeles despiertan a los once a acción, nosotros deberíamos considerar lo que significa la Ascensión hoy día.  El evangelio hoy nos ayuda con esta tarea.

El pasaje constituye el mero fin del Evangelio según San Mateo.  Jesús ya ha resucitado y ascendido al cielo. Ahora aparece a sus discípulos como prometido desde el descubrimiento del sepulcro vacío.  Ellos acuden a la montaña designada.  Cuando ven a Jesús, se postran en adoración.  Sin embargo, algunas de ellos dudan (una mejor traducción que “titubean”) que sea él.  Son como muchos hoy en día que dicen nunca ha pasado que una persona haya resucitado de la muerte.  Por supuesto, la resurrección de Jesús es un evento único en la historia posibilitado por su relación al Padre como Hijo unigénito.

La segunda lectura cuenta que Jesús, sentado a la derecha del Padre, tiene todo poder en el cielo, la tierra y también en el futuro.  Porque Jesús dice a los apóstoles que se le ha dado todo poder, sabemos que ya ha ascendido al cielo.  Se usará el poder por el bien de todos.  Esto es por qué dice a sus apóstoles: “’Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones'”.  Es el primer paso de su plan para renovar el mundo en el amor. 

Esta frase se da eco al final de cada Eucaristía.  Después de la bendición, el sacerdote o diácono siempre dice: “Pueden ir en paz” a veces añadiendo “y anuncien el evangelio”.  Jesús nos envía hoy como a sus apóstoles a evangelizar los habitantes del mundo.  Se lleva a cabo esta misión por “’enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado’”.  Tenemos el Sermón del Monte como modelo de la anchura y la profundidad de esta tarea.  La enseñanza incluirá amando a los demás hasta el enemigo, practicando el pudor hasta cerrar ojos lujuriosos, complaciendo a Dios hasta rehuir los elogios, y ejerciendo la justicia hasta que la sociedad brille con la rectitud.

Pero todavía la misión no es completa.  Jesús agrega la necesidad de bautizar a la gente que presta atención a su palabra.  El bautizo forma una nación espiritual por encima de las diferentes culturas y pueblos que comprenden el mundo.  Es hacer un cuerpo – la Iglesia – con Cristo como cabeza para fomentar la paz en todas partes.

Aún más que nosotros, Jesús se da cuenta de la enormidad de esta misión.  Involucrará a miles de millones de gentes por generaciones, siglos, y ahora aun milenios.  Por eso, Jesús no demora de decir: “’…estaré con ustedes todos los días…’”  Cumple esta promesa por enviar el Espíritu Santo el cual efectúa su presencia.  El Espíritu nos anima con la memoria de Jesús, y nos mueve a recurrir a Jesús en el apuro.  Sobre todo, el Espíritu Santo transforma el pan y vino en su cuerpo y sangre para fortalecer nuestra debilidad. 

Vivimos en un tiempo escéptico.  Aun personas que reclaman creencia en Dios no practican todos sus mandatos.  Con la Ascensión Jesús nos envía particularmente a las personas entre nosotros que dudan.  Con su apoyo somos para enseñarles la anchura y profundidad de su sabiduría.  Más aún, somos para invitarles a compartir el amor de su cuerpo, la Iglesia.   

PARA LA REFLEXIóN: ¿Qué me hace difícil contar a los demás de Cristo?  ¿Cómo podría superar esta dificultad?

El domingo, 14 de mayo de2023 (Día de las Madres)

SEXTO DOMINGO DE PASCUA

(Hechos 8:5-8.14-17; I Pedro 3:15-18; Juan 14:15-21)

Hemos escuchado rumores del Día de las madres por más de dos semanas.  Parece que las promociones en los periódicos han intentado vender cosas tan diversas como tacos y Toyotas al nombre de nuestras madres.  Hoy escuchamos rumores del Espíritu Santo en el evangelio.  Dentro de quince días vamos a estar celebrando Pentecostés, su día particular.  Tal vez deberíamos hacer caso cercano a lo que los rumores nos dictan ya que el Espíritu Santo es Dios.

Jesús dice que cuando vaya a su Padre, le pedirá que nos mande "otro Paráclito", el Espíritu Santo.  Puede que este término “paráclito” nos resulte extraña.  Queremos preguntar: ¿qué es un paráclito? Y si el Espíritu Santo es otro paráclito, ¿quién fue el primero?  El paráclito es la palabra griega de un abogado o defensor jurídico.  En cualquier sociedad donde se escrudiña el cristianismo (como es desafortunadamente en nuestra), es necesario tener a un abogado capaz.  Mientras Jesús está con sus discípulos, él ha actuado como su defensor.  Recordamos cómo él defendió a sus discípulos de las acusaciones de los fariseos que trabajaban el día del reposo.  Ahora el Espíritu los defenderá.

Por supuesto, el Espíritu Santo no tiene forma humana.  No puede alzar una voz como un abogado en la sala de corte.  Más bien penetra la atmósfera con su presencia arreglando los procedimientos e inspirando a sus clientes. La primera lectura cuenta de los apóstoles imponiendo las manos sobre los conversos samaritanos para que el Espíritu les guarde de volver caerse bajo el hechizo de espíritus inmundos.  La segunda lectura no lo menciona, pero es el Espíritu Santo que inspirará a los cristianos cómo “dar … las razones de su esperanza”.

Jesús promete el Espíritu bajo una condición.  Sus discípulos tienen que guardar sus mandamientos.  En este evangelio de San Juan el único mandamiento mencionado es el amor a uno a otro como Jesús ama a todos.  A la primera vista no parece muy difícil obedecer este mandamiento.  Pues todos en la comunidad tienen la misma formación básica y profesan la misma fe.  Sin embargo, sabemos que las envidias y rivalidades pueden asomarse entre las mejores personas.  El amor requiere que nos humillarnos como Jesús lavando los pies de sus discípulos.

Necesitamos del Espíritu Santo para enfrentar los miles de desafíos de una sociedad poscristiana. Al ver a nuestros vecinos pasar la mañana del domingo relajándose, nos preguntamos por qué debemos asistir a misa. Al leer en el periódico sobre los llamados derechos al aborto y al matrimonio homosexual, nos desafiamos a nosotros mismos a responder de manera convincente a las premisas falsas de estos reclamos. El Espíritu viene en nuestra ayuda. Él nos presenta la verdad del Padre y del Hijo para que no les fallemos en nuestra vida. Él nos inspira con entendimiento y sabiduría para que nuestras palabras estén en el blanco y nuestras acciones sean consistentes con ellas.

En los Hechos de los Apóstoles hay una referencia al Espíritu Santo que es tanto entretenida como característica de nuestra situación hoy día.  San Pablo pregunta a algunos discípulos que se si recibieron el Espíritu cuando abrazaron la fe.  Ellos responden que ni siquiera han oído del Espíritu Santo.  Aunque todos cristianos hoy hayan oído del Espíritu Santo, no todos han aprovechado de su apoyo. Queda con nosotros para defendernos en nuestros apuros.  Podemos contar con la ayuda del Espíritu Santo.

Para la reflexión: ¿Cómo estoy retado a defender mi fe?

Domingo, 7 de mayo de 2023

QUINTO DOMINGO DE PASCUA

(Hechos 6:1-7; I Pedro 2:4-9; Juan 14:1-12)

El evangelio hoy es una de las obras maestro del Nuevo Testamento.  Jesús está dando su último discurso a sus discípulos en el Evangelio de Juan.  Trata varios temas como su mandamiento de amor, la promesa del Espíritu Santo, y la necesidad de quedarse conectado a él.  En la sección que acabamos de leer Jesús conforta a sus discípulos por el dolor que sentirán cuando él vaya.  En el proceso nos comparte algunas claves de la vida espiritual.

Primero, comparte un poco sobre su destino y, eventualmente, el destino de sus seguidores.  Compara la vida eterna con un hotel con habitaciones para todos.  Cuando Tomás, aquí también un poco escéptico, le pregunta sobre este lugar, Jesús le responde con referencia a sí mismo.  Dice que él es “’el camino, la verdad, y la vida.’”  Porque esta frase es tan densa, tenemos que desempacarla un poco.

Cuando Jesús dice que él es “la vida”, quiere decir que él es nuestro destino, la vida eterna.  Ver a Dios, la visión beatífica, es la esencia de la vida eterna.  Pero Jesús contará a Felipe: “’Quien me ve a mí, ve al Padre.’” San Pablo indica la maravilla de esta visión cuando escribe a los corintios: “Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara” (I Cor 13,12). Conocer a Cristo así debe ser más tremendo que cualquier vista natural sea la cima de Monte Everest o la playa de Cancún.  ¡Es experimentando y deleitándose en el Creador que se dignó de hacerse como nosotros!

Jesús nos proporciona otra clave de la vida espiritual por decir que él es el "camino".  Recordamos cómo los primeros cristianos en los Hechos de los Apóstoles eran conocidos como seguidores del “Camino”.  La palabra “Camino” aquí refiere a Jesús como modelo de la conducta moral.  En el Sermón del Monte dice a sus discípulos: “’… ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!’”  Está refiriendo a su vida disciplinada y principiada.  Vemos esta calidad de vida también en los santos.  El puertorriqueño Beato Carlos Manuel Rodríguez dedicó su vida al enseñar a otros lacios .  Porque tenía varios problemas de salud, no podía seguir una vocación sacerdotal.  Pero su condición no le detuvo enseñar y animar grupos sobre la liturgia de la Iglesia. 

También Jesús reclama ser la verdad.  Él es la verdad de Dios Padre encarnada en un ser humano.  En otras palabras, él es el amor abnegado que se humilló para compartir nuestro lote.  Además, como nuestro compañero, no sólo extendió la mano para curar nuestras enfermedades sino también sufrió una muerte horrífica para liberarnos del pecado.  Cuando lo seguimos cien por ciento, tenemos que esperar sufrir también. Desgraciadamente, muchos no quieren sufrir para nada.  No quieren caminar un par de cuadras para conservar el medioambiente y mucho menos quieren sacrificar un par de horas para visitar a los enfermos.  Pudiéramos aprender de esos ucranianos valientes que están arriesgando sus vidas para defender su patria aunque pudieran haber huido el país como refugiados.

Hay algún interés en la vida espiritual hoy en día.  Las librerías tienen secciones repletas con títulos acerca de la espiritualidad de varias fuentes.  Todos estos libros – sean cristianos, judíos, o de “nueva edad” – harán referencia al guía espiritual supremo de las edades, Jesucristo.  Él sigue ser como nadie más "el camino, la verdad, y la vida".


El domingo, 30 de abril de 2023

 CUARTO DOMINGO DE PASCUA

(Hechos 2:14.36-41; I Pedro 2:20-25; Juan 10:1-10)

El Buen Pastor es una de las más antiguas y más populares imágenes de Cristo.  Se han encontrado pinturas del Buen Pastor en las catacumbas de Roma mucho más antiguas que los crucifijos posteriores.  Generalmente los protestantes rehuir todas formas de imágenes de Cristo o los santos.  Pero se han visto imágenes del Buen Pastor en frente de sus iglesias.  Cada año en este Cuarto Domingo de Pascua escuchamos una sección del capítulo diez del evangelio de Juan que trata al Buen Pastor.  Queremos reflexionar bien para aprender qué hace esta imagen tan llamativa. 

Deberíamos comenzar por decir que la parte del capítulo diez leída hoy no menciona el Buen Pastor.  Jesús se describe como “la puerta del redil” de ovejas.  En la parte que leeremos el próximo año se llamará a sí mismo “el Buen Pastor”.  No obstante, “la puerta del redil” tiene un rol tan servicial como lo del pastor.  Tiene que vigilar sobre el redil para proteger la vida de las ovejas.

El redil funciona como un recinto para los animales.  Dentro de ello las ovejas pueden rumiar tranquilamente sobre el pasto que han tomado del campo.  Bien tendido por el encargado de la puerta, el redil no permite que las ovejas vaguen afuera.  De esta manera el redil sirve a las ovejas como la Iglesia a los cristianos.  La Iglesia nos protege de los movimientos dañinos siempre en el horizonte.  Es así con el movimiento llamado “woke” que ha descendido sobre nuestra sociedad como un tornado.  Según sus proponentes, todos tienen que aceptar el matrimonio gay y los géneros más que masculino y femenino.  La Iglesia insta el respeto para todas personas humanas incluso a los más comprometidos a wokismo.   Sin embargo, ella se ha opuesto sus ideas como falsas y nocivas al bien común. 

Cristo sirve como “la puerta del redil” cuando admite a personas en la Iglesia por el Bautismo. Una vez bautizada, la persona tiene el apoyo de la Iglesia en contra de ideas como aquellas de wokismo.  También Cristo sirve como “la puerta del redil” en la Eucaristía. Para entender cómo, tenemos que imaginar las ovejas saliendo el redil por la puerta para apacentar.  Nuestro evangelio hoy describe cómo el portero permite la salida para que hallen el pasto.  Con esta alimentación las ovejas se fortalecen como somos nutridos con la Eucaristía para mantener la fe y amar a uno y otro.  Es las primicias de “la vida en abundancia” que Jesús promete al final de la lectura.

En este evangelio Jesús está dirigiéndose a los fariseos los cuales acaban de perseguir al hombre nacido ciego que Jesús curó.  Recordamos este pasaje leído al Cuarto Domingo de Cuaresma.  Estos fariseos han actuado como extremistas religiosos deseando molestar a aquellos que siguen a Jesús.  Son como ladrones amenazando las ovejas en el redil.  Podemos entenderlos como aquellos en la Iglesia que odian a los homosexuales y los que se reclaman de ser de otro género que su composición biológica indica.  Sin embargo, cualquiera cosa que digan, tenemos que respetar a todos seres humanos como imágenes de Dios.  El papa Francisco siempre nos recuerda que ellos también hace falta el amor de Cristo.

Ha habido personas que dicen los predicadores no deben comparar a los fieles con ovejas.  Razonan que la oveja es animal tan tonto que la comparación comprende un insulto.   Es cierto que los fieles pueden ser aun más inteligentes que los predicadores.  Sin embargo, ¿no es que todos nos sentimos en necesidad de ayuda como ovejas a veces?  En nuestros apuros siempre podemos llamar a Cristo que está en la puerta del redil.  Podemos contar con su sabiduría y su fuerza para superar cualquiera dificultad.

PARA REFLEXIÓN: ¿Cuándo he llamado a Cristo para ayudarme en un lío?  ¿Qué fue el resultado?


El domingo, 23 de abril de 2023

TERCER DOMINGO DE PASCUA

(Hechos 2:14.22-33; I Pedro 1:17-21; Lucas 24:13-35)

Discípulos caminando juntos: esta frase puede describir el trasfondo del evangelio de hoy.  También representa cómo el Papa Francisco ve el “Sínodo sobre la sinodalidad”.  Como todos nosotros deberíamos saber ahora, el papa ha lanzado esta nueva manera de ser Iglesia.   Quiere que los sínodos, cuya raíz griega significa caminar juntos, se hagan el modo de la Iglesia para compartir las diferentes perspectivas y esperanzas de sus miembros.  En otras palabras, desea mucho más diálogo entre todos los que constituyen la Iglesia. Por una mirada cercana de este evangelio podemos identificar otras características de una Iglesia sinodal.

Dice el pasaje que Jesús se les acerca a los dos discípulos y comienza a hablar con ellos.  Jesucristo tuvo el lugar primario en el Segundo Concilio Vaticano hace sesenta años.  De hecho, el documento más céntrico del concilio, la Constitución dogmático sobre la Iglesia, se llama “Lumen gentium”, eso es, "la luz a las naciones", quien es ningún otro que Jesucristo.  Por el Bautismo han sido incorporados en él todos tipos de personas – tanto mujeres como hombres; tanto laicos como ordenados y religiosas.  Por eso, el Papa Francisco quiere que todos sean escuchados en la conversación sobre cómo llevar a cabo la misión de la Iglesia en nuestro tiempo. 

Algunos se preocupan de que una conversación tan expansiva termine en cambios nunca imaginados en el pasado. Sin embargo, tenemos las Escrituras y la tradición de la Iglesia para mantenernos en el camino marcado por Jesús.  Este evangelio apunta cómo Jesús “les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él”.  Estas mismas Escrituras, por supuesto juntadas con el Nuevo Testamento, siguen determinando lo válido y lo prohibido hoy.   Sería traicionar al Señor trocar su palabra por las ideas corrientes del mundo.

En el pasaje Jesús pone en relieve la necesidad de que sufriera el mesías.  Para ganar la victoria sobre el pecado y la muerte Jesús tuvo que padecer la cruz.  Al ser miembros de Jesucristo, es de nosotros participar en esa cruz. El sufrimiento toca temas sexuales que a menudo parecen como las mayores preocupaciones del mundo actual.  Les cuesta a los matrimonios practicar la enseñanza de la Iglesia sobre los anticonceptivos.  Les cuesta a los homosexuales tanto como a los solteros, las religiosas y los sacerdotes mantener la castidad con anhelos de la intimidad como todos.  Sin embargo, por hacer sacrificios en estas maneras podemos acercarnos al Señor Jesús.

Ciertamente él quiere quedarse cerca de nosotros.  En el evangelio Jesús se queda con sus compañeros para compartir el pan.  Esto no es solo una cena acogedora sino la Eucaristía.  En ella Jesús se nos da a sí mismo como sustento para la vida espiritual.  La misma Eucaristía impulsará adelante el proceso sinodal.  Pues nos indica que nuestro objetivo no es llevarnos con los modos del mundo sino conformarnos con la voluntad de Dios.  Nos enseña que nuestro tesoro no se encuentra en la bolsa de valores sino en el amor compartido en la comunidad.  Nos precisa que mientras hay diferentes papeles en el funcionar de la Iglesia, todos somos igualmente dependientes en Cristo.

El Papa Francisco ha propuesto sínodos de todos tipos de fieles como modo de poner en práctica el Concilio Vaticano II.  No quiere cambiar las estructuras de la Iglesia establecidas en la historia.  Más bien quiere que las estructuras sean más fieles a Cristo.  Ve los sínodos como puentes peatonales sobre que todos crucemos juntos las aguas turbulentas de este mundo.  Los ve como nuestro puente comunal a Cristo.


PARA LA REFLEXIÓN: Si tuvieras la oportunidad para expresar al papa Francisco tus pensamientos acerca de la Iglesia, ¿qué le darías?