Homilía para el Domingo, 25 de Mayo de 2008


La Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo

(Juan 6:51-58)

En una preparatoria católica una vez cada mes había misa por todos los alumnos. Antes de la misa se llevó el Santísimo Sacramento de la capilla al auditorio donde tendría lugar la misa. El sacerdote caminó con el copón precedido por un estudiante tocando una campanita. Cuando pasó por el gimnasio todos los muchachos jugando básquet o voleibol cesaron su actividad para arrodillarse. Fue sólo un gesto apto para demostrar la fe en la presencia de Cristo en el sacramento.

Ahora celebramos Corpus Christi, la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo. Tradicionalmente la celebración incluyó una procesión a través de las calles del pueblo. Los propósitos para el evento eran al menos dos. Le dio a la gente la oportunidad a demostrar su fe como los alumnos hacían en la preparatoria ya mencionada. También, el Santísimo proporcionó a todo el pueblo – tanto los no católicos como los católicos – una bendición gratis. Las gracias de la eucaristía son tan abundantes que beneficien a todos que se les aproxime.

¿Qué son estos beneficios? En primer lugar, una procesión con el Santísimo demuestra que lo precioso no sólo son el oro y la plata sino también las más sencillas viandas trasformadas por el Espíritu Santo. La gente no tiene que ser rica para aprovecharse de este tesoro. Segundo, cuando la gente se congrega para la procesión, renueva sus relaciones entre sí. Muchas veces los humanos se dan cuenta de la necesidad a visitar con uno y otro pero no lo logra porque la pereza supera su voluntad. En la procesión religiosa el Señor se llama a todos juntos para visitar tanto como para atestiguar un misterio. Sobre todo, queda el motivo religioso. El Santísimo llevado por la comunidad pregona que Jesús nos ha venido a salvarnos de pecado. Por arrepentirnos sinceramente, podemos acogerlo en el sacramento con toda su promesa.

En el evangelio los judíos quedan escandalizados por la idea de que Jesús les presente su cuerpo y su sangre como nutrición. Piensan que sería canibalismo a comer la carne de otra persona humana. Hoy en día muchas personas llevan el prejuicio opuesto. No quieren admitir que, a pesar de las apariencias, Jesús realmente nos ofrece su cuerpo y sangre en la Eucaristía. La Fiesta de Corpus Christi aclara la postura de la fe acerca de estas dos críticas. Asegura que nosotros católicos no practicamos el canibalismo porque el cuerpo y la sangre de Cristo que comemos tienen las formas de pan y vino. También, insiste que no es sólo pan y vino que comamos sino algo infinitamente más precioso – el cuerpo y sangre de Cristo.

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