(Isaías 45:1.4-6; Tesalonicenses
1:1-5; Mateo 22:15-21)
Así como el año está llegando a su
fin, nuestra lectura del Evangelio según San Mateo está terminando. Jesús ha llegado a Jerusalén donde estará
crucificado en pocos días. Ha criticado al liderazgo del pueblo judío por su
falla de llevar al pueblo a la santidad.
Ha dicho tres parábolas acusando al liderazgo de aprovecharse de sus
oficios por su propia riqueza y poder.
Atestiguamos todo esto en los evangelios de los últimos tres
domingos.
En el evangelio de hoy los líderes
quieren tomar revancha. No solo quieren
descreditar a Jesús a la gente sino también quieren tenerlo ultimado por el
gobierno romano. Mandan a los fariseos y
los herodianos para sorprenderlo en un desliz de lengua. Sus enemigos disimulan sus intenciones cuando
lo encuentran con dulces elogios en la boca: "Maestro, sabemos que eres
sincero y enseñas con verdad … no buscas el favor de nadie“. En el Evangelio según Mateo cualquiera que
llame a Jesús “maestro” es su enemigo.
Judas lo hará dos veces; los fariseos y herodianos lo hacen ahora.
Sus oponentes le proponen a Jesús la
pregunta que se ha hecho famosa: ¿Es lícito o no pagar el tributo al
César?" Se le pone a Jesús entre la espada y la pared. Si responde que no deberían pagar el
impuesto, los herodianos – colaboradores con los romanos – les reportarán que
está fomentando la sedición. Pues, pagar
el impuesto es una ley romana. Pero si
dice que deberían pagarlo, los fariseos informarían a la gente que Jesús apoya
a los romanos. Esto causaría que la
gente lo abandone porque la presencia de Roma en Israel es bien resentida.
Con la perspicacia fina Jesús
descubre su plan. No responde a la pregunta directamente. Más bien, frustra a sus oponentes por decir
el obvio: "Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de
Dios". De hecho, los pone en la
defensa cuando les pide una moneda.
Pues, llevan la moneda con la imagen de César indicando que ellos, no
Jesús, cooperan con el imperador.
No obstante, quedamos con las
preguntas: ¿qué debemos al estado? y ¿qué debemos a Dios? El estado nos requiere la virtud de
patriotismo. A decir, debemos nuestra
obediencia a las leyes, nuestra participación informada en las elecciones, y
nuestro servicio en la defensa de la paz.
A Dios, nuestro Creador, Salvador, y Sustentador, debemos todo. Le debemos aun el patriotismo porque según
San Pablo Dios establece los gobiernos para mantener el orden del pueblo. Podemos expresar nuestra deuda a Dios también
con tres frases. Le debemos la verdad en
todo lo que decimos, el servicio en todo lo que hacemos, y el amor en todo lo
que queremos.
Muy bien. Deberíamos pagar los
impuestos, combatir en las guerras, y obedecer las leyes. Pero ¿qué pasaría si los impuestos son
exagerados, la guerra se declaró de forma temeraria, y las leyes son
patentemente injustas? ¿Hasta qué punto
estamos obligados a servir al estado?
Rezamos todos los días “… no nos deja en tentación” para evitar tales
situaciones difíciles. Pero si nos
pasan, esperamos que podamos actuar con la prudencia y fortaleza. Queremos dar gloria a Dios mientras nos
declaramos opuestos a la injusticia.
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