El domingo, 12 de julio de 2015



EL DECIMOQUINTO DOMINGO ORDINARIO

(Amós 7:12-15; Efesios 1:3-14; Marcos 6:7-13)

El Cardinal Francis George murió hace algunos meses.  Era arzobispo de Chicago conocido por la inteligencia.  En 2010 hizo una predicción que muchos piensan como profética.  Comenzó: “Yo anticipo morir en la cama; mi sucesor morirá en la prisión; y su sucesor morirá como un mártir en la plaza central”.  El cardinal tenía en cuenta la secularización creciente en el mundo actual.  Pensaba que tal movimiento no va a tolerar la Iglesia defendiendo la vida desde la concepción hasta la muerte natural y el matrimonio como una alianza permanente entre un hombre y una mujer.  Tanto la primera lectura como el evangelio hoy muestran que la intolerancia del mundo hacia aquellos que se conformen con la voluntad de Dios no es nada nuevo.  Más bien, ha perseguido a los fieles a través de los siglos.

Amós fue uno de los profetas más fuertes que vemos en la Biblia.  Criticó el descuido de los pobres en su tiempo como el doctor Martin Luther King criticaba al racismo en lo nuestro.  Por todos sus esfuerzos para devolver al pueblo Israel al camino de la justicia, encontró la desgracia de parte de la gente.  En el trozo de su libro que hemos leído hoy, el sacerdote del santuario donde predica Amós quiere tirarlo afuera.

En el evangelio Jesús advierte a sus discípulos que recibirán un tal maltratamiento.  Les dice que si la gente de una aldea no les acepta como personas de buena voluntad, no han de preocuparse.  No es que todos vayan a agradecerles por sus esfuerzos.  Jesús mismo recibió el rechazo cuando regresó a Nazaret.  En lugar de angustiarse o enojarse, sus discípulos deben olvidarse de esa gente por sacudir el polvo de su tierra de sus sandalias.  En nuestros tiempos este gesto sería dejar el lugar diciendo: “¡A Dios y hasta nunca!” 

Simplemente la manera en que los discípulos han de caminar predica. Andando sin pan, sin mochila, sin dinero en el cinto indicarán la bondad de Dios.  Él proveerá sus necesidades con creces.  Pero hay un mensaje verbal también.  Pedirán a los aldeanos que se arrepientan del pecado para abrirse a los modos de Dios.  Eso es que dejen de ver a los otros como objetos para conquistar y comiencen a apreciarlos como sujetos para hacerse amigos.  En nuestro tiempo un arrepentimiento cada vez más necesario tiene que ver con la sexualidad.  Tenemos que apreciar la sexualidad  en primer lugar como la fuerza que nos lleva del ensimismo a relaciones amistosas con los demás.  Así también hemos de pensar en la intimidad sexual: no es primeramente para el complacer de sí mismo sino para el fortalecimiento del matrimonio y la procreación de hijos. 


El Cardinal George terminó su predicción famosa del futuro con una frase perspicaz.  Dijo: “El sucesor (al obispo que es martirizado) recogerá los fragmentos de una sociedad arruinada para ayudar reconstruir lentamente la civilización como la Iglesia ha hecho tan seguido en la historia”.  Sabemos que una sociedad que piensa en la sexualidad principalmente como fuente de placer y la vida en el seno como descartable no puede sostenerse por mucho tiempo.  Europa está deshaciéndose ahora con este planteamiento y tal vez los Estados Unidos la seguirán.  De todos modos, no es razón de perder la esperanza.  Esperamos que como vemos la decaída de los valores honorables ahora, nuestros hijos y nietos podrán ver en el futuro su resurrección con aún más fuerza. 

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