II
DOMINGO DE PASCUA – DOMINGO DE LA MISERICORDIA DIVINA, 12 de abril de 2026
(Hechos
2:42-47; I Pedro 1:3-9; Juan 20:1-9)
El
Evangelio llama a Tomás “el Gemelo”. No se sabe por qué ni de quién sería su
contraparte. Puede ser que sea nuestro gemelo, en la medida en que, como él,
nosotros también hemos albergado dudas en la fe. Por eso, quisiéramos dirigirle
las siguientes interrogaciones.
Tomás, ¿por
qué no crees a tus compañeros cuando dicen que Jesús ha resucitado? ¿Acaso no
insinuó él su pasión, muerte y resurrección varias veces en tu presencia?
Cuando habló del Buen Pastor, ¿no indicó que daría su vida por sus ovejas (Juan
10,11)? ¿No dijo también que tenía el poder no solo para dar la vida, sino para
recobrarla (10,18)? ¿Y no habló a ti y a los demás de que sería levantado en
alto sobre la tierra para atraer a todos hacia Él (12,32)?
Sobre todo,
¿no recuerdas lo que pasó en el sepulcro de Lázaro? Cuando Jesús pidió que
removieran la piedra que cubría la tumba y Marta se preocupó por el mal olor,
pues llevaba cuatro días muerto, ¿no viste al difunto salir caminando?
¿Por qué
quieres ser como los saduceos, que intentaron hacer tropezar a Jesús con la
historia ridícula de la mujer que tuvo siete maridos, porque no creían en la
resurrección? ¿No te molestas ponerte con muchos del siglo XXI, que dudan de
todo y, al hacerlo, van perdiendo los valores necesarios para sostener una vida
estable y plena?
Recuerda la
historia de Abrahán, que dejó su país, su comunidad y la casa de su padre por
fe en la palabra de Dios. ¿No fue Dios fiel a su promesa con este patriarca?
Acuérdate también de Jeremías y de otros profetas, que sufrieron desgracia y castigo
por anunciar la palabra de Dios como verdadera e inviolable. ¿Piensas que
predicaron en vano?
Mira
también hacia el futuro. Observa cómo los discípulos viven en perfecta armonía,
como narran los Hechos de los Apóstoles. ¿No es este fruto de la resurrección
de Jesús y del descenso del Espíritu Santo? Nota también lo que ocurrió años
después, cuando Pedro exhorta a los cristianos a mantenerse firmes en la
esperanza aun en medio del sufrimiento. ¿No te convence esto de la centralidad
de la fe en la resurrección?
Sí, es
cierto que la fe exige sacrificio, sobre todo cuando vivimos entre personas que
no buscan la justicia de Dios, sino la satisfacción material. Nos sentimos
extraños, como si nos faltara algo esencial, hasta que descubrimos la verdadera
fuente de la satisfacción. No proviene de sensaciones pasajeras, sino de la
conciencia de vivir conforme a la voluntad de Dios.
No, Tomás,
no dudes más. Acepta la presencia de Jesús que está ante ti. No está solo en el
cuerpo humano con el que caminó sobre la tierra. Está también en los pobres que
viven según los mandamientos del amor. Está en los sacramentos que nos ofrecen
su perdón, su fortaleza y su gracia. Y está en los ordenados y las religiosas
que representan la Iglesia. No siempre son perfectos, pero nos enseñan los
caminos y mandamientos del Señor.
Más aún,
deja de insistir en ver la señal de los clavos en sus manos y en meter tu dedo
en su costado. Sé modelo para todos nosotros cuando nuestra fe se debilite.
Ayúdanos a decir contigo, con plena confianza ante el Señor Jesús: “¡Señor mío
y Dios mío!”
No hay comentarios.:
Publicar un comentario