El domingo, 3 de junio de 2018


La Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo 

(Éxodo 24:3-8; Hebreos 9:11-15; Marcos 14:12-16.22-26)


Hay un retrato de Santo Domingo por Fray Angélico que llama la atención.  Muestra al santo al pie de la cruz de Jesús.  Sus brazos aferran el madero como si fuera un bebé.  Entretanto, la sangre del salvador está derramando de su cuerpo.  Va a tocar las manos de Domingo como las olas de la marea creciente cubrirán la arena en la playa.  Es lo que quiere el santo más que cualquiera otra cosa.

Domingo sabe la eficacia de la sangre de Cristo.  Se da cuenta cómo ella le librará de todo pecado.  Es consciente cómo le unificará con Dios para siempre.  Domingo entiende esto como el significado de las tres lecturas de la misa hoy.  Moisés crea una alianza entre el Señor y la nación Israel.  Ellos serán Su pueblo, y Él será su Dios.  La Carta a los Hebreos revela una nueva alianza más perfecta por ser sellada con la sangre del Hijo de Dios.  La sangre derramada de cabríos en la antigua alianza podría efectuar un perdón de pecados.  Pero era un perdón jurídico que no podría cambiar la persona interiormente.  En cambio, el perdón ofrecido por la sangre de Cristo es transformativo.  Fortalece a la persona para que sea el verdadero hijo de Dios.  Cuando Jesús comparte el vino en el evangelio, él está anticipando el derramar de su sangre el día siguiente.  Será su último y mejor don al nuevo pueblo que está creando de Israel.

Hoy celebramos tanto el cuerpo como la sangre de Cristo.  Es tiempo de reflexión and de agradecimiento.  Tradicionalmente hemos hecho procesiones fuera del templo para atestiguar nuestra fe en la Eucaristía.  También queremos que nuestros vecinos sean benditos por la presencia de Cristo en el Santísimo.  Esto no es cosa trivial.  Más bien, habla grande y elocuentemente de nuestra transformación en la familia del Dios de amor.

1 comentario:

awilda oliveras dijo...

Gracias padre Carmelo. Saludos. Bendiciones. Linda semana.
Awilda