El domingo, 17 de noviembre de 2024

Trigésimo Tercer Domingo del Tiempo Ordinario - 17 de noviembre de 2024

(Daniel 12:1-3; Hebreos 18:11-14,18; Marcos 13:24-32)

Al final del año litúrgico, las lecturas de las misas tratan de las profecías sobre el fin de los tiempos. Este tipo de escritos se llama “apocalíptico,” un término que proviene de la palabra griega para “revelación.” Las profecías apocalípticas revelan los secretos del futuro.

Estos textos suelen surgir en tiempos de persecución, cuando las personas sienten miedo y se preguntan si Dios realmente las cuida. Estos escritos dan esperanza a los atemorizados para que resistan al mal y mantengan la fe.

La primera lectura de hoy fue escrita en el siglo II a.C. desde la perspectiva de Daniel, un profeta del exilio babilónico. En aquel tiempo, el tirano griego Antíoco IV Epífanes aterrorizaba al pueblo judío, intentando forzarlo a convertirse al paganismo, realizando actos atroces como poner imágenes de dioses paganos en el Templo. La lectura menciona al ángel Miguel, a quien aún hoy las personas rezan para que las defienda contra el mal. También destaca la referencia a la vida eterna, la primera en la Biblia. Para alentar la esperanza de la vida después de la muerte, habla de la resurrección de los justos.

Los cuatro evangelios también fueron escritos en un período de persecución. Entre el 65 y el 100 d.C., los cristianos primitivos eran amenazados tanto por los romanos como por los judíos. Los romanos los perseguían por no rendir culto a los dioses paganos, y los judíos los expulsaban de las sinagogas por proclamar el Señorío de Jesucristo. Hoy en día, gracias a Dios, no enfrentamos persecuciones en el mismo sentido, aunque en ciertos lugares sentimos incomodidad al mencionar la religión. Y si afirmamos que Dios juzgará ciertos actos como el sexo fuera del matrimonio, es posible que no nos despidan pronto.

En el evangelio hoy Jesús tiene una idea de las persecuciones que vendrán por la hostilidad que él mismo ha experimentado de ambos grupos. Les dice a sus discípulos que debían prepararse para ser perseguidos tal como él ha sido hostigado por los fariseos y sería ejecutado por los romanos. Sin embargo, según Jesús las persecuciones no serán solo malas noticias; también significarán que la liberación de sus seguidores está cerca. Él vendrá en medio de la persecución para rescatarlos y darles vida plena. Este es el fin de los tiempos que todavía aguardamos.

Entonces, ¿qué ha sucedido? Han pasado casi dos mil años y Jesús no ha regresado. Esta pregunta sigue siendo inquietante. Hay dos respuestas. Primero, como escribe San Pablo de sus debilidades (II Corintios 12 9b-10), sentimos Cristo presente en nuestra vida cuando le imploramos la ayuda en pruebas. Segundo, creemos que en la hora de la muerte, Cristo vendrá a nosotros para liberarnos de la aniquilación si hemos sido fieles.

Naturalmente, los discípulos quieren saber exactamente cuándo ocurrirán los últimos eventos. Jesús les habla de “la gran tribulación” y de señales en los cielos, pero no da fechas. Insisten que les diga cuándo ocurrirá, para poder prepararse bien para ese gran día.

Sin embargo, Jesús admite que ni él ni nadie, excepto el Padre, sabe el día. Según Jesús, si los discípulos quieren estar preparados, deben mantenerse libres de pecado y activos en buenas obras. Jesús no quiere que sus seguidores se obsesionen con el momento de su regreso, sino que se concentren en servir a los necesitados. Como los recogepelotas en torneos de tenis se concentran en cada pelota desviada, Jesús quiere que busquemos oportunidades para ayudar a los demás.

Los discípulos no insisten más. Basta con que Jesús les dice: “Mis palabras no dejarán de cumplirse.” Nosotros también queremos aceptar su palabra como base de nuestra vida. No es fácil ser un católico fiel hoy en día. No es “seguir la corriente,” como era hace una o dos generaciones. Pero seguimos creyendo, primero, por el testimonio de los propios discípulos y, además, porque las palabras de Jesús han tocado profundamente nuestro corazón.  Nos ha llenado de esperanza y amor.

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