El domingo, 26 de abril de 2026

 IV DOMINGO DE PASCUA

(Hechos 2:14.36-41; I Pedro 2:20-25; Juan 10:1-10)

Hace cincuenta años unos laicos y clérigos protestaron el llamar al laicado “ovejas”.  Su argumento era que personas entonces como hoy en día asocian ovejas con la incompetencia, el sometimiento, y el temor.  Decían que en verdad muchos laicos son bien educados, articulados, y bastante capaces de decidir por su propio bien.

Sin querer ofender a nadie, se puede defender la comparación con tres observaciones.  Primero, la Biblia y particularmente este evangelio de San Juan refiere a los fieles como ovejas en necesidad de pastores fuertes y sensatos.  Otra cosa es que la comparación no es en realidad un insulto puesto que las ovejas no son tan débiles como las tiene la mente popular.  Los agricultores y científicos dan mucho crédito a la inteligencia de las ovejas. Dicen que las ovejas pueden reconocer caras de individuos, encontrar curas naturales para sus enfermedades, y saben cómo protegerse de una tormenta acercándose.

La tercera observación, aunque verdadera, no es favorable hacia la humanidad.  Si las ovejas andan despistadas y aptas de perderse, muchos hombres y mujeres actúan así también.  Numerosas personas caen en adiciones que saben son dañinas.  Drogas, apuestas de alto riesgo, y la pornografía son solo unos de los muchos vicios que enredan a los humanos regularmente.  Guerras, peleas, conducción temeraria y traiciones dan triste testimonio de la inclinación de los hombres a la autodestrucción. Ahora que relacionemos estas observaciones al evangelio.

La lectura hoy forma la primera parte del gran Discurso del Buen Pastor de Jesús en el Evangelio según San Juan.  En ello Jesús describe al pastor verdadero como hombre que guía a sus ovejas a pastos verdes.  Porque cuida sus ovejas, ellas lo siguen. De hecho, conocen su voz y no siguen a charlatanes. Pastores falsos – los charlatanes – intentan a guiar a las ovejas fuera del redil para aprovechárselas. 

Interesantemente. en este trozo Jesús no se llama a sí mismo como pastor.  Reserva esta identificación por sí para la segunda mitad del discurso.  Aquí Jesús es la “puerta del redil” con el menester de vigilar la entrada del encierro.  La puerta han de admitir a pastores legítimos – los apóstoles, sus sucesores, los obispos, y los asistentes de obispos, los presbíteros.  También las puertas tienen que rechazar a los ladrones y merodeadoras, los cuales harían daño a las ovejas.  ¿Quiénes son estos malvados? Jesús consideran a los fariseos, a quienes está dirigiéndose en este discurso, como los enemigos del rebaño.  Ellos imponen a la gente tradiciones y normas ajenas de modo que conviertan la religión como un impedimento, no estimulo, para una relación vibrante con Dios.

Los enemigos pueden cambiar con el tiempo.  Uno de los enemigos más grandes de nuestro tiempo es la idea falsa de la libertad.  Para muchos la libertad es solo la eliminación de restricciones.  Ciertamente la liberación de la esclavitud y del estigma de tener piel colorada han sido grandes pasos adelante en la historia humana.  Pero la remoción de injusticias externas es solo una parte de la libertad verdadera.  Hay que liberarse también de restricciones internas como adiciones a drogas y pornografía que no solo desvían la voluntad de lo que es verdaderamente bueno sino deterioran la persona.

Sin embargo, aun con todas restricciones quitadas no somos plenamente libres.  Además, hemos de educarnos de lo que es nuestra meta.  Eso es, tenemos que aprender y apreciar lo bueno, lo verdadero, y lo bello.  En breve tenemos que conocer y amar a Dios. 

Se seleccionan los obispos de la Iglesia por su inteligencia más alta del promedio y su fidelidad a la doctrina católica.  Por la mayor parte son hombres simpáticos, aunque no perfectos. Cristo, la puerta, los ha admitido al redil.  Ellos piden repetidamente a las legislaturas por la integra libertad de todos.  Aún más importante fomentan el aprendizaje de Dios por varios programas y proyectos.  Los seguimos, particularmente al papa, porque creemos que no van a descarriarnos.  Más bien, nos van a guiarnos al pasto eterno con Dios.

No hay comentarios.: