El domingo, 18 de octubre de 2026

 

XXIX DOMINGO ORDINARIO

(Isaías 45:1.4-6; Tesalonicenses 1:1-5; Mateo 22:15-21)

Así como el año está llegando a su fin, nuestra lectura del Evangelio según San Mateo está terminando.  Jesús ha llegado a Jerusalén donde estará crucificado en pocos días. Ha criticado al liderazgo del pueblo judío por su falla de llevar al pueblo a la santidad.  Ha dicho tres parábolas acusando al liderazgo de aprovecharse de sus oficios por su propia riqueza y poder.  Atestiguamos todo esto en los evangelios de los últimos tres domingos. 

En el evangelio de hoy los líderes quieren tomar revancha.  No solo quieren descreditar a Jesús a la gente sino también quieren tenerlo ultimado por el gobierno romano.  Mandan a los fariseos y los herodianos para sorprenderlo en un desliz de lengua.  Sus enemigos disimulan sus intenciones cuando lo encuentran con dulces elogios en la boca: "Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad … no buscas el favor de nadie“.   En el Evangelio según Mateo cualquiera que llame a Jesús “maestro” es su enemigo.  Judas lo hará dos veces; los fariseos y herodianos lo hacen ahora.

Sus oponentes le proponen a Jesús la pregunta que se ha hecho famosa: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?" Se le pone a Jesús entre la espada y la pared.  Si responde que no deberían pagar el impuesto, los herodianos – colaboradores con los romanos – les reportarán que está fomentando la sedición.  Pues, pagar el impuesto es una ley romana.  Pero si dice que deberían pagarlo, los fariseos informarían a la gente que Jesús apoya a los romanos.  Esto causaría que la gente lo abandone porque la presencia de Roma en Israel es bien resentida.

Con la perspicacia fina Jesús descubre su plan. No responde a la pregunta directamente.  Más bien, frustra a sus oponentes por decir el obvio: "Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios".  De hecho, los pone en la defensa cuando les pide una moneda.  Pues, llevan la moneda con la imagen de César indicando que ellos, no Jesús, cooperan con el imperador.

No obstante, quedamos con las preguntas: ¿qué debemos al estado? y ¿qué debemos a Dios?  El estado nos requiere la virtud de patriotismo.  A decir, debemos nuestra obediencia a las leyes, nuestra participación informada en las elecciones, y nuestro servicio en la defensa de la paz.  A Dios, nuestro Creador, Salvador, y Sustentador, debemos todo.  Le debemos aun el patriotismo porque según San Pablo Dios establece los gobiernos para mantener el orden del pueblo.  Podemos expresar nuestra deuda a Dios también con tres frases.  Le debemos la verdad en todo lo que decimos, el servicio en todo lo que hacemos, y el amor en todo lo que queremos.

Muy bien. Deberíamos pagar los impuestos, combatir en las guerras, y obedecer las leyes.  Pero ¿qué pasaría si los impuestos son exagerados, la guerra se declaró de forma temeraria, y las leyes son patentemente injustas?  ¿Hasta qué punto estamos obligados a servir al estado?  Rezamos todos los días “… no nos deja en tentación” para evitar tales situaciones difíciles.  Pero si nos pasan, esperamos que podamos actuar con la prudencia y fortaleza.  Queremos dar gloria a Dios mientras nos declaramos opuestos a la injusticia. 

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