El domingo, 24 de abril de 2011

LA PASCUA DEL SEÑOR

(Mateo 28:1-10)

Los estudiantes querían mucho a su profesor de teología. Pues, era puro oro ambos como persona y como instructor. Cuando murió, los jóvenes deseaban darle una despedida especial. Se organizaron en grupos para hacer una vigilia por una noche entera. No sólo quedaron con el cuerpo en la capilla sino también repitieron los 150 salmos a través de la noche. Así mostraron su afecto en tal manera que el profesor habría apreciado. En el evangelio encontramos a las mujeres que acompañaban a Jesús haciendo algo semejante.

Dice la narrativa que María Magdalena y la otra María salen al “transcurr(ir) el sábado, al amanecer del primer día de la semana”. Ordinariamente pensamos en esta hora como la madrugada pero tenemos que recordar que estamos en el ambiente judío del primer siglo. Entonces el día termina con el puesto del sol. A lo mejor, el “amanecer” del texto se refiere al planeta Venus, considerado como la estrella más luciente del cielo. Las mujeres no llevan olios para ungir el cuerpo de Jesús. Pues, se colocó una gigante piedra sobre la entrada. Los judíos aun consiguieron un destacamento de soldados para guardar el sepulcro. No, las mujeres van al lugar sólo para dar testimonio de su amor para el Señor.

Las mujeres son como mucha gente hoy en día que quieren visitar a sus familias en México. Pero, como si pusieran una piedra, los carteles de drogas han aterrorizado la frontera. En un caso entre miles una familia de Texas ha perdido a su papá que fue a México para cuidar sus tierras allá. Donde una vez había un rico intercambio de gente y de mercancía, ahora se caracteriza la frontera por secuestros, violencia, y muerte.

En el evangelio Dios no permite que la muerte reine sobre la vida. Sacude la tierra con un temblor que causa un reverso completo. Jesús, el muerto, vuelve a la vida mientras los guardias se congelan en su temor como si fueran muertos. La escena regala una vislumbre del fin de la historia. Al término del tiempo lo bueno habrá vencido la maldad. Aunque a veces tarda la justicia, no tenemos que dudar la victoria de Dios sobre sus enemigos. Aun en la frontera entre México y los Estados Unidos podemos contar con la derrota de los carteles.

Sin embargo, no debemos sentarnos como si fuéramos espectadores de la lucha. Tenemos que hacer nuestro papel por las fuerzas de la verdad. En ninguna forma deberíamos compartir en el mal. Mentir, robar, tomar drogas, y diez mil otros vicios simplemente no nos valen a nosotros. Además hemos de esforzarnos contra la maldad. Apoyar al débil, consolar al acongojado, y educar al ignorante constituyen nuestro modo de vivir tanto como comer tacos y celebrar cumpleaños. Con tales actos cumplimos el mandato del ángel a las mujeres para anunciar la resurrección del Señor.

Al llevar a cabo su misión las dos Marías encuentran a Jesús. Les asegura que su experiencia con el ángel no fue fantasía sino fenómeno tan real como tomar el café en la mañana. Como a las mujeres, Jesús se nos acerca a nosotros cuando cumplimos su palabra. Los ministros de la Iglesia dicen que es Dios, no ellos mismos, que derrite los corazones de parejas que les vienen con problemas. Asimismo la madre Teresa decía que cuando ayudamos a los pobres, estamos tratando a Jesús “en disfrace”.

Veinte cinco años después del tratado de paz, se encontró un soldado japonés en la jungla de una isla del Pacífico. Porque nadie le había informado que se había acabado la guerra, el soldado andaba preparándose para la batalla. Es así con la lucha contra el mal. Con la resurrección de la muerte Jesús lo ha vencido. Aunque sigue causando daño, no puede ganar. Jesús lo ha vencido.

1 comentario:

Christopher dijo...

Mi fiesta preferida es la de la Pascua y me encanta pasarla junto a mi familia en los departamentos Argentina.
Saludos